Deportes

Una reorganización ganadora

  • Tras los fiascos del Mundial de 1998 y la Eurocopa de 2000, la Federación Alemana inició un profundo cambio en las estructuras de sus competiciones para dar relevancia a los jóvenes

Una de las imágenes más representativas del último Mundial de fútbol fue la lacrimal estampa de los noqueados jugadores brasileños en orante actitud al finalizar el histórico partido contra Alemania, invocando el auxilio de tan omnipotentes dioses para vislumbrar una iluminadora revelación a la incontenible tormenta de goles que arrasó la anhelada cosecha dorada de su seleçao.

En el deporte, especialmente en la alta competición, los desastres no acontecen por pura casualidad o como consecuencia de una inquebrantable maldición. Las catástrofes, especialmente si suceden en cadena, custodian su caja negra, almacenan una explicación lógica y racional. El Fußball alemán, en líneas generales, se ha latinizado por influencia de La Roja. Impera la posesión -con verticalidad- del balón, la abundancia de centrocampistas de toque (tiki-taken), a la búsqueda incesante de espacios, el intercambio continuo de posiciones y el imperio dictatorial de la velocidad; en definitiva, el triunfo del fútbol total. Indudablemente influye la supremacía que ostenta en la actualidad el Bayern Múnich. El poderoso club bávaro estructura la columna vertebral de la Nationalmannschaft (Selección Nacional), casi siempre lo ha sido, y ante Brasil formaron Neuer, Boateng, Lahm, Kroos, Schweinsteiger y Müller en el once inicial. Si el Bayern pisa fuerte implica que también apisonará la Mannschaft, como ya se demostró en los años 70 del pasado siglo.

Pero las causas del éxito germano en el Mundial de Brasil 2014 son más complejas y remotas. Obedece a un laborioso proyecto constructivo sólidamente estructurado. Un extenso y profundo itinerario de remodelación, hasta ahora no visible pero ejecutado de forma muy precisa y rigurosa. Tras el fracaso (para una potencia como Alemania lo es caer en los cuartos de final) de la Mannschaft en el Mundial de 1998 y no superar la primera fase en la Eurocopa de 2000, la Deutsche Fußball-Bund (Federación Alemana de Fútbol) tomó serias medidas de cara a su futuro inmediato, el Campeonato del Mundo que se celebraría en su país el año 2006, y más a largo plazo intentar bordar una cuarta estrella en su intimidatoria camiseta. Se imponía el relevo generacional.

Los dirigentes alemanes priorizaron el fútbol base sobre los elevados fichajes de menores extranjeros. Con hechos reales y no vacías palabras. Para lograrlo aplicaron un minucioso plan, Talentförderprogramm (Programa de Promoción de Talentos), destinado a regenerar los equipos y captar jóvenes promesas que pudieran acceder a los grandes clubes profesionales. Antes de 1998 no existía un modelo de actuación deportiva uniforme para todo el país (caso de regiones que pertenecieron a la extinta República Democrática Alemana). Las distintas Federaciones seguían su propio criterio sobre sus raíces y unas invertían más recursos que otras. También entre los clubes existían diferentes políticas, algunos ya disponían de instalaciones para sus juveniles, mientras que la gran mayoría no prestaba excesiva atención a la cantera. A efectos de eficacia operativa era necesario centralizar todos los organismos desde la Federación. El plan a cumplimentar se programó en tres puntos:

1. Ayuda financiera de la DFB a las Landesverbände (Federaciones Regionales), cada una recibió 1,1 millones de euros para intensificar la formación de chicos. Y un organigrama en 120 Stützpunkte (Bases Suprarregionales), ampliadas después a 390, para cubrir todos los rincones del país, mejorar y unificar los sistemas de entrenamientos; es decir, que las selecciones de todas las categorías jugaran bajo un mismo patrón: igual que la absoluta. Además, se analizó cómo trabajaban las Federaciones de otros países vecinos (Holanda, Francia y España).

2. Creación de infraestructuras materiales y priorizar la instrucción. Se obligó a los 36 clubes que componen la Bundesliga (Primera División) y la 2. Bundesliga (Segunda División) a construir o mantener su Leistungszentrum (Centro de Rendimiento). Allí los chavales de la región pueden vivir, aprender y cultivar su talento deportivo en las mejores condiciones, sin tener que desplazarse a diario cientos de kilómetros hasta el campo de entrenamiento. La Bundesliga los inauguró en 2001 y la 2. Bundesliga un año más tarde. Si un club no dispone de Leistungszentrum no le está permitido competir en el fútbol profesional, sólo bajo firmes condiciones de edificar uno.

Los entrenadores tienen la responsabilidad de observar varios equipos amateurs y de divisiones territoriales, e invitan a los talentos en ciernes a sesiones de entrenamiento en su Base Suprarregional para que puedan desarrollarse y subir de nivel. Luego los grandes clubes recolectan a los mejores de las Bases y los destinan a su Centro de Rendimiento.

Una cooperación fundamental con las Schulen (Escuelas) lo hace posible. Porque los clubes son obligados a hacer compatible los entrenamientos y estudios de sus adolescentes futbolistas, también por las mañanas, y a contratar profesionales que supervisen el proceso. Esta directriz de la Federación posibilitó trabajar (además de perfeccionarse y realizar cursos) a un número aproximado de mil técnicos.

3. Fundación en 2006 de las Eliteschulen des Fußballs (Escuelas de Élites del Fútbol). Para obtener su calificación máxima (tres estrellas), es necesario cumplir una serie de doscientos requisitos a la hora de vincular la educación personal con la futbolística. En estas Escuelas se pueden obtener diplomas y recuperar clases durante las vacaciones, para así acudir a torneos internacionales de categorías inferiores durante el curso académico. El objetivo pedagógico de las Eliteschulen es desarrollar de manera integral el carácter y la personalidad de los alumnos, no sólo sus habilidades y capacidades deportivas.

Los clubes hicieron sus deberes y el Programa ha arrojado fecundos frutos. Con la disciplinada y característica organización germana, pero también con altas dosis de paciencia -la histórica tenacidad y persistencia alemana- para soportar críticas numerosas, tras sucesivas y frustrantes derrotas: final del Mundial 2002 y de la Eurocopa 2008; semifinales de los Mundiales 2006 y 2010, y de la Eurocopa 2012. Era una simple cuestión de maduración. Al final los éxitos tenían que llegar a aquella espléndida generación campeona de Europa sub 21 en 2009 (Neuer, Boateng, Hummels, Höwedes, Khedira, Özil), acompañados de otros también jóvenes (Kroos, Müller, Schürrle, Götze) y el indispensable complemento de los veteranos (Lahm, Schweinsteiger, Klose).

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