Daniel Alberto Pendín Sánchez. Entrenador del XDFC

"El ascenso me ha dado tranquilidad, se fue injusto conmigo"

  • El argentino asegura que su ilusión es que el "club siga creciendo" y para ello considera vital "el respaldo económico de nuestros socios, cuantos más seamos mucho mejor".

Dani Pendín (Rosario, 29 de octubre de 1974), llegó a España muy joven (Oviedo, 1997) para intentar abrirse camino como futbolista profesional en un país que para muchos de sus paisanos es un escaparate. Nunca imaginó que su sueño se haría realidad con una trayectoria importante en equipos como Burgos, Xerez, Castellón, Pontevedra, San Fernando y por último Xerez DFC, entidades a las que siempre estará "agradecido por la oportunidad que me dieron, en todos los lugares aprendí cosas y me sentí feliz". De todos modos, a pesar de su dilatada carrera, su corazón se hizo xerecista desde que en la temporada 03-04 llegó a Jerez para formar parte del segundo proyecto de Bernd Schuster al frente del Deportivo.

Las raíces que echó en Jerez fueron tan fuertes que decidió instalarse en nuestra ciudad porque su familia, "que para mí es lo primero", se sentía a gusto aquí. Abandonó el fútbol activo tras su paso por el San Fernando pero cuando el Xerez DFC nació y llamó a su puerta no dudó en volver a jugar tras dos años retirado. Ahí comenzó una nueva etapa en su vida profesional.

Nunca había jugado en categorías tan bajas pero no le importó bajar el listón para que el recién creado XDFC creciera. Sumó dos ascensos como futbolista y esta temporada ha logrado su primer título como entrenador, "una experiencia totalmente diferente. No tiene nada que ver el papel de jugador con el de técnico", subraya un Pendín satisfecho tras el deber cumplido.

Pero no todo ha sido felicidad esta campaña para Pendín, un técnico que ha sufrido muchísimo con la grave lesión de rodilla que sufrió su hijo Julián la pasada temporada cuando era cadete del Xerez CD. Se rompió el ligamento cruzado, pasó por quirófano en Sevilla, ha estado casi diez meses apartado de los terrenos de juego y ahora, ya como futbolista de la cantera del XDFC, ha reaparecido y quiere seguir los pasos de su padre.

-¿Cómo ha vivido la semana del ascenso?

-Bien, con el paso de los días todo se va asumiendo, aunque como se veía venir, lo he asimilado con más tranquilidad. Cuando le empezamos a sacar tanta ventaja al Guadiaro era cuestión de tiempo, lo único que todos queríamos es que fuese en Chapín. Lo viví con alegría pero relajado. En los primeros días he recibido felicitaciones de todos lados, mucha gente de Jerez, de Barcelona y me han escrito hasta de México.

-¿De qué forma ha celebrado el ascenso su familia?

-Todos están muy felices. Los familiares directos son los que más sufren, por eso quise montar la sorpresa en el vestuario antes del partido. El fútbol tiene muchas más cosas malas que buenas. Lamentablemente hay lesiones, es duro quedarte fuera de las convocatorias y no jugar, todo eso es más habitual que lograr un título. A mí, personalmente, me han pasado más cosas tristes que felices, así que por eso quise que todos los que nos rodean estuviesen allí para celebrar el éxito, lo mismo que estuvieron cuando las cosas no fueron bien. Bielsa me lo hizo a mí y me pareció un homenaje real, sentido y justo para toda esa gente que está cerca de ti y que sufre. Cuando llego a casa intento abstraerme porque cuando era jugador y más joven lo pagaba con ellos, ahora me doy cuenta de que ellos no tenían la culpa. Intento que no lo noten pero lo siguen sufriendo. Me hablan y no les oigo o me voy a dormir antes de lo habitual. Esta semana estoy disfrutando de ellos porque son los que están ahí y me lo aguantan todo.

-¿Qué nota le pone a la temporada del equipo?

-A nivel deportivo un diez, ha sido excepcional pero ha sido muy dura en el plano personal por la lesión grave de mi hijo Julián. Me pasa a mí y no sucede nada, me lo tomo como algo normal del deporte pero que le pase a tu hijo... Sabía desde el primer momento lo que tenía y sabía que no iba a ser fácil por compañeros que se habían roto el cruzado. Fue muy duro y esa lesión tiene mucha culpa de que esté aquí. Tenía la posibilidad de marcharme al Nástic con Vicente y Emilio pero los primeros meses después de la operación fueron complicados y no quería dejarlos solos. Valoro mucho los momentos con la familia y no era el momento de irme. Hubo gente que no me entendió pero todos los que tienen hijos seguro que sí me entienden. En esos momentos, yo tenía que estar con él, a mí el dinero me dio igual, la felicidad de un hijo o de un familiar directo no tiene precio. Eso no se paga con nada y no me arrepiento de la decisión que tomé, ha sido una de las mejores decisiones que he tomado. No podía dejar a mi mujer sola con él, no me gustaba. Lo digo ahora que el año ha salido bien y hemos ascendido pero de no haberlo conseguido tampoco me hubiese arrepentido para nada porque hice lo mejor.

