"Busco despertar en el lector la empatía que creo que nos falta"

Nathacha Appanah | Escritora

La autora retrata en su último libro, 'Trópico de la violencia', el problema de los menores no acompañados en la isla de Mayotte, un territorio francés en el oceáno Índico

La escritora Nathacha Appanah (Islas Mauricio, 1973), durante su reciente visita a Sevilla.
La escritora Nathacha Appanah (Islas Mauricio, 1973), durante su reciente visita a Sevilla. / Juan Carlos Muñoz
Laura Blanco

23 de febrero 2020 - 06:00

Sevilla/Nathacha Appanah (Islas Mauricio, 1973) tiene una larga carrera literaria en Francia donde su última novela, Trópico de la violencia, ha sido multipremiada allí y llega a España de la mano de la editorial De Conatus. Una historia sobre los menores inmigrantes que deambulan solos en la isla de Mayotte, territorio francés en medio del Índico cuya compleja realidad aborda este libro que narra la historia de uno de esos niños, la de su madre de acogida o la uno de los trabajadores de la ONG que intenta ocuparse de ellos.

–El problema de los menores inmigrantes es un tema que en Andalucía conocemos bien. ¿Cómo lo conoció usted?

–Fui a Mayotte entre 2008 y 2010 por razones personales y creía que encontraría una vida insular como la de mi país, Islas Mauricio. Es una isla francesa en el Índico, con una población africana y musulmana y una historia muy particular porque forma parte de un archipiélago con Madagascar y las islas Comoras y es la única que se quedó Francia. Madagascar y Comoras son las más pobres del mundo y Mayotte ejerce un poder fascinante porque llegar allí es poner un pie en Francia y Europa. Me impactó que un territorio tan pequeño se enfrente a tantos desafíos. Vi muchos niños en la calle, unos porque sus padres son detenidos al llegar y niegan tener hijos para que se ocupen de ellos familiares lejanos, porque a diferencia de España allí los que llegan son primos ya que las familias quedaron repartidas entre las distintas islas. Otros embarcan solos y en Mayotte buscan familia lejana o de acogida y otros son adolescentes que rompen con su familia. Hasta los 10 años se consideran bonitos, van a la escuela, se ocupan de ellos pero en el momento en que son adolescentes se convierten en peligrosos, están fuera y no saben qué hacer. Esta experiencia personal me golpeó tan fuerte que quise escribir y volví en 2015 para tener el punto de vista de bomberos, enfermeros...

–¿Toda la inmigración procede de Madagascar y Comoras?

–Al principio sí pero hoy hay una nueva ruta desde el Congo, Tanzania o Burundi. Es una locura. En vez de atravesar el Mediterráneo buscan otras vías.

La autora, retratada momentos antes de la entrevista.
La autora, retratada momentos antes de la entrevista. / Juan Carlos Muñoz

–¿Qué sentimiento percibió entre todos esos chicos?

–Me temo que estamos creando una generación de resentidos. Ya se sentían abandonados cuando sus padres los dejaron y luego por la familia de acogida y el país. De golpe pasan del pequeño guapo al adolescente del que tienen miedo y desconfían. De la noche a la mañana pasan de inocente a peligroso. Muchos no tienen documentación, no saben quiénes son y está además el fenómeno de las pandillas. No están aislados, son jóvenes de la globalización, ven películas violentas, pornografía, escuchan trap, tienen los mismos códigos que las pandillas de América Latina de finales de los 80. En mi libro los personajes no dan nunca su verdadero nombre sino apodos que adoptan de las películas de Marvel. Elegí contarlo con una obra de ficción y no un documental o un artículo periodístico porque me ofrecía una complejidad y sutileza mayores para desarrollar una historia, la de un sueño, una infancia, un deseo, que permita despertar en el lector la empatía que creo que nos falta. Cuando hablamos de migración parece que existe una tipología concreta de migrantes, cuando son muy diversos.

–¿La población allí se considera abandonada por el Gobierno francés como le ocurre a Lesbos en Grecia o aquí al Campo de Gibraltar, que por su situación geográfica reciben los flujos?

–Sí. Desde hace dos años uno de cada dos habitantes es extranjero y el 40% no tiene papeles. Los locales están abandonando Mayotte. Ese giro demográfico es muy frustrante para ellos.

–El discurso de la ultraderecha vincula a estos menores con la delincuencia. Primero caló en Francia y ahora en España, ¿cómo ve el panorama?

–Asusta que en las últimas elecciones el Frente Nacional fuera el primer partido en Mayotte porque los habitantes se consideran invadidos. A veces se organizan para hacer el trabajo de la policía y van los vecinos a pueblos para sacar a los inmigrantes. Hay una xenofobia latente que aparece. Mayotte ha sido históricamente tierra de trashumancia y para los franceses es un territorio muy lejano.

Nathacha Appanah, escritora francófona de las Islas Mauricio.
Nathacha Appanah, escritora francófona de las Islas Mauricio. / Juan Carlos Muñoz

–Usted misma es inmigrante aunque lleva años asentada en Francia y triunfando en la literatura. Aun así, ¿ha percibido un cambio de trato por esta tendencia política?

–Yo he tenido una situación privilegiada. Soy hija de la globalización. Llegué a Francia porque quería estudiar y soy francófona. Cogí un avión. Pero desde que llegué, no ahora sino siempre, he pensado que existen dos tipos de inmigrantes. Yo soy considerada exótica y uno no se asusta de una exótica, al revés, seduce, fascina. A mí me preguntan por las playas de Isla Mauricio. Como soy de origen indio también me hacen preguntas estúpidas sobre el sari. Pero no asusto. Como mucho me decían: ¿pero en Islas Mauricio se escriben libros? Y sí, claro, no sólo nadamos o cogemos cocos. Pero soy exótica, no es la misma reacción. Yo no provoco sentimiento de inseguridad pero tengo amigos escritores magrebíes que me dicen que a ellos para nada les tratan igual.

–Eso es puro racismo...

–Es ignorancia. Tengo muchas historias a la vez divertidas y tristes, incluso respecto al idioma. Siento que hay distintos niveles de francófonos. Si un escritor chino o ruso escribe en francés se piensa que ha hecho un esfuerzo al dejar su bella lengua pero yo no se sabe exactamente qué lengua materna tengo y se piensa que al escribir en francés he subido de nivel. Me preguntan mucho cuál es mi lengua y por qué he elegido el francés para escribir y yo no lo he elegido. Vivía en una familia que hablaba varias lenguas y el francés me sale del corazón. Es distinto a Mayotte, donde es una lengua impuesta porque ellos tienen una lengua materna y el francés sólo lo estudian en el colegio, pero no hay integración entre ambas. Mayotte me impactó, pensé que podía ser una isla laboratorio porque hay un tema identitario, el fenómeno migratorio, temas económicos y medioambientales con los que se podrían probar cosas, no sólo reprimir.

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