Tierra de nadie
Alberto Nuñez Seoane
Confusión
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Decenas de personas permanecen apostadas en la puerta de la caseta municipal de Adamuz esperando noticias de sus familiares. La mayoría de ellos son de Huelva, adonde se dirigía el tren Alvia procedente de Madrid, que podría ser el más afectados de los dos implicados en el accidente.
La incertidumbre y la angustia se apoderan de los familiares, especialmente de los que no localizan a sus allegados, que no atienden a sus teléfonos móviles. Es el caso de Ramón, cuya esposa venía en el tren y de la que no tiene noticias.
"Fui a la estación de Huelva y llamé a un número que habían puesto allí, pero decidí venir aquí. He tardado tres horas y no he tenido respuesta", dice este hombre.
Otro matrimonio de Huelva busca a cinco de sus familiares que venían en el tren, y se encuentran en la misma situación. "Hemos llamado cien veces en dos horas y no nos han atendido", decía el hombre a uno de los responsables de Protección Civil. El matrimonio se ha marchado a Villafranca, donde están trasladando también a algunos de los viajeros.
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Santiago iba en el Alvia accidentado, ocupaba asiento en el vagón número 3. "Sentí un golpe muy fuerte y vi que el tren se iba para un lado. He pasado mucho miedo al ver cómo ha quedado todo. Por suerte, mi vagón no descarriló. Gracias a ello, solo tengo un rasguño en la pierna". Aún así, es trasladado al hospital Reina Sofía de Córdoba para hacerle una revisión
Los vecinos de Adamuz se están volcando en la ayuda al operativo activado por los servicios de emergencia. Destacada fue la intervención de Gonzalo Sánchez y Javier Mesones, dos vecinos del pueblo que se acercaron a la zona con un quad y rescataron a varios heridos. "Lo que hemos visto allí es una barbaridad, no había visto nunca eso. Primero fuimos con el coche, y como no podíamos pasar por la anchura del carril, regresamos al pueblo y cogimos un quad grande que tenemos para sacar a toda la gente que pudiéramos, porque las ambulancias no podían llegar hasta el fondo de todo", explica Javier.
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"Podían entrar pero luego no tenían espacio para dar la vuelta. Es una zona de muy difícil acceso. Con el quad entramos, atendimos a los heridos y les llevamos agua, mantas... Montamos una camilla en una plataforma que tiene el quad y hemos llevado a gente, y también ayudado a la Guardia Civil y los sanitarios", añade.
"Lo peor que te puedes encontrar en la vida estaba allí. No sé cómo es el infierno, pero debe ser muy parecido. Hemos sacado a ocho heridos y a uno lo tengo en casa. Con el coche sacamos también a seis o siete. Se trata de echar una mano como puedas. La gente nos daba las gracias y nos decía sácame de aquí", detalla Gonzalo Sánchez. Ambos fueron los primeros en llegarme.
"Conocemos la zona, fuimos con el coche y vimos que allí solo podíamos entrar con un cacharro como el mío", en referencia al quad. "No puedo acostarme sin salir a ayudar. Hemos llegado hasta los vagones que han caído por el terraplén". Ahora tratan de encontrar a la madre del joven que está en su casa.
En la puerta de la caseta municipal de Adamuz hay un continuo trasiego de ambulancias y no dejan de llegar personas preguntando por sus familiares. La Guardia Civil impide el acceso al interior del edificio y pide a los fotógrafos y camarógrafos que no tomen imágenes del interior del inmueble. Algunos de los ciudadanos que llegan preguntan si hay una lista de víctimas.
Javier busca desesperadamente a la novia de su mejor amigo, que viajaba en el vagón número 1 del Alvia. Su amigo vive en Madrid y la llama continuamente a su teléfono móvil, pero no obtiene respuesta. En el centro habilitado en Adamuz tampoco le dan información certera sobre si está entre los heridos leves que están asistiendo en estas instalaciones, en algún hospital o si está entre las personas fallecidas.
A la una y media de la madrugada, la caseta municipal está prácticamente vacía ya. Han trasladado a todos los heridos y permanecen dentro un equipo de psicólogos.
Numerosos informadores permanecen desplegados en las inmediaciones, con una temperatura de entorno a un grado, en lo que se vaticina que será una noche larga y dura.
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