La España crítica, la España apocalíptica y la España calma

Los problemas reales del país colisionan con el griterío público aunque en el ámbito local los partidos, alejados de la M-30, mantienen comportamientos mucho más institucionales y colaborativos

Manifestación del movimiento Marea Verde contra los recortes en la Sanidad Pública

Manifestación del movimiento Marea Verde contra los recortes en la Sanidad Pública / Diego Rabanés / EP

La red de solidaridad intergeneracional familiar se ha invertido en España. Los hijos ya no ayudan a sus padres cuando estos tienen una edad y están jubilados o a punto de estarlo y ellos han encontrado trabajo. Al revés: los padres están ayudando a sus hijos a llegar a fin de mes. Un estudio de la fundación BBVA ha revelado que el 37% de los padres mayores de 60 años ayuda a sus hijos con regularidad. Básicamente, les auxilian con la compra del supermercado, les pagan facturas de agua y luz y les “subvencionan” una parte del alquiler o de la hipoteca a los que tienen opciones de suscribir una. La realidad del mercado laboral es que los sueldos y las condiciones son precarias, lo que a muchas parejas les impide ahorrar y mucho menos firmar una hipoteca. Durante 2022, la edad media del firmante de hipoteca fue de 38,5 años; el 41% de ellos, casados; el 70% son asalariados por cuenta ajena, un 10% funcionarios y un 9% autónomos. Si la emancipación teórica está en torno a los 27-28 años y la hipoteca se suscribe a los 38 eso suele implicar que durante esa década los hijos siguen recibiendo ayuda de sus padres, muchos de los cuales, paradójicamente, aún no han terminado de pagar sus propios pisos.

Las hipotecas han subido desde el 0,013 de abril del 2022 al 4% en noviembre de 2023. Para una hipoteca media (140.000 euros a 24 años y con 0,75 de diferencial) ha supuesto una subida de la letra mensual desde 519 a 836. En España la afectación ha sido mucho mayor que en los países más importantes de la UE debido al peso de las hipotecas variables en el mercado español, mucho más determinante que en Francia o Alemania. El BCE, que preveía cuatro bajadas de los tipos de interés de un cuarto de punto cada una el año próximo hasta reducir en un punto el coste de las hipotecas, ahora duda debido al alza de los salarios. De forma que esto pinta regular: o las hipotecas siguen en estos márgenes cercanos a los de la crisis del 2008 o los ciudadanos se empobrecen perdiendo poder adquisitivo con subidas salariales por debajo del coste de la vida.

Pesimismo juvenil

Los jóvenes viven, en general, con pesimismo su tiempo vital. Casi el 27% cree que la situación futura irá a peor. Les preocupan los salarios bajos (37,8%), la precariedad laboral (30%), las dificultades para emanciparse (29%), el paro (24%) y la falta de confianza de la sociedad hacia los jóvenes (25%). Estos datos pertenecen a la investigación sobre Jóvenes en pleno desarrollo y crisis pandémica del centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud y arroja otro dato preocupante: el 24% de los jóvenes tienen problemas frecuentes relacionados con la salud mental y que en muchos casos se consideran secuelas de la pandemia. Anoten que sus preocupaciones se extienden en corto a sus ocupaciones sobrecualificadas –puestos de trabajo por debajo de su preparación– y a largo, sobre el futuro de las pensiones: tratan de adivinar como será, si existe, el sistema de pensiones que les proteja cuando lleguen a la edad de jubilación dentro de 40 o 45 años.

Como consecuencia de todo esto, la sociedad está propiciando que surjan generaciones de jóvenes antisistema. Pero no son antisistemas de quemar contenedores y banderas de España. No. Su rechazo sobre lo que ven se proyecta sobre su concepto de la democracia hasta colocarlos extramuros del sistema pero por otra vía y otras actitudes. Es otra cosa, incluso más peligrosa. Porque a los de las barricadas se les reduce con la policía, pero estos reclaman soluciones más difíciles y lentas. Están desencantados con la institucionalidad y los partidos, desconfiados respecto a las soluciones y abonados al individualismo, convencidos de que cada uno ha de buscarse la vida sin mirar al de al lado. En algunas encuestas el porcentaje de jóvenes que cree que el mejor sistema es una dictadura es preocupante y demostrativo de las fallas del sistema.

Sanidad, Educación, transportes y …

Se ha averiado el transporte público. En pocos años el tren ha dejado de ser esa maravilla paradigmática de una España moderna donde las cosas funcionaban. La impuntualidad, la merma de la oferta y el deterioro del material es evidente y veremos si reversible.

La educación pública no anda mejor: aunque las instituciones públicas han incrementado el gasto para ir recuperando los recortes de la crisis de 2008, el trasvase de alumnos de pública a la privada y la concertada no se detiene, especialmente en comunidades como Madrid y País vasco. El 31,6% de los alumnos se educa ya en centros privados. Las mayores fugas provienen de familias de rentas medias. Los expertos advierten que para que la sociedad esté cohesionada es necesario que a los colegios públicos acudan niños de estratos sociales diferentes, algo que casi no ocurre ya en Madrid. Lo contrario es crear guetos.

