María Pagés, en manos del gran escultor

Bienal de Flamenco

La intérprete presenta este viernes 'Una oda al tiempo', el espectáculo "de mayor formato" de su compañía y una reflexión sobre lo efímero y lo eterno

María Pagés, este jueves en el restaurante Río Grande, donde habló sobre su obra.
María Pagés, este jueves en el restaurante Río Grande, donde habló sobre su obra. / Antonio Pizarro
Braulio Ortiz

20 de septiembre 2018 - 19:22

Habituada a tomar su baile prodigioso como un vehículo para tratar temas de cierta hondura, María Pagés regresa este viernes a la Bienal -Teatro Maestranza, 20:30- para reflexionar sobre un enigma "que preocupa desde que la humanidad existe", el tiempo. La sevillana, que hoy tiene 55 años, sentía que había llegado a una edad en la que conquistas alcanzadas como la serenidad y la madurez tenían no obstante un reverso amargo, un mayor sentimiento de finitud. "Ya puedes empezar a contar lo que es la vida, pero también adviertes más cerca el horizonte y empiezas a palpar los límites", asegura Pagés sobre el "aprendizaje" que supone asumir esa ineludible cuenta atrás.

De esta amalgama entre la plenitud y la zozobra nació Una oda al tiempo, el espectáculo que la sevillana presenta ahora en su ciudad natal y que ha concebido junto a su "compañero de vida", el escritor marroquí El Arbi El Harti, con el que trabaja desde Utopía (2011). Ambos buscan en el concepto del que parten otras ramificaciones, y la propuesta indaga así en nociones como lo efímero, la permanencia o la eternidad. "Uno de los aspectos en los que nos detenemos -dice Pagés- es en la idea de lo contemporáneo. Siempre hay un continuo diálogo con la memoria. ¿Cómo podíamos llamarnos modernos si no hablamos con nuestro pasado?", pregunta la intérprete, merecedora del Premio Nacional de Danza y de la Medalla de Oro al mérito en las Bellas Artes, entre otros muchos reconocimientos.

El montaje no elude una mirada al presente y a un momento confuso en el que "parece que la democracia está cansada" y ciertas certezas "se han derrumbado", pero sus creadores, que en obras anteriores recurrieron a la palabra y el pensamiento de Sor Juana Inés de la Cruz, Fray Luis de León o José Saramago, han vuelto a sumergirse en la obra de grandes escritores para otorgar una mayor trascendencia a su relato. Esta vez han hallado inspiración en la voz de Marguerite Yourcenar, que defendía en El tiempo, gran escultor que nunca se debe dar una obra de arte por finalizada. "El día en que una estatua está terminada, su vida, en cierto sentido, empieza", afirmaba la autora de Memorias de Adriano, una idea que subyuga a Pagés: "Tú ves una estatua en Itálica y te puede conmover su perfección, pero esa pieza no es sólo la obra de un gran escultor: también la erosión de los siglos ha contribuido a esa belleza. Y con un cuadro de Velázquez ocurre lo mismo", concluye.

"A mi edad puedes ya contar qué es la vida, pero tienes más cerca el horizonte, palpas los límites"

La creadora traslada estas impresiones a la producción "de mayor formato" que ha hecho hasta ahora su compañía, con nueve bailaores en escena y una agotadora variedad de registros. "La acción de la obra dura un día, empieza en un amanecer y acaba en otro, pero al mismo tiempo se recogen las estaciones. Por un lado está la primavera y el verano, que representan la juventud, la fuerza, las tradiciones, y donde están la bata de cola, la escuela sevillana, aquello que he mamado; y luego pasamos al otoño-invierno, menos colorido, más gris, donde asoman la melancolía y la memoria, y hay una coreografía muy distinta. En trabajos como Utopía o Yo, Carmen todo resultaba más parecido, pero aquí hemos optado por una tesitura muy amplia. Para un intérprete enfrentarse a todo eso es muy enriquecedor", resume Pagés, que celebra también el gozoso intercambio que se ha dado en los músicos de su espectáculo. "Nuestro cantaor ahora lee partituras y los músicos clásicos tocan sin ella", comenta al respecto.

Una escena de 'Una oda al tiempo'.
Una escena de 'Una oda al tiempo'.

La función en el Maestranza no es el único compromiso que Pagés y su compañía tienen con la Bienal: este sábado acudirán a la prisión de mujeres de Alcalá de Guadaíra para impartir un taller que usa coreografías de Yo, Carmen y se inspira en un poema "precioso" de Walt Whitman, No te detengas, que dice que "no dejes que termine el día sin haber crecido un poco, sin haber sido feliz, y que tiene un fondo de optimismo y de vida". Para Pagés, la visita a la cárcel posee un emocionante simbolismo: "Victoria Kent fue la primera mujer nombrada Directora General de Prisiones, y era familia nuestra, era tía de mi padre. En mi casa poder acudir a la prisión e interactuar con las mujeres de allí tiene un enorme significado".

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