-¿Qué sintió cuándo su hijo volvió a jugar?

-Es difícil de explicar, todo volvía a la normalidad, resultó duro. No tuvo nada que ver lo que sentí cuando le vi nuevamente en un campo a lo que yo sentí las veces que me tocó estar sin jugar por lesiones largas. El papel de padre es más complicado. A él le encanta el fútbol, lo había pasado muy mal y sabía lo que significaba para él ese momento. Sufríamos durante la temporada cuando sus compañeros viajaban, jugaban, se divertían y él no podía hacer nada de eso, iba todo lento y dolía. Debutó con el cadete B en La Canaleja pero al siguiente partido, no sé si la casualidad, quiso que le tocara jugar en el mismo campo y ante el mismo equipo con el que se lesionó, el San José Obrero. El destino parecía marcado. Cada balón que tocaba, tanto mi mujer como yo saltábamos en la grada pensando que se podía hacer daño, todo el rato me lo pasaba mirándole y preguntándole si estaba bien. Es cuestión de acostumbrarse, el fútbol es un deporte de contacto y va a tener que chocar y caerse. La alegría fue inmensa, fue el regreso a la normalidad. Verle la cara de felicidad al salir de vestuario, verle cansado al llegar a casa. Eso sí que no tiene precio y yo no me lo quería perder.

-¿Cómo encara lo que resta de temporada?

-Tenemos que seguir haciéndolo como hasta ahora, hay que salir a ganar todos los partidos que restan. A nivel personal, estoy deseando que llegue el final de Liga para marcharme a Argentina de vacaciones y cargar las pilas. El año pasado no pudimos ir por la lesión de Juli y todos tenemos muchas ganas de ver a la familia. Mis padres cada vez son mayores, mis suegros también, tengo muchas ganas de desconectar y aprovechar al máximo el tiempo con ellos.

-Los dos primeros ascensos los vivió como jugador y el último como entrenador, ¿cuánto desgasta el banquillo?

-Muchísimo, hay una diferencia abismal. Como jugador desconectas y disfrutas, todo lo vives de otro modo. Como entrenador eres el máximo responsable de lo que sucede y lo pasas realmente mal por la gente que tienes al lado. He visto muchas injusticias a lo largo de la temporada, se han dicho muchas cosas que no eran verdad y he sentido rabia porque no podía contestar. Soy muy respetuoso y me suelo callar pero me cuesta. Se han contado muchas mentiras sobre mí y se ha sido injusto conmigo, se me criticaba por casi todo. Cuando logramos el ascenso me liberé. Hubo mucha gente que me escribió cosas que no me merecía y que eran tremendas. Lo que más me molestó fue que a las primeras de cambio me quisiesen cortar la cabeza sin un mínimo de paciencia. Era cuestión de tiempo enderezar el rumbo pero hubo de todo. Que se me cuestione por los resultados o por el juego del equipo no me puede molestar, me molesta la falta de respeto. Lo normal es que un periodista, el club o la afición te juzguen por los resultados pero lo que no entiendo es que se me criticase por temas en los que nunca tuve nada que ver. Me involucro en todo, intento hacer lo mejor para el club, intento que el club crezca.

-Con la experiencia acumulada, ¿cómo se plantea la próxima campaña?

-Va a ser totalmente diferente porque ahora sé cómo van muchas cosas, te das cuenta de muchos aspectos que antes pasabas por alto. A nivel deportivo, la categoría va a ser complicada y el rendimiento dependerá de cómo realicemos la pretemporada y de qué equipo podamos configurar. Hay que hacer un equipo competitivo porque tenemos la obligación de estar arriba y de luchar por subir. En ese sentido, la presión la vamos a tener siempre. Confío en el cuerpo técnico que tenemos, en la dirección deportiva, con Pedro, Fernando y Juan Carlos, y en la suerte, que es un factor que también hace falta. Esta temporada, sin ir más lejos, tuvimos suerte en muchos partidos. Ojalá tengamos la oportunidad de volver a ilusionar a la gente porque cada vez vamos a necesitarla más. El equipo se tiene que reforzar pero también dependeremos de su apoyo económico, cuantos más seamos, mucho mejor. Una ciudad como Jerez, si quiere tener un equipo como el Xerez al que yo llegué y en el que disfruté del fútbol, está claro que tiene que ayudar. O viene una persona como las que han pasado por aquí con dinero y todos sabemos cómo ha salido o los socios, al margen de buscar otros recursos, tienen que pagar.

-Con el final de Liga llegará el momento de las despedidas, ¿será duro prescindir de algunos de los futbolistas que fueron sus compañeros?

-Eso será lo peor. Somos una familia pero la plantilla tiene que cambiar, es algo inevitable. A muchos les tuve como compañeros y ahora les he tenido como jugadores y va a ser duro que se marchen. Es ley de vida, todos los años llegan unos y se marchan otros. Estoy para tomar decisiones, lo mismo que el resto del cuerpo técnico. Un vestuario es la suma de muchas individualidades y hay que saberlas manejar para tener éxito. Como entrenador uno intenta siempre ser justo pero para un futbolista que no juega o que se tiene que ir, el entrenador siempre tendrá la culpa de su situación.

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