"Existe un prejuicio elitista, pero el golf es el tercer deporte con más federados"

Alfonso Erhardt. Socio de Oquendo Capital, golfista

Nacido en Málaga en 1972, combina su trabajo en un fondo de capital riesgo con una pasión total por los palos y el green. Acaba de publicar 'Los Campos de Golf de Javier Arana'.

"Existe un prejuicio elitista, pero el golf es el tercer deporte con más federados"
"Existe un prejuicio elitista, pero el golf es el tercer deporte con más federados"
Fede Durán

02 de agosto 2014 - 09:32

En Los Campos de Golf de Javier Arana (Taurus), Alfonso Erhardt perfila la silueta de un revolucionario que cambió los secarrales de la posguerra española por parajes como El Saler, El Prat o Guadalmina. Con un hándicap uno, Erhardt explica que su deporte exige potencia pero también cabeza. Los grandes pegadores siempre partirán con ventaja, concede, pero no llegarán demasiado lejos si no cultivan una afilada estrategia.

-¿Quién era Javier Arana?

-Un señor de Bilbao que fue quizás el principal golfista amateur en España antes de la Guerra Civil y que tuvo una cierta fama al ser el primer español en ganar torneos internacionales. Tras la Guerra, la federación española de golf inicia la reconstrucción de los campos, que habían quedado destrozados. Como el resto del mundo estaba enfrascado en plena II Guerra Mundial, el único que aquí sabía algo era Arana. Rehace una serie de campos y cuando acaba la guerra se asocia con un arquitecto inglés de quien aprende todas las teorías del diseño. A partir de 1950 ya trabaja en solitario. Quizás haya sido el principal diseñador de la Europa continental.

-Murió en 1975.

-Y el boom golfístico español empezó más tarde. Hizo Guadalmina, el primer campo en la Costa del Sol. Y El Saler, que es mi favorito, el primero en el Levante. Tuvo cierto protagonismo en la expansión del golf turístico español.

-Lástima que se perdiese la edad de oro.

-Es que no había agua. Tanteó en Andalucía, Cataluña y Levante muchas posibilidades, pero las infraestructuras hidráulicas eran escasas. Como en la zona de Marbella había varias presas, pudo hacer Guadalmina. A mediados de los 70 es cuando el turismo pega un empujón y la gente se da cuenta que es mejor un sector que supere la simple táctica de colocar un hotel en la playa. La mayor parte de sus campos se diseñaron como clubes, no como elementos vinculados a hoteles. El promotor de sus campos normalmente sabía de golf, y además su familia tenía dinero, así que para él era una afición remunerada. Nunca se llevó muy bien con los promotores inmobiliarios.

-¿Cuáles son las claves para desplegar un buen campo de golf?

-Lo primero es un buen terreno. Como él trabajó en una época en que en España había muy poco construido, consiguió el acceso a los mejores: planos, con pequeñas ondulaciones, dunas, etcétera. Hoy es imposible elegir porque hay muchas más restricciones legales y medioambientales y porque el nivel de construcción en la costa es de tal calibre que los terrenos que quedan suelen ser muy abruptos.

-¿Y la dificultad no influye?

-Es el segundo factor. El genio del diseñador es conseguir hacer un campo entretenido para gente de todos los niveles. Hacer un campo muy difícil es sencillo, pero nadie lo disfruta. Arana sabía combinar exigencia para los buenos jugadores con disfrute para los novatos. Hay muchos campos modernos y con mucho más presupuesto que no son populares. La medida del éxito es que un campo perdure, y la mayoría de la obra de Javier sigue estando entre los altares de golfistas de todos los niveles.

-¿Persiste la pátina elitista o es un deporte ya universalizado?

-El prejuicio existe, pero cuando miras los números, es el tercero con más federados de España. Es un componente fundamental en la industria turística, y gracias a eso Andalucía tiene un turismo de más calidad que aquellas zonas sin infraestructuras similares. Eso genera riqueza. Además, hoy es fácil acceder a campos y hay muchísimos públicos.

-¿Cuáles son los códigos sagrados del juego?

-Una de las claves es que es de los pocos deportes donde el propio jugador lleva su puntuación y es responsable de sus actos en el campo. La picaresca no tiene cabida, las trampas están muy mal vistas. Las reglas, por otra parte, son tremendamente complicadas. El otro gran atributo es que lo practica gente de todas las edades y puedes jugar con personas de distintos niveles. Es muy adaptable.

-Hay campos que parecen cuadros de Monet.

-Generalmente se piensa en jardines cuando en realidad los campos están tremendamente integrados en el entorno y suelen ser muy bonitos. A Arana no le gustaba tocar el terreno, el campo debía integrarse en la naturaleza. Tenemos tendencia al ajardinamiento, pero son entes naturales y así los conciben los arquitectos, cuyo reto es crear un conjunto que sea atractivo para el jugador y le dé la sensación de estar en plena naturaleza.

-Seve y Olazábal también han diseñado campos. ¿Es habitual ese salto entre los grandes jugadores?

-Es muy típico. Casi todos lo hacen, bien cuando están en activo, bien cuando se retiran. Aunque es verdad que hay muchísimos diseñadores -de hecho, los más cotizados del mundo- que no han sido profesionales.

-Arana también era greenkeeper. O jardinero. Casi.

-En su época el mundo era más sencillo y primitivo. No había las especializaciones de hoy, con greenkeepers que son ingenieros agrónomos superformados. Muchos de los capataces de los campos de golf españoles primigenios eran ingleses, y cuando se fueron se perdió mucha información. Javier rediseñó pero también ayudó a todos los clubes a tener los campos en buen estado. Era un gran defensor de que los campos estuvieran en buena forma para que el golfista repitiera. Con los años ha cambiado mucho la percepción: la gente asocia verde con buenas condiciones cuando es al revés. Cuanto más verde más agua sobra.

-Sinteticemos.

-Un campo de golf es una sucesión de trampas estratégicas que conducen a un hoyo. Con dos peculiaridades: es el único deporte donde la bola siempre está parada y donde puedes cambiar el instrumento con el que la golpeas.

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