La Crítica | 'Cuentos de azúcar' Quien manda, manda

Imágenes del espectáculo 'Cuentos de azúcar' de Eva  Yerbabuena

Imágenes del espectáculo 'Cuentos de azúcar' de Eva Yerbabuena / foto©Miguel Ángel González (Jerez)

Hay artistas a los que, de alguna manera, se le consignan ciertos privilegios, simplemente por el respeto a la grandeza y trayectoria que acumulan. ConEva Yerbabuena pasa. Desde aquel ‘Heridas al aire’, su primera aparición por Villamarta, la bailaora ha ido mostrando, a través de más de veinte años, su crecimiento profesional en este Festival, que ha sido siempre un escaparate y una casa para ella. Son muchas las propuestas que han desfilado por Jerez, y en todas ha dejado patente que estamos ante una artista genial, con una capacidad creadora y coreográfica aplastante pero sobre todo una bailaora de los pies a la cabeza.

Sin quitar mérito a su inventiva, porque en sus espectáculos hemos visto verdaderas maravillas estéticas, dancísticas y musicales, si hay algo que distingue a Eva Yerbabuena es el flamenco. Ahí es imparable.

‘Cuentos de azúcar’, donde se transporta por momentos al Japón más tradicional, es otra prueba de ello. Sin fusionar, simplemente sucediendo pinceladas de una y otra cultura, la granadina nos acerca al fascinante mundo nippon y lo hace con un hilo conductor en el que la música cobra protagonismo, de un lado con la maravillosa guitarra de Paco Jarana y de otro, la voz de Anna Sato, dotada de gran personalidad y desgarro. En medio, las gargantas imponentes de Miguel Ortega y Alfredo Tejada (vaya tanda de medias granaínas que se marcaron), y los sonidos percutivos de Antonio Coronel, Kaoru Watanabe (con el clásico taiko o tambor japonés) y Rafael Heredia, sonidos que, en esa línea cultural asiática, a veces se vuelven excesivamente repetitivos, como también ocurre en algunas escenas que llegan a ralentizar el ritmo. El otro gran pilar del montaje es la coreografía, otro detalle habitual en sus creaciones. Así, es digno de elogio el número con el que Eva y Fernando Jiménez abren el espectáculo, todo un ejemplo visual y de ejecución; al igual que la aparición posterior del bailarín sevillano, con claro acercamiento a la danza contemporánea, y el paso a dos que ambos interpretan.

Sin quitar méritos a todo esto, a ‘Cuentos de azúcar’ la engrandece de nuevo el flamenco. Sí, para entendernos, cuando Eva Yerbabuena se convierte en el epicentro del mismo. Su sapiencia y desarrollo artístico le permiten oscilar en sus ejecuciones, es decir, mientras que la excelente caña la muestra bajo paradigmas estéticos más actuales, los tangos y las alegrías no pueden ser más flamencas. Es más, el hecho de terminar el espectáculo con esos aires por Cádiz acaban por dejar al público un regusto exquisito, simple y llanamente porque no se puede bailar mejor.

En los tangos, Miguel Ortega y Alfredo Tejada, dos maestros del cante, pasan por Triana o El Piyayo, mientras Eva saca a relucir su fino braceo y su femenino movimiento de hombros creando un climax que se complementa con los cantes tradicionales japoneses que ejecuta Anna Sato. En las alegrías, la bailaora se gusta, es como un sol que da luz al resto de integrantes, pero qué sol. Templa el baile y ofrece una lista de infinitos recursos que acabaron por levantar al público. Sólo por eso, Eva sigue siendo Eva.

Eva Yerbabuena - Cuentos de azúcar from Festival de Jerez Televisión on Vimeo.

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