Y al fin, la Sanidad. Gestionadas por las autonomías, es el gran talón de Aquiles de un país que presume de un sistema público de calidad, pero cada vez se dice más con la boca pequeña a la vista de la realidad. Su deterioro es letal para cualquier político: se sufre a diario, los problemas de un ciudadano tienen un efecto multiplicador y cuando toca resumir preocupaciones, nada importa tanto como la salud. El último y reciente informe de la OCDE sobre la calidad de los sistemas sanitarios es concluyente: España obtiene un 64% de aprobación, pero casi tres puntos por debajo de la media de la OCDE y muy lejos del 94% de Suiza, que debería ser la referencia deseable. El gasto sanitario público cubierto en España es del 72%, de nuevo cuatro puntos por debajo del resto de países de nuestro entorno, al igual que la financiación pública, el número de enfermeros (hay un déficit importante: solo hay 6,3 por cada 1.000 habitantes) o el número de camas por cada 1.000 habitantes, que es de tres frente a la media de la OCDE es de 4,3. Hay más datos que revelan un sistema castigado y necesitado no solo de inversiones más cuantiosas y constantes sino de una estrategia actualizada respecto a la incorporación del personal cualificado, mejora de la atención a los pacientes y nuevos desafíos. Hay 800.000 pacientes en España esperando pasar por quirófano, con una demora media de 112 días. Un desastre, sin paliativos. Si queremos ser un país de primera la sanidad debe ser de primera. Lo otro es jugar de prestado en ligas mayores.

Los partidos, a lo suyo

Estos son solo algunos de los problemas acuciantes que tiene España por delante. Es la España crítica. Se pueden sumar otra docena de crisis en marcha, pero solo con solucionar estas tendríamos un país diferente. Lo realmente deprimente es que no hay una conversación pública sobre estos asuntos. Todo gira en torno a la bronca política. La amnistía, los pactos con los independentistas, la exacerbación de la crítica en cualquier aspecto que pueda erosionar al contrario guía el quehacer de los partidos. Los cuerpos judiciales, en la melé. El que pueda hacer que haga, ha pedido Aznar. Dicho y hecho. Los jóvenes, los pacientes y las familias esperando a que alguien resuelva sus problemas mientras el PSOE se afana en salir vivo del proceso en el que se ha metido aceptando casi cualquier cosa y el PP se prepara para la guerra con una tripleta –Miguel Tellado, Cayetana Álvarez de Toledo y Rafael Hernando– que dejarán en pañales a Óscar Puente, que no es Góngora, precisamente. Después nos extrañaremos del desafecto de los ciudadanos por la política y las instituciones.

Las resistentes aldeas galas

Si se alejan de esta atmósfera tóxica de la capital del reino, aún es posible encontrar espacios libres de malos humos en la política española. Hay que poner la lupa en la política local. Un ejemplo prístino se da en Cádiz, ciudad caracterizada desde hace años por liderazgos frentistas: Teófila Martínez y José María González Kichi. El nuevo alcalde del PP, Bruno García, hasta ahora, es un ejemplo de cómo conducir la política hacia territorios de consenso y alejados del estrépito. Esta misma semana, García ha firmado un acuerdo con el alcalde de Chiclana, José María Román (PSOE), otro practicante de la colaboración institucional templada y eficiente, para desarrollar 23 proyectos conjuntos vinculados a la digitalización del ciclo del agua financiados por un Perte. García también asistió al Blue Zone Fórum, la cita sobre la economía azul organizada por la Zona franca de Cádiz, donde el delegado especial, Fran González (PSOE), que lidera la estrategia, no tuvo empacho en compartir escenario con el alcalde gaditano y darle su espacio. Casi emocionan estas pequeñas cosas raras, tan necesarias e inhabituales.

Es un pequeño ecosistema que se repite en muchas localidades de España aunque nunca tengan el foco que merece. Que cunda el ejemplo, porque mil acciones de ese tenor basadas en el respeto institucional, la colaboración entre partidos y guiadas por la defensa de los intereses de los ciudadanos antes que por la inflamación de la vida pública dice más de la democracia que mil debates parlamentarios estultos, improductivos y apocalípticos. Ya verán que al final España se construye de abajo a arriba. Aquí rige la regla de oro de la nueva política: cuanto más lejos de la M-30, menos ruido, más dialogo, más eficiencia y colaboración institucional. Como se ha preguntado recientemente el peneuvista Iñaki Anasagasti: “¿Y si el problema fuera Madrid? (..) Madrid como lugar donde una pequeña elite improductiva que siente peligrar sus privilegios (..) una elite que vive en una realidad paralela (..) que no concibe un modelo territorial que no rodee la Puerta del Sol (..) una elite extractiva e hipercentralista”. Pues a lo mejor es eso.

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