Ernestina Van Noort. directora de la bienal de Holanda

"El Festival y la Biënnale vamos a abrir nuevas vías de colaboración"

  • "Hacía cinco años que no venía a Jerez, la muerte de Morao me marcó mucho, fue un embajador para mí", asiente Van Noort.

Ernestina Van Noort, directora de la Bienal de los Países Bajos, tiene una especial predilección por Jerez. No esconde que en su vida diaria "Jerez está muy presente. Y ahora que he vuelto lo he podido comprobar". Lo reconoce tras casi cinco años sin pisar esta tierra. "Me ha costado venir simplemente por una cuestión sentimental. La muerte de Morao me dolió mucho, me marcó, pasamos mucho tiempo aquí con el documental 'el cante bueno, duele' y para mí Morao era como un embajador", recuerda emocionada.

Su conexión con la ciudad se remonta a "los años 80 cuando vine la primera vez a dar un curso de bulería con Angelita Gómez", y también a "las veces que he venido como periodista", asegura.

Sea como fuere Van Noort aprovecha cada visita para empaparse "del ambiente que se vive aquí, de La Gitanería de Mateo Soleá, de mi amigo El Tate Diego Carrasco, bueno y ahora de la peña Luis de la Pica que la conocí el otro día y me ha encantado". Además, a lo largo de las distintas ediciones de la Flamenco Biënnale, el flamenco de Jerez ha sido protagonista. "Sólo esta última edición no pude a llevar a gente", comenta.

Su visita esta vez también es producto de las buenas relaciones existentes entre la institución que dirige y el Festival de Jerez, con el que ya planea establecer nexos más fuertes. "Hemos estado hablando con Isamay (Benavente) y el Festival de Jerez para establecer colaboraciones en el futuro, aunque lo hemos pospuesto para cuando termine. Es importante hoy día intercambiar ideas y poder coproducir".

Además, su estancia en la ciudad le ha permitido cerrar parte de las actuaciones que se realizan en los Países Bajos previas a la Biënnale cuya sexta edición se celebrará en 2017. "En el año off de la Biënnale organizamos normalmente lo que llamamos Intermezzos flamencos, que los componen tres ciclos de conciertos. Normalmente lo hacemos en salas medianas o pequeñas y con jóvenes valores o artistas emergentes. Además, como la última Biënnale hemos traído a los mejores en los grandes espacios, tenía muchas ganas de traer a artistas a espacios íntimos, por eso he decidido llamar a Diego del Morao y a Antonio Reyes, un cantaor que vi en la Bienal de Sevilla y me encantó".

"Vamos a hacer unos cuatro o cinco conciertos, uno en La Haya, que organiza siempre la embajada holandesa el día de San Nicolás y a la que acuden muchas personalidades, otra en Rotterdam, donde también quiero llevarles al conservatorio, en la sala de jazz Bimhuis de Ámsterdam, la sala Rasa en Utrecht y bueno, si las fechas me lo permiten busco también en Bélgica", reconoce.

La directora de la Biënnale holandesa la considera "un proyecto consolidado", y presume "de enfocar las cosas de manera distinta, sobre todo porque no tengo ataduras a la tradición". "Siempre he utilizado esa plataforma para gente ya hecha como Andrés Marín o Belén Maya, gente nueva en el género y también para experimentos y diálogos interculturales donde el flamenco es la base. El ejemplo más claro ha sido Qasida, que de hecho, el Festival ha sido el primero en apostar por un producto él y ahora está girando internacionalmente; o lo que hicimos en última edición con Ultra High Flamenco, a los que puse en contacto con músicos de Holanda creