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Poca chicha para recuperar sensaciones

  • De Gea, tras casi una semana en el ojo del huracán, no logra despejar las dudas en el choque ante una ultradefensiva Irán

  • Los nervios provocaron algunas malas decisiones del portero

De Gea salta a despejar un balón aéreo ante su compañero Sergio Ramos en uno de los acercamientos iraníes de la segunda mitad. De Gea salta a despejar un balón aéreo ante su compañero Sergio Ramos en uno de los acercamientos iraníes de la segunda mitad.

De Gea salta a despejar un balón aéreo ante su compañero Sergio Ramos en uno de los acercamientos iraníes de la segunda mitad. / Javier Etxezarreta / efe'

Desde el pasado viernes David de Gea ha estado en el ojo del huracán. Los fallos del guardameta del Manchester United en dos de los tres goles ante Portugal lo señalaron de cara a una afición que trasladó el debate del nueve a la portería. ¿Quién debía ser el portero habitual de la selección española? Kepa, prometedor cachorro del Athletic, y Reina, todo un veterano curtido en mil batallas y que defendía los palos del Nápoles, subcampeón de Italia, compiten con el meta madrileño. Por primera vez en muchos años se puso en duda aquella herencia natural y lógica que debía ponerse en marcha tras la ausencia de Íker Casillas en las últimas convocatorias. De hecho, con el ahora portero del Oporto y con De Gea como suplente se vivió un debate similar, si bien el primero fue el guardián de la portería española hasta hace poco.

Con este escenario, y un ensordecedor runrún alrededor de la situación de De Gea en la portería, ver cómo respondería a la titularidad el guardameta criado en la cantera del Atlético de Madrid era uno de los principales activos y atractivos de un partido frente a Irán que, a priori, se prometía mucho más sencillo y asequible para los intereses de los de Fernando Hierro, que cumplió su segundo partido en el banquillo de la selección española.

Frente a un equipo muy encerrado atrás, que casi defendía con nueve jugadores además del portero, De Gea fue prácticamente uno más entre los más de 40.000 espectadores que se dieron cita durante en el Kazan Arena. Poca chicha enfrente para recuperar sensaciones y demostrar que, de verdad, el debate de la portería debe estar zanjado con un titular indiscutible y buenos escuderos como escolta.

Pero las intenciones quedaron en ello, en meras intenciones. Al menos, hasta casi la hora de partido. Y si el meta del Manchester United quería dar motivos a Hierro para que continuara confiando en él para la portería, deberá esperar, mínimo, ante un equipo de más entidad o que le exija más entre los palos. Quizás sea Marruecos, próximo y último rival en esta fase de grupos, el que le dé algo más de plus competitivo.

Será entonces cuando De Gea deba dar un paso al frente. Y no sólo en el sentido metafórico de la expresión. Porque tras el gol de España, merecido tras lo visto sobre el césped en casi una hora de partido, Irán se olvidó de su férrea táctica defensiva y se estiró en busca de la portería española. Como anticipo del tanto español, los de Carlos Queiroz tuvieron la ocasión más clara del partido y el meta, quizás al verla irse fuera, se quedó estático en su palo.

Frío por la falta de juego en su área o fruto de los nervios por todo lo que había ocurrido en los últimos días, De Gea no terminó de transmitir la confianza necesaria a sus compañeros de defensa. Entre los palos en muchos de los balones aéreos, la falta de determinación para cortarlos o despejar permitió a los iraníes convertir jugadas que, aparentemente, carecían de peligro, en ocasiones de gol. Tocará esperar para recuperar sensaciones positivas entre los palos.

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