Festival de Jerez

Descenso a los infiernos

  • La revisión de la ‘Fedra’ flamenca de Narros, anoche en Villamarta, no rompió ni por la vía teatral ni por lo ‘jondo’, y encorsetó a una Lola Greco que sólo en sus momentos de ‘vuelo libre’ reveló la excepcional bailaora que es · La coreografía grupal de Javier Latorre fue de lo mejor de una decepcionante propuesta.

Acudí a ver esta supuesta nueva Fedra todo lo limpio de prejuicios que uno intenta estar antes de enfrentarse a una obra artística, pertenezca a la disciplina que pertenezca, y sobre todo sin el referente en mi imaginario de la anterior versión encabezada por la desaparecida Manuela Vargas. No estoy seguro de si esa circunstancia fue ventajosa o no, pero independientemente de eso, esta adaptación se configura como todo un despropósito que no salva ni la mismísima Lola Greco, desdibujada por la sobreactuación y claramente encorsetada ante las constricciones de un guión de ínfimo valor, plano y lineal. Esta Fedra, como concepto global, es tosca, banal y entregada al criterio de la infame comercialidad. Narros, el ideólogo de la trama, vuelve a demostrar que como institución de la escena patria atesora todo el oficio del mundo, y eso hay que respetarlo, aunque su discurso es manido e involutivo y su concepto está más que superado por un teatro que debería estar a años luz de lo que él todavía plantea en la cuarta pared. Pretender dar un toque de contemporaneidad a un clásico de la mitología griega mediante ropa vaquera, sudaderas y una motocicleta pasada de revoluciones no es más que una vulgarización pretendidamente moderna que altera la perturbadora y desasogante belleza de una tragedia universal, como todas las tragedias, repleta de posibilidades.

Hay potencial en el texto, faltaría más tratándose del material inmortal y atemporal del que se trata; y hay suficiente tensión dramática como para que los clímax que acumula el montaje se resuelvan de manera diferente a como se liquidan. Especialmente lamentable es el accidente en moto de Hipólito, el hijastro que desencadena la tragedia y al que Fedra desea de modo obsesivo y patológico. Un supuesto 'efecto teatral' que se disuelve en un fuera de campo y con unos pitidos que nos hacen intuir que el efebo deseado ha entrado en coma y se encuentra al borde de la muerte.

El suicidio de Fedra, el último número de la propuesta, se acompaña de la espléndida voz en off de Estrella Morente cantando por fatales peteneras, aunque nunca consiguió atraparme esa catarsis definitiva. Probablemente ver a Greco arrastrase por las tablas, en el último tramo de la producción y como buscando redención tras caer perdidamente a los infiernos, removiese parte de esa conciencia narcotizada ante tanto aire macarra y atmósfera de concurso televisivo de baile.

La versátil y poliédrica Lola Greco no baila aquí con la libertad que nos ha regalado en otras ocasiones. Una verdadera pena, pues el personaje que encarna ofrece infinitas posibilidades que ella sólo desarrolla por momentos y antes de sucumbir a la artificialidad general de lo que se ofrece. Su baile invidualizado, eso sí, es otra cosa bien distinta a todo lo anterior. En los instantes de vuelo libre nos vienen a la cabeza las imágenes líricas y estimulantes de Deóperaflamenco, la última propuesta que hemos podido verle en el Festival de Jerez. Sus vueltas quebradas, sus giros, su dominio de la escena, su colocación y su expresivo cuerpo con eternas extremidades nos colman la sed de danza. Fedra, ya adaptada hace veinte años por Narros en el terreno de la danza-teatro flamenca, no iba a descubrir a nadie lo excepcional bailarina flamenca que es Lola Greco. Faltaba más.

El bailaor sevillano Amador Rojas, igualmente pasado de rosca en su histrionismo, la contempla en segundo plano como si fuese a desfilar por la pasarela Cibeles. Su forma de mostrar la rebeldía juvenil de Hipólito, su carácter asexuado -hay un momento en el que pareciera poseer a su moto-, es bastante burda, aunque sus hechuras de bailaor salvan con temperamento y maneras esas oscilaciones. Debe crecer y atemperar. Madera y porte es evidente que atesora.

Los latidos morentianos empujan el guión hacia adelante y provocan que la presencia del 'atrás' sea prácticamente testimonial. En la futurista soleá del granadino, en el paso a dos entre Greco y Rojas, en el acoso de la bailaora sobre la grupa de dos ruedas de éste, se respira, quizás, lo mejor de la obra en cuanto a tensión dramática y expresividad. Todo eso se evapora, por el contrario, cuando emerge un Teseo representado por Alejandro Granados. Primero en los tientos y, luego, en unos jaleos en los que se muestra saltarín y desbocado, tampoco convence. Al hallar a su hijo muerto y destapar la traición de su esposa, Teseo/Granados se apunta sin remisión a la pobre teatralización que impera en la escena, que no termina de romper ni por lo teatral ni por la vía del baile flamenco.

En el haber de la decepcionante propuesta, sin embargo, es digno de alabanza una vez más el trabajo coreográfico loable y coherente de Javier Latorre. Aquí vuelve a demostrar el cordobés su maestría en el movimiento grupal, coral, y ciertamente las cuatro parejas que componen el cuerpo de baile se mueven como un todo, con una ocupación del espacio escénico equilibrada y sincronizada. No hay que desmerecer tampoco el trabajo de Carmelilla Montoya, que ejerce, con mejor o peor suerte en cada momento, de 'ama' para todo: baila, canta e interpreta hasta el punto de acabar casi afónica. Otra joyita a descubrir entre tanta pantomima.

Baile: Lola Greco (Fedra), Alejandro Granados (Teseo), Amador Rojas (Hipólito), Carmelilla Montoya (Ama), Estefanía Ruiz (Aricia). Cuerpo de baile: Olga Aznar, Guerau Cabrera, Hugo López, Ricardo López, Verónica Llavero, José María Maldonado, Marta Nogal, Estafanía Ruiz. Cante: Morenito de Íllora. Guitarra: Iván Losada. Percusión: Lucky Losada. Coreografía: Javier Latorre. Música: Enrique Morente. Voces grabadas: Enrique Morente, Estrella Morente. Espacio escénico: Andrea D'Odorico. Iluminación: Juan Gómez Cornejo. Vestuario: Miguel Narros, Almudena Rodríguez. Sonido: Alberto Alejos. Dirección: Miguel Narros. Día: 28 de febrero. Lugar: Teatro Villamarta. Aforo: Lleno.

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