Del éxito a la sospecha

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Chris Froome, durante la presentación de la 104ª edición del Tour de Francia.
Chris Froome, durante la presentación de la 104ª edición del Tour de Francia. / Friedemann Vogel / Efe
M. Dueñas (Dpa)

28 de diciembre 2017 - 02:15

Buenos aires/El año de su doblete, cuando entró en la historia por ganar el Tour de Francia y la Vuelta a España en una misma temporada, Chris Froome se convirtió también en un sospechoso con su positivo por salbutamol, que despertó los peores fantasmas del ciclismo.

En 2017, Froome conquistó su cuarto Tour -el tercero consecutivo- y triunfó por primera vez en una grande distinta a la ronda gala. La doble conquista lo puso a la altura de Jacques Anquetil o Bernard Hinault, los únicos que hasta entonces habían conseguido ese doblete (en 1963 y 1978, respectivamente).

Pero con la sospecha de dopaje la semana pasada, la Unión Ciclista Internacional (UCI) informó que Froome había dado positivo por el broncodilatador salbutamol en una prueba realizada el 7 de septiembre, tres días antes de que triunfara en la Vuelta.

El británico, de 32 años, es asmático y emplea el salbutamol para combatir su enfermedad. Para ello cuenta con lo que se conoce como Exención de Uso Terapéutico, una autorización mediante la cual se puede ingerir una cantidad controlada de determinadas sustancias prohibidas.

Sin embargo, en la orina del líder del Sky había 2.000 nanogramos de salbutamol por cada miligramo, cuando el límite permitido es de 1.000. La UCI lo considerará dopaje a menos que Froome pruebe lo contrario, es decir, que es consecuencia del uso terapéutico.

"Todo el mundo sabe que tengo asma y sé exactamente cómo son las reglas. Uso un inhalador para prevenir los síntomas y sé perfectamente que me van a hacer controles todos los días que llevo el maillot de líder. Daré a la UCI toda la información que necesite", añadió el británico, que podría perder la Vuelta y ser suspendido.

Su triunfo anhelado en la ronda española llegó tras terminar tres veces en segunda posición, mientras que en 2015 abandonó.

Froome no decepcionó y se impuso con claridad. Fue líder desde el tercer día de la carrera, ganó dos etapas y sacó 2.15 minutos a Vincenzo Nibali, su principal rival.

Pero todo quedó en un segundo plano ante la sombra del dopaje, porque al margen de los títulos está en juego su reputación y la idea de que él encarnaba una nueva época en el ciclismo, lejos ya de los años de Lance Armstrong.

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