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El calor pone patas arriba el torneo

  • Los jugadores critican los horarios de los partidos y la falta de duchas

El agobiante calor del martes puso patas para arriba el Abierto de Estados Unidos: abandonos, atenciones médicas, toallas heladas, quejas y la aplicación de una regla inédita para los hombres se conjugaron en un día de locos en el que nadie se quedó callado.

"En días como estos se trata un poco de supervivencia", sintetizó Angelique Kerber, campeona en Nueva York en 2016. "Jugar en estas condiciones es algo brutal", añadió Novak Djokovic, que recibió la atención de un cardiólogo durante su partido ante Marton Fucsovics. Más duro fue Leonardo Mayer, que se vio obligado a abandonar por un golpe de calor durante su duelo ante Laslo Djere. "Hasta que no se muera alguien no van a parar", lanzó.

Tan extremas eran las condiciones, que los organizadores emitieron un comunicado en mitad de la jornada para permitir que los jugadores tomaran una pausa de diez minutos entre el tercer y cuarto set. "Con diez minutos no alcanza, para recuperarme yo necesitaba una hora y media al menos", bromeó Mayer.

Mitigar el efecto del calor resultó una odisea para los jugadores. Por ejemplo, en cada cambio de lado, Djokovic se enfundaba toallas heladas por el cuello, los brazos y las piernas, como si se trataran las vendas de una momia.

Caroline Wozniacki apeló a un recurso más natural: "Normalmente, con la sombra, no me siento tan cómoda, pero esta vez fue realmente útil para poder enfriar un poco".

La diferencia de jerarquía de las pistas también influyó. Jaume Munar, que jugó cuatro horas en la pista 14 para ganarle a Ruben Bemelmans, contó que no tenían duchas para refrescarse en la pausa de los 10 minutos.

"Fuimos ido al vestuario de la 17, pero no había duchas. Sólo pude cambiarme de ropa", reveló.

El martes de locos pasó, pero parece que el tema no quedará allí, pues también se espera bastante calor en las próximas jornadas.

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