Elecciones

Santiago Abascal: el Amazonas, que es obra de Dios

Mitin de Vox en Sevilla con Santiago Abascal Mitin de Vox en Sevilla con Santiago Abascal

Mitin de Vox en Sevilla con Santiago Abascal / José Ángel García (Sevilla)

Santiago Abascal (Bilbao, 1976) es la cara más amable de Vox. Y no es que su perfil hercúleo y su voz firme -no digamos ya su discurso-, llame mucho al abrazo enternecedor, pero Santi Abascal no emite las extrañas vibraciones de mal rollo que salen de Ortega Smith o Rocío Monasterio, gente que nunca sonríen, que deben creer que el sentido del humor es cosa de progres.

A Abascal, que ha hecho en estas elecciones del 10-N su mejor campaña electoral, le preguntó Pablo Motos en El Hormiguero si donaría dinero para el Amazonas o para restaurar la catedral de Notre Dame, una cuestión estúpida por lo demás, pero que gente de derechas está dispuesta a responder para dejar claro que entre ecologistas y católicos prefiere a los últimos. Una imbecilidad más.

Pero Abascal respondió: al Amazonas, porque es obra de Dios. El joven Santi, muy aficionado a la ornitología, quiso estudiar Geología porque le sonaba a campo, pero finalmente hizo Sociología que es lo que su madre quería. Se licenció en Deusto.

Un colaborador de Vox lo explica: "No somos fascistas, no somos violentos, somos muy de derechas y muy patriotas, y eso quedó claro en El Hormiguero". El programa de Abascal ha sido el último éxito de Motos, y el exitazo del dirigente voxero. Después llegó el debate a cinco y tampoco le salió mal. Después de esperar muchos años a obtener alguna representación, el conflicto catalán lo ha aupado a la categoría de tercer partido en el Congreso, con esperanza de dar algún día el sorpasso definitivo al que fue su partido, el PP.

La entrevista a Santiago Abascal en 'El Hormiguero' fue lo más visto del mes de octubre La entrevista a Santiago Abascal en 'El Hormiguero' fue lo más visto del mes de octubre

La entrevista a Santiago Abascal en 'El Hormiguero' fue lo más visto del mes de octubre / Atresmedia

Abascal es fruto de la radicalidad de los nacionalismos periféricos. Nieto de un alcalde franquista de Amurrio, ha sido el hijo de quien fuese la voz del PP en el valle vizcaíno de Ayala. Como el resto de su familia, sufrió el marcaje de ETA y los ataques de sus jóvenes cachorros, que quemaron el negocio familiar y le dejaron pintarraqueado sus dos caballos en una acción propia de El Padrino o De la vida es bella.

Como Jaime Mayor Oreja, María San Gil o Alejo Vidal Cuadras, son gentes refractarias al nacionalismo, no hacen distingos entre moderados y violentos, porque opinan que la ideología nacionalista es un mal en sí. Sobre todo si es vasca o catalana, claro, porque Abascal es, sobre todo, un nacionalista español.

Desde los 21 a los 29 años ocupó diversos cargos públicos y representativos del PP, y hasta fue nombrado director de un chiringuito que Esperanza Aguirre, su amiga, le creó para él: la Fundación para el Mecenazgo y el Patrocinio Social, con un sólo trabajador y 82.000 euros de ingresos anuales. En esta campaña, ha declarado que no es, precisamente, de lo que se siente más orgulloso. Rompió con los populares como hizo Vidal Cuadras y entró en Vox para rescatar a esa derecha españolista que Manuel Fraga consiguió casar dentro de un partido que abarcaba todo el espectro conservador, desde el centro hasta la esquina.

Abascal se casó en junio con quien era su pareja actual y con quien tiene dos hijos: Lidia Bedman. De su matrimonio anterior, que sólo fue por lo civil a diferencia del último, tiene otros dos vástagos. Bedman, publicista e instagramer, le ha dado su apoyo público por primera vez en esta campaña, su campaña. 

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