Tribuna Económica

Joaquín / aurioles

Las ideologías y el interés general

La intensidad de los enfrentamientos y la posibilidad de nuevas elecciones genera eslóganes como el de "gobernar para el Íbex 35", que podría interpretarse como que cuanto mejor les vaya a las empresas, peor para el interés general.

CONFORME avanza el espectáculo que se inició con la campaña electoral y que ahora deambula por la comedia de la investidura, sin la menor idea sobre la solución final del enredo, más se acentúa la convicción de la dificultad de gobernar para el conjunto de los españoles. Personalmente considero tan sobrevalorada la capacidad de la política para generar bienestar, seguramente como consecuencia de la propaganda electoral, como infravalorado su potencial para destruirlo, pero sobre todo sigo sin discernir cuántos votantes son racionales (votan al que consideran mejor gobernante o al que entienden que mejor defiende sus intereses) y cuantos compulsivos (por ideología, propaganda o similar), que son aquellos que, sencillamente, votan por la opción que más les gusta. Podrían confundirse como cercanos, pero la realidad es que son comportamientos electorales bien diferentes, con importantes repercusiones sobre lo que podríamos denominar como actitud frente a la administración del interés general.

La intensidad de los enfrentamientos y la posibilidad de nuevas elecciones resulta un terreno propicio a la aparición de eslóganes. Uno de los que más se ha repetido en los últimos días es el de "gobernar para el Íbex 35", por parte de la izquierda más radical. Un perverso mensaje que podría interpretarse como que cuanto mejor les vaya a las principales empresas del país, peor para el interés general o de la mayoría, que es algo con lo que seguramente muy pocos estarán de acuerdo. Entre estas empresas están los bancos, algunos de los cuales han podido sobrevivir gracias a ayudas públicas y a permanentes inyecciones de liquidez desde el BCE. Es posible que la mayoría de los ciudadanos considere que dejar caer al sistema bancario habría sido una irresponsabilidad gobierno de turno, pero es seguro que muchos menos de los que entienden que la buena salud del Íbex 35 se traduce en empleo y crecimiento y, por tanto, en un mayor nivel de bienestar.

Aceptamos, por tanto, que la mayoría de los españoles entiende que el interés general se beneficia del número y de la fortaleza de sus empresas y bancos, aunque si seguimos alargando el razonamiento hasta el terreno de las hipotecas y los desahucios, advertiremos que el concepto se vuelve bastante más difuso. Hasta ahora incluso quien rechace que el interés de la banca pueda coincidir con el suyo personal podría admitir compatibilidad con el interés general, pero la conformidad comienza a desvanecerse cuando estas mismas entidades ejecutan sus derechos hipotecarios sin consideraciones sobre las circunstancias personales de los hogares desahuciados. En este caso resultan inevitables los conflictos de conciencia entre, por un lado, los defensores de la responsabilidad y el respeto a las reglas y, por otro, el compromiso con los más desfavorecidos. En definitiva, dos formas de interpretar el interés general que deberían ser conciliables y con importantes espacios de coincidencia en lo general, como el Íbex 35, pero discrepantes a medida que se desciende hacia lo concreto y que obliga a reconocer la plena vigencia del conflicto entre la izquierda y la derecha.

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