La pesadilla de la ceja y la niña

Zapatero prolonga su luna de miel con los artistas y confiesa haber vivido con ellos "el momento más emotivo de la campaña" · Rajoy insiste en las bondades de su chiquilla imaginaria pese a las burlas

Zapatero gestualiza junto a su mujer, Sonsoles Espinosa, y el compositor y cantante Joaquín Sabina, ayer, en el Círculo de Bellas Artes.
Zapatero gestualiza junto a su mujer, Sonsoles Espinosa, y el compositor y cantante Joaquín Sabina, ayer, en el Círculo de Bellas Artes.
Fede Durán

06 de marzo 2008 - 01:00

Atención. Se enciende el piloto rojo. Llega una confesión importante del líder de la nación. Ahí está José Luis, más conocido como Z (la P se le cayó ante el empuje minimalista de la estrategia), dirigiéndose a los artistas. "Admito que para mí es el momento más emotivo de la campaña". Lo dice en Madrid, Círculo de Bellas Artes, rodeado de su plataforma de apoyo, esa del vídeo con el gesto de la ceja. El presidente antepone tanta y tan cualificada intensidad a cualquiera de los encuentros que haya mantenido previamente con pobres, inmigrantes, hipotecados, víctimas del terrorismo o concejales amenazados. ¿Para qué quiere nadie un debate en la tele cuando ya se bastan ellos solos para evidenciar sus puntos débiles?

A Z le puede el narcisismo de saberse querido por el progresismo intelectual, que parece el único existente en vista de las adhesiones cosechadas por Rajoy. Quizás es más fácil ponerse del lado de la presunta izquierda (o IU ha desaparecido antes de lo calculado o los creadores han sufrido un terrible lapsus) cuando la cuenta corriente rebosa. El 68, el Che o el más reciente buenismo de Zapatero atraen más en esas condiciones.

Ojo. El piloto ataca de nuevo. Z parafrasea a Bardem -no es extraño que al revés no ocurra-, pide un modelo de convivencia urbana basado en los centros culturales, los cines y los teatros, llama a sus chicos "valientes" y advierte al auditorio que se siente "feminista". Ésta última es una afirmación algo más inquietante que las demás porque vulnera el espíritu de su Ley de Igualdad. No importa. Está rodeado de mentes abiertas. Puede permitirse ciertas exageraciones de corte revolucionario. Por si quedaban dudas de la entrega del gremio, otro vídeo. Daniel Baremboim -aparentemente ubicuo-, Joseph Stiglitz -¿no era uno de sus asesores?- y Bernardo Bertolucci -ánimo, Veltroni- agrandan la ceja.

Luego está la Niña. Rajoy quiere que nos enternezca, pero en el fondo nos da miedo. Es el problema de una imaginación desbocada. Insiste el gallego en que la lleva "en la cabeza y el corazón". Muy verosímil, sí señor, sobre todo porque debe tratarse de la misma chiquilla a la que aludieron antes que él Felipe Calderón y Cristina Fernández. Tal es la fiebre por esa criatura angelical que hasta el prometedor Obama ha recurrido a la metáfora -porque es una metáfora, ¿no?- para resumir cómo piensa transformar EEUU si gana.

Por asumir la jerga de Pizarro, podría decirse que los asesores políticos no sudan la camiseta. Señores, exhiban su inventiva, no se copien unos a otros porque la información hace lustros que viaja casi tan rápido como el insulto. Lo bueno es que Rajoy se lo cree. En serio. El buen hombre la siente. Vibra con ella. Es su ideal personificado. Su modelo de España. Por eso la recuperó en el segundo debate televisivo. No importaba la que le cayó tras su primer y muy meloso epílogo. Tenía fuerzas para más. La hazaña merece como mínimo el mismo piropo que Zapatero dedica a los artistas. Mariano, tú también eres un valiente, no te sientas celoso. Además, entre La Niña de R y el Good night and good luck de Z no hay color. Si el color se mide por las sensaciones que produce, claro, aunque sean espectrales.

Menos mal que la prensa internacional enriquece esta campaña, tan anodina y tontorrona. Primero fue la pelea por la entrevista de Elorriaga en el Financial Times [por cierto, ni Zapatero ni Rajoy hablan inglés]. Después el editorial de la misma publicación citado por el líder del PP para confirmar el apocalipsis español. Ahora saltan a escena The Times y Libération con lecturas menos negras. La cabecera gala es de izquierdas y tampoco ha querido cebarse con el admirado vecino del sur, así que ya el título anticipa sus buenas intenciones: Zapatero I, el modernizador. El retrato del personaje es en realidad un panegírico. Lo definen como un hombre "serio", "poco frívolo", "responsable" y "coherente". Siempre se ve más desde la calle que desde casa. Los ingleses son más realistas: combinan el pesimismo económico con la admiración por una extraordinaria musculatura que permitirá superar el bache.

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