Crítica 'Volver a nacer'

Los errores de la guerra

Volver a nacer. Melodrama, Ita-Esp, 2012, 127 min. Dirección: Sergio Castellitto. Guión: S. C. y Margaret Mazzantini. Fotografía: Gianfilippo Corticelli. Música: Eduardo Cruz. Intérpretes: Penélope Cruz, Emile Hirsch, Pietro Castellitto, Jane Birkin, Saadet Aksoy, Adnan Haskovic, Sergio Castellitto.

La Guerra de los Balcanes sigue alimentando ficciones de impacto en las que enjuagar cierta mala conciencia histórica con las formas aseadas de la coproducción internacional. Michael Winterbottom, nuestro Gerardo Herrero o la mismísima Angelina Jolie han precedido al italiano Sergio Castellitto, actor dotado siempre que lo dirijan Bellocchio o Rivette y director de No te muevas, también protagonizada por Penélope Cruz, en este nuevo (des)propósito de aunar catástrofe humanitaria, denuncia y melodrama romántico desde una visión externa tendente a simplificar el conflicto para que pueda entenderlo con claridad un espectador medio, o lo que es lo mismo, reduciéndolo todo a una esquemática batalla maniquea en un atávico e irreconciliable territorio salvaje (sic).

No es ese exactamente el caso de Volver a nacer, que hace incluso más flagrante su abyecta utilización del horror como telón de fondo para lo que realmente le importa, a saber, un enrevesado melodrama a cuatro bandas a propósito de amores apasionados, maternidades frustradas, celos, traiciones y terribles secretos que abarca desde mediados de los años 80 hasta el presente en la no menos clásica recreación de épocas resuelta a golpe de caprichosa elipsis, maquillaje, peluquería y postizos de teleserie.

No contento con la sobrecarga melodramática, cortesía de la novela de su esposa Margaret Mazzantini, Castellitto relame cada escena con un toque de énfasis y/o cursilería (escenas de amor a la luz de las velas, explosiones sobre canciones de Nirvana) a los que se prestan, encantados, una Penélope en modo intenso e insufrible y unos Emile Hirsch y Adnan Haskovic muy descompensados en sus respectivos retratos del fotógrafo rebelde y el poeta callejero vapuleado por las circunstancias. El conjunto, dilatado hasta decir basta, desemboca además en una rocambolesca revelación filmada al más puro estilo de un viejo anuncio de Aqua Velva.

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