La feria de los poetas

Juan De La Plata

18 de mayo 2009 - 11:23

Desde tiempo inmemorial la feria de Jerez fue generosamente cantada por los poetas, tanto locales como foráneos. Y de entre los más grandes poetas que exaltaron nuestra feria, quizás el más acertado y más difundido, en sus recitales, por los declamadores, fuera el insigne gaditano don José María Pemán, tan enamorado de Jerez que se casó con una jerezana y se pasó media vida viviendo, en su viña jerezana de “Cerro Alto”, en la carretera de Trebujena, donde solía escribir sus mejores artículos periodísticos. Pemán nos describe, en su conocido poema “Feria de Abril en Jerez” una feria típicamente andaluza, alegre y colorista, tal vez ya desaparecida, muy de los años veinte del pasado siglo. La feria de su juventud, que conoció Pemán, y que era para él “rumbo y elegancia de una raza vieja / que gasta diez duros en vino y almejas / vendiendo una cosa que no vale tres”, y donde “el cielo bonito / se viste de oro y añil. / Lo mismo iba Joselito / aquella tarde de abril, / en la Maestranza, en Sevilla. / ¿Te acuerdas? ¡Qué maravilla!”...

Ya Cervantes, en su Quijote, nos descubre “a los que se alegran en los elíseos jerezanos prados”; con los “topacios temblorosos de sus vinos, escanciados en copas transparentes”; como también recordara otros antiquísimo poeta. Y el Dr. Balbuena, en “El Bernardo”, nos dice que “Aquí Baco y Ceres placentera /los campos son alfombra y tapetes, / Eutapiza sus riscos por de fuera / mayo con sus floridos gallardetes”. Anuncio de una feria primaveral que el jesuita cordobés Martín de Roa ensalza como “de gran concurso de forasteros, fervor de tratos, variedad y copia de mercaderías, provecho común de todos”.

Y de nuestros caballos ya se hizo lenguas micer Andrea Navajiero, embajador de Venecia en la corte de Carlos V, teniéndolos por los mejores, entre todos los andaluces; mientras otros escritores antiguos defendían el mito de que las yeguas jerezanas concebían del viento, asombrándose de la “bravía manada de los potros” que invadían cada primavera nuestros campos. Ímpetu y hermosura de las potradas en libertad que cantara con vehemencia el poeta sevillano Felipe Cortínez y Murube: “Se lanza velozmente por doquiera / la legión indomable de los potros, / las colas enarcadas y las crines / flotantes en espléndido abandono, / besadas por los soles refulgentes / rizadas de huracanes imperiosos. / Y son los ligerísimos corceles / castaños, negros, alazanos, tordos”…Y de los juegos de escaramuzas, cañas y alcancías, afirmaría el rondeño Vicente Espinel: “Xerez ilustre, universal maestra / de la nobleza más valiente y diestra / que empuña lanza y que maneja adarga.”

Ya en modernos tiempos, el recordado Luis Gómez, poeta neopopular, promotor de jóvenes artistas flamencos, con sus célebres “Retablos Infantiles”, y secretario perpetuo de la gran Lola Flores, diría en un largo poema: “¡Vengan forasteros! ¡Pasen, pasen, pasen, / comienza en Jerez la feria castiza, / la que es proclamada por el mundo entero / preciosa gemela de la de Sevilla! / Admiren la gracia de mi Andalucía, / en esas mujeres que a la grupa montan / luciendo el donaire de esta tierra única. / Contemplen dichosos todo el colorido / de luz y belleza, de gracia y poesía”. Y terminaba el elogio de Jerez y su feria, con estos versos: “La que alegra el vino selecto y sabroso / que nos dan las perlas de sus ricas viñas. / ¡Jerez! ¡Dulce pueblo! ¡Un terrón de azúcar / que endulza, alegra y nos da la vida!”.

Más que cantora, castiza cantaora de todo lo jerezano, sería María Moreno Becerra, de gratísima recordación, entre las poetas de esta tierra; quizás la que más versos escribiera sobre la feria, sus caballos y sus mujeres. Recordemos esta cuarteta, de un ramillete de coplas que publicó en 1945: “Echa pa lante alazana / con tu garbo señoril, / que sobre ti esta mañana / llevas la feria de Abril / porque llevas mi serrana”. Y uno de nuestros más excelsos poetas, el jerezano Juan Ruiz Peña, escribiría este hermoso soneto, titulado “Jerez en feria”, impregnado de grandes nostalgias, como toda su poesía jerezanista, que no nos resistimos a reproducir: “La risa clara y el cascabeleo… / Y el azul y el sol de aquél camino / de eucaliptos umbrosos, ¡siempre os veo / giros de luz y polvo en torbellino! – Asombro en la niñez nunca se olvida / ¡Qué tropel de color y resplandores / que el júbilo exaltaba de la vida! / Flotaba olor de vino entre rumores. - Ruido de las hierbas era el ganado / y escuchando una copla ya lejana / el corazón se henchía de cariño. - ¡Cuantas veces, clavel, me has recordado / ese aroma de abril en la mañana / de la feria en Jerez cuando yo niño!”

Abultada antología de versos acuden a nuestra memoria, en estos momentos en que la feria se nos acaba de ir, hasta otro año, si Dios quiere. Citarlos todos y a sus autores, sería labor interminable y nos saldríamos del recatado espacio de esta página. Pero cerremos nuestro artículo con un soneto más. Un soneto de un , gran señor y rendido enamorado de Jerez, el querido y siempre bien recordado don Luis Pérez Solero, quien contestara a esta pregunta que le sirviera de título a su poema: “¿Quién le da fama a la feria de Jerez?”: “¡Feria jerezana, gitana y señorial! / ¿Quién te presta tu belleza y tu alegría? / ¿Es el sol que va filtrándose ese día / entre la arboleda de un Parque sin igual? - ¿Es el incopiable desfile matinal / de centauros? ¿Es la recia gallardía / de algún ‘tronco’ que, con toda algarabía / - fusta y cascabeles – conduce un mayoral? - ¿Son las jerezanas que, con su proverbial / gentileza y singular campechanía, / riegan todo el Parque de risa, luz y sal? - ¡Dicen que no es esa la causa principal; / que a la Feria, su sin par categoría, / se la da su vino, de fama universal!”.

¿Acertó Pérez Solero con su soneto, publicado en 1946? Tal vez si, tal vez no. Aunque yo creo que, además del vino, es la belleza de nuestras mujeres y el brío de nuestros caballos, el trío de maravillas que, de verdad, de verdad, da empaque, fama y categoría a la feria de Jerez; una feria eternamente cantada por los poetas.

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