Toma de posesión de Juanma Moreno como presidente de la Junta de Andalucía Toma de posesión de Juanma Moreno como presidente de la Junta de Andalucía

Toma de posesión de Juanma Moreno como presidente de la Junta de Andalucía / Juan Carlos Muñoz / José Ángel García

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La posibilidad de Antequera… no es un título de Houellebecq, sino el debate mantenido sobre el lugar adecuado para celebrar la toma de posesión de Moreno Bonilla, finalmente en el Parlamento en un clima lógico de euforia en la barra brava. Al cabo en Antequera será el primer Consejo de Gobierno. Es poco probable que los socialistas reaccionen como hizo el PP en octubre cuando Sánchez llevó el Consejo de Ministros a Sevilla, acusándolo de "electoralismo" y reclamando la cifra de gastos inútiles ocasionados. Al revés, el PSOE también irá allí. Cada partido tiene su propio modelo de demagogia.

En definitiva, Antequera es un lugar simbólico no sólo por el Pacto cuatro décadas atrás, sino también por este primer presidente de Andalucía oriental después del retablo capitalino: tres sevillanos naturales y dos sevillanos adoptivos. El cambio es más cambio porque además Andalucía oriental está a los mandos, con un malagueño en San Telmo y una almeriense en el Parlamento, las dos provincias con mayor desapego de la Junta, y por tanto del PSOE.

De hecho el PSOE nunca supo vertebrar la comunidad, más allá de asfaltar la A-92. Los campeones de la descentralización frente a Madrid nunca descentralizaron Andalucía. Y todo fue a peor, con Málaga en particular. Chaves, en los noventa, anunció "la hora de Málaga" pero no pasó del cuarto y mitad. Griñán abrió "un despacho en Málaga", pero se le cubrió de polvo. Y Susana Díaz, muy de Triana, de la Macarena y del Betis, tampoco acertó. Pero Andalucía será más fuerte cuando se vertebre mejor, no ya con infraestructuras, sino con política.

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Después de cambio, la segunda palabra más pronunciada estos días ha sido alternancia. En múltiples registros: alternancia saludable, alternancia necesaria, alternancia democrática… Susana Díaz replicó al presidente en el debate que la democracia no es alternancia, sino respeto a la voluntad popular; pero ese mantra, que funciona en Andalucía desde el fracaso del PP en 1996, al fin se ha materializado más de veinte años después.

Ciertamente 36 años de hegemonía monocolor ha sido demasiado, y la alternancia era conveniente para oxigenar desde mucho tiempo antes. Pero, desde la convicción de la importancia de la alternancia, ¿qué tal promoverla en Castilla y León, donde el PP lleva 31 años? No digamos Madrid o La Rioja, donde cumplen 24 años, al borde de la cota de plata, más de los que llevaba el PSOE cuando se introdujo "la alternancia necesaria" en el debate andaluz, pero al menos en una comunidad donde pasan de treinta años.

Ni al PP, claro, ni a sus palmeros, claro también, se les oye o se les oirá. En fin, no caigamos en el discurso ingenuo de creer que pedían alternancia por convicción. Era alternancia por desesperación. Pero al fin alternancia.

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Hay algo en Moreno Bonilla próximo al perfil político de Sánchez, con quien por cierto ha mantenido una buena sintonía personal desde los noventa, quizá precisamente por eso. La inclinación a cierta gestualidad, como la visita a Clavero o el estreno gubernamental en Antequera; el tono empático, más natural en el presidente andaluz; la resistencia natural al pesimismo con una sonrisa fácil; y las fotos kennedyanas como su primer retrato presidencial en el despacho remangado con camisa blanca y corbata roja estilo White House y su mujer posando con el encanto sastre de Jackie… y, entre esos paralelismos, ¿también un Gobierno bonito?

Este fin de semana se apuran las últimas horas con muchos aspirantes manteniendo sus móviles conectados 24h a la red para asegurarse estar bien de batería. Tras los consejeros, hay que armar el esquema también con un buen puñado de viceconsejeros para cuadrar estructuras demasiados amplias y algo caóticas por la opción, no poco propagandística, de reducir consejerías.

De momento Ciudadanos se ha anticipado con nombramientos de perfil técnico cualificado -en Economía, un catedrático de gran prestigio, buen conocedor de Andalucía; en Empleo, una inspectora de Trabajo independiente, experta en levantar alfombras, con una medalla policial de lucha contra el fraude- sin la sombra de las cuotas partidistas habituales en la etapa socialista. Eso también es un reto para el PP. Sus consejeros delatarán si Moreno también apuesta por la gestión o por un perfil más político… o por el Gobierno bonito.

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