Pablo Llorca: de tres en tres

Salir al cine

Dos nuevos largos de ficción y un documental-conversación con Pérez Villalta se suman al corpus fílmico más radical, secreto e independiente del cine español, el de un cineasta insobornable siempre atento al presente

Pedro Casablanc en una imagen de 'Dobla la esquina, el volcán'.
Pedro Casablanc en una imagen de 'Dobla la esquina, el volcán'.
Manuel J. Lombardo

20 de julio 2023 - 07:00

Va siendo ya una costumbre que nos escriba Pablo Llorca para anunciarnos que ha puesto en el correo unos DVD con sus nuevas películas. En los últimos años nos llegan de tres en tres, constatación de que el cineasta no sólo no baja el ritmo de su producción, insobornablemente independiente y autofinanciada, sino que la mantiene o aumenta en su triple vertiente ficcional, documental y experimental tenga o no tenga luego salida a través de los festivales, cuya deriva formateada parece cada vez más ajena a sus películas.

A los dos días de su misiva ya teníamos en el buzón el paquete con dos largos de ficción, Dobla la esquina, el volcán y Película del hierro y la nieve, y un documental-conversación, Del agua y el Mediterráneo, donde recupera una vieja entrevista dañada de 1995 con el pintor Guillermo Pérez Villalta para incorporar sobre su voz imágenes fijas filmadas recientemente.

Lo hemos escrito en numerosas ocasiones pero no está de más insistir: Llorca es hoy por hoy el único cineasta verdaderamente libre o al menos autónomo de este país, rara avis empeñada en contar historias y hacer cine lejos de todo contexto industrial, artístico e institucional, lejos de toda tendencia estética o coyuntura crítico-cinéfila, movido por un impulso secreto y constante que tiene además una clara voluntad política en su urgencia por hablar del aquí y ahora sin olvidar sus raíces históricas.

De eso se ocupa frontalmente Dobla la esquina, el volcán, enigmático y sugerente título para un auténtico western contemporáneo (un colega cántabro nos sopla que un peculiar remake de The tin star, de Anthony Mann) ambientado en el que podría ser cualquier pueblo del interior donde la inmigración, la escasez de trabajo, la corrupción política, la desidia de la ley o el ascenso de los grupos ultras conforman el perfecto caldo de cultivo para la escalada del odio y la violencia.

Una vez más, a Llorca no le interesa el acabado, la superficie, como la esencia y el hueso de su relato arquetípico y ‘ejemplar’. Su temeroso policía local, el veterano instructor (Pedro Casablanc, en una nueva colaboración amistosa con el cineasta) que llega para ayudarlo e infundirle valor ante la situación caliente, los matones fachas que campan a sus anchas, las hordas con sed de venganza o el alcalde de modos caciquiles no dejan de ser prototipos reconocibles en un ámbito, el de la España interior tantas veces disfrazada de costumbrismo, que emerge como trasunto de la esencia sociológica y cultural de un país polarizado. Y en mitad del campo de batalla, como en otras ocasiones, hay hueco incluso para una improbable historia de amor.

A Llorca no le interesa tanto el acabado como la esencia y el hueso de su relato arquetípico y 'ejemplar'

Bien distinta en su estructura viajera, Película del hierro y la nieve también apunta hacia la inmigración, el racismo o la deriva de Europa y sus viejos valores como temas de fondo de una rail-movie (como aquella Días color naranja) que arranca en Helsinki para desembocar entre el Estrecho de Gibraltar y las montañas suizas. Generosa en localizaciones (reales y suplantadas), de Praga a Portbou pasando por Venecia o Florencia, la película sigue a una joven finlandesa en su encargo de reproducir de manera póstuma el viaje de juventud de una mujer cuyas cenizas debe depositar al final del trayecto. Con su mochila a cuestas, sin teléfono móvil y con la única ayuda de los mapas, Sanna sigue fielmente su ruta entre encuentros casuales hasta que se topa con un sirio que necesita llegar al Sur de España para dar sepultura a su hermano, muerto tras ahogarse intentando cruzar el Estrecho. Una y otra vez, la película muta en su recorrido y alterna, como siempre en Llorca, lo construido con lo recuperado, lo sugerido o lo reciclado, método que propulsa la narración y le permite atravesar países enteros en apenas cuatro planos tanto como detenerse a escuchar con calma a un matrimonio tarifeño que narra con emocionante elocuencia las crudas circunstancias de la inmigración en la zona.

Tarifa es también el lugar elegido desde donde se enuncia el relato de Pérez Villalta que conduce Del agua y el Mediterráneo, lugar de tránsito, avistamiento y frontera (hoy trágica) que resuena en el presente aunque sus asuntos, a saber, de cómo la autobiografía y la relación del artista con el mar y los lugares de la infancia han determinado ciertos temas y preocupaciones de su obra, se muevan por los márgenes de la conciencia social y política. Prolijo y lúcido, el pintor recuerda, cuenta y se cuenta, y sobre su voz las imágenes de Llorca amplían, redimensionan y expanden su relato en el tiempo y el espacio.

> Las películas de Pablo Llorca se pueden adquirir en DVD en su web: www.lacicatriz.net

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