Crítica 'La ladrona de libros'

La corrección como límite

La ladrona de libros. Drama histórico, EE UU, 2013, 131 min. Dirección: Brian Percival. Guión: Michael Petroni. Intérpretes: Geoffrey Rush, Emily Watson, Sophie Nélisse, Nico Liersch, Kirsten Block.

Uno, que tanto admira la contención estilística, sabe también que a veces es la marca de una corrección sin creatividad. Es la marca de los estupendos seriales de la BBC, tan bien escritos, tan bien realizados, tan bien interpretados, tan valiosos como dignísima divulgación de obras maestras de la literatura, tan gustosos cuando se consumen de capítulo en capítulo… Pero a la vez tan planos que muy pocos aguantan una segunda visión. Es el caso del director de esta película, Brian Percival, que ha hecho muy buenas adaptaciones televisivas de grandes obras de Elizabeth Gaskell (Norte y Sur) o de Shakespeare (Mucho ruido y pocas nueces) y de guiones perfectos (Downton Abbey). Pero que carece del vigor necesario para pasarse a la gran pantalla adaptando una novela que, de los ambientes isabelinos o victorianos, lo lleva a la Alemania nazi y lo enfrenta al Holocausto.

El bestseller de literatura juvenil que hizo famoso a Markus Zusak hace ocho años camina por el peligroso filo de la crónica a la vez tierna y dura, ensoñadora y trágica, que sobre el fondo de los horrores del nazismo, la persecución de los judíos y la guerra, hace un canto a la vida a través del valor de la amistad y del amor a los libros. Percival lo filma como si se tratara de un texto de la señora Gaskell cuyo dramatismo haya quedado atenuado por la distancia temporal y la serenidad que siempre adorna a los clásicos, aunque los agiten tormentas románticas. Con una escrupulosidad que daña las líneas de tensión dramática de la película para derivarla a la ilustración aséptica. Un pueblo próximo a Munich durante la Segunda Guerra no es la Inglaterra del XIX, la revolución industrial -por dura que fuera- no se puede comparar al Holocausto, las diferencias entre clases en la era victoriana -por hirientes que fueran- son una broma frente a la persecución antisemita.

La pulcritud y la corrección son virtudes siempre que no se vuelvan contra aquello que se cuenta. Cada historia busca su forma y esta no la ha encontrado en la puesta en imágenes de Percival. Sobrevive el amor por los libros, la fuerza de la palabra para preservar lo humano en tiempos de barbarie y la visión positiva sobre la naturaleza humana aún en circunstancias terribles. Pero no gracias al realizador, sino a las muy grandes interpretaciones de Sophie Nélisse, Emily Watson y sobre todo un siempre extraordinario Geoffrey Rush. En ellos, en sus actuaciones, está toda la fuerza de esta película honesta y correcta, pero insuficiente con relación a la materia que trata.

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