Las claves

Pilar Cernuda

Llegó la hora de la verdad

Que haya unas nuevas elecciones no significa que se aclaren inmediatamente las cosas. No. Se mantendrán los dos bloques con el mismo número aproximado de escaños que ahora

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias durante una reunión en el Palacio de la Moncloa el pasado 9 de julio. Pedro Sánchez y Pablo Iglesias durante una reunión en el Palacio de la Moncloa el pasado 9 de julio.

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias durante una reunión en el Palacio de la Moncloa el pasado 9 de julio. / Juan Carlos Hidalgo (EFE)

En pocos días, en cuanto el Rey finalice su ronda de consultas el martes, se despejará la incógnita sobre el futuro inmediato, si elecciones o investidura.

En las últimas fechas era creciente la sensación de que íbamos a elecciones, porque desde las filas socialistas contaban que en la reunión que mantuvieron PSOE y Podemos las primeras palabras que pronunció Carmen Calvo fue que no tuvieran los podemitas ninguna duda, pero ninguna, de que no iban a cambiar de criterio en el último minuto, que asimilaran que Pedro Sánchez jamás formaría un Gobierno de coalición con nadie de Podemos y tampoco aceptaría el apoyo gratis a la investidura. Ese apoyo, explicó Calvo, tendría que ir acompañado de un acuerdo de legislatura que significaría que Podemos no boicotearía las iniciativas que presentara Pedro Sánchez y le permitiría gobernar.

Esto último es la razón de que un Unidas Podemos, en un esfuerzo desesperado para impedir nuevas elecciones, la noche del jueves propusiera un Gobierno de coalición de solo un año. De prueba, para demostrar su lealtad y buena disposición. Un año que no se renovaría si Sánchez consideraba que los ministros de UP no habían mantenido la obligada lealtad. La respuesta negativa fue tan inmediata que a Podemos ya no le cupo la menor duda de que estaban rotos todos los puentes, no había nada que hacer.

Solo un miembro de Podemos se mostraba optimista: el miércoles, mientras se celebraba el debate parlamentario sobre el Consejo Europeo que se convirtió en debate sobre elecciones o pacto, en el patio que separa los edificios central y anexo del Congreso, un hombre rodeado de periodistas advertía que era posible el llamado gobierno de Progreso. Era Pablo Gentile, politólogo argentino que trabajó para Lula y Dilma en Brasil, que desde hace unos meses se ha convertido en jefe de gabinete de Pablo Iglesias y que es quien marca la estrategia del Podemos. Como ocurre con un gran número de argentinos con muy alto concepto de sí mismos, Gentile no acepta que les pueden venir mal dadas aunque los resultados electorales no han sido ni de lejos los esperados y además Pedro Sánchez no pierde ocasión de lanzarles recado de que no quiere saber nada de ellos. Tanto Gentile como Iglesias se agarran a que Pedro Sánchez, en julio, estuvo a punto de ceder. Otros miembros de la dirección de Podemos piensan sin embargo que incluso en el caso de que Iglesias no hubiera cometido el error de rechazar la oferta de la vicepresidencia más tres ministerios que consideraba menores, Sánchez se habría sacado de la manga algún argumento para no formar la coalición. Pero eso es agua pasada, lo que importa ahora es si hay elecciones o investidura a finales de la semana que viene.

Feijóo y Casado

Todos los partidos trabajan ya con la hipótesis de las elecciones y en el PSOE, aparte de lo que dice el CIS, con su voto directo sin la obligada y necesaria cocina, manejan datos demoscópicos que les inclinan a favor de las elecciones: recibirían un número considerable de votos de Ciudadanos, y menos considerable de Podemos. Coincide con lo que se maneja en Génova: el PP recibiría un número considerable de votos de Vox, y menos considerable de Ciudadanos. Es decir, que Cs reduciría su presencia parlamentaria al escorarse a la derecha. No solo ha provocado la baja de importantes miembros del partido, sino que sufrirá también baja de militantes y votantes.

