Baile

Bailando al son de lo interior

La simbología del tres, llena de misticismos y deidades, mitos y leyendas, sirve a Manuel Liñán para sustentar smarianas), haciendo la malagueña del Pena o ejecutando con limpieza cantiñas y romeras y la exquisita soleá de Triana. Su registro es tan amplio que hasta se acercó al cuplé por bulerías (Tres puñales) rebajando esa energía y fiereza habitual, y a la canción-balada con la que remató el espectáculo. Una maravilla.

No quedó detrás Manuel, novato en esto de moverse e interactuar por el escenario. Se le vio a gusto en su nueva faceta, y cuando hubo que tirar de instrumento estuvo espléndido, llenando la escena con esa guitarra colorista, a veces clásica y otras actual. Lo bordó por seguiriyas y soleá, y demostró su crecimiento como profesional tocando pa bailar como si llevase toda la vida haciéndolo. Fueron dos apéndices ideales a la inventiva de un artista, Manuel Liñán, que nuevamente volvió a convencer.

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