Solo en PSOE y PP pueoen abordar unas nuevas elecciones con la seguridad de incrementarán sus escaños. La imagen de Casado ha crecido con su estrategia de mantener un perfil bajo durante el verano mientras el patio político se convertía en un gallinero. Sin embargo no estaba ausente, aparecía cuando debía aparecer. Por ejemplo, fue el primero en plantarse en Canarias cuando las islas fueron devastadas por lluvias torrenciales. Sánchez abandonó al día siguiente su refugio de Doñana para trasladarse a Canarias, probablemente como reacción a lo que había hecho Casado.

Casado insiste en su fórmula de España Suma, pero Cs la rechaza tajantemente

Por otra parte, ha aprovechado el regreso a Madrid para insistir en su fórmula España Suma –ha registrado el nombre- mirando hacia el futuro: en caso de elecciones piensa que se puede incrementar el número de votos negociando con grupos regionales o con personas con relevancia política que ya no tienen partido, como es el caso de Rosa Díez, que ha aparecido en un acto del PP, lo que quiere decir algo. Ciudadanos se ha negado tajantemente a esa iniciativa, que no gusta a muchos barones regionales del PP, entre ellos a Feijóo, que tiene mayoría absoluta en Galicia mientras que allí Ciudadanos es inexistente.

Feijóo, por cierto, el dirigente del PP al que no duelen prendas en expresar públicamente sus discrepancias con la línea oficial de Génova, mantiene unas excepcionales relaciones con Pablo Casado, con el que se acaba de ver recientemente en Cotobade, en Pontevedra, tras asistir el líder nacional a la apertura del curso del PP gallego. En un almuerzo posterior con algunos de sus colaboradores más cercanos, Feijóo expresó abierta y sinceramente a Casado sus impresiones sobre la marcha del PP, y reiteró lo que había dicho en público momentos antes, que su lealtad a Casado era total. Pero eso, conociendo al dirigente gallego, no significa que va a mantenerse callado cuando considere que Génova no toma las decisiones que él considera necesarias.

¿Gran coalición?

El martes sabremos si vamos a elecciones o a una investidura en precario de Pedro Sánchez, y todos los indicios apuntan a lo primero y que el Rey no va a designar candidato a la presidencia ante la constatación de que hoy por hoy es imposible que cualquier candidato tenga los votos necesarios para convertirse en presidente.

Que haya nuevas elecciones no significa que se aclararán inmediatamente las cosas y España empezará a andar con un Gobierno estable. No. Se mantendrán dos bloques con casi el mismo número de escaños que ahora, porque subirán PP y PSOE pero bajarán todos los demás. Con menos peso para Ciudadanos, un partido bisagra que se resiste a ser bisagra y que por empeñarse en ser ya de ya partido de gobierno se está dejando mucha de sus posibilidades en la cuneta.

Las especulaciones sobre el futuro son de todo género, y todas ellas giran en torno a un gobierno presidido por Pedro Sánchez pues será seguro ganador. Se especula con que finalmente Ciudadanos se avendrá a apoyar a Sánchez, porque solo apoyaría a Casado si rompiera todos los lazos con Vox, y se da por hecho que Podemos queda definitivamente atrás porque Sánchez no pactará nunca con Iglesias. Menos aún si Podemos, como se prevé, vuelve a perder votos.

En la sede de la calle Princesa no les llega la camisa al cuerpo pensando que puede producirse algo que temen con auténtico terror: una alianza entre Manuela Carmena e Íñigo Errejón para presentar candidatura a las generales en Madrid. Y quizá en Valencia. Si ocurre, como es casi seguro en el caso de Madrid, entonces Podemos está kapput.

Y no se puede dejar de mencionar algo que se maneja en los círculos políticos y empresariales en los últimos días. Si después de unas elecciones no hay apoyos claros en uno y otro lado ¿Por qué no un Gobierno de coalición PSOE-PP con un programa muy bien estudiado y definido? Nunca ha estado mejor España que durante las décadas de partidismo … aunque nunca PSOE y PP hayan compartido gobierno. Ahí queda ese dato del que se habla más de lo que se pueda pensar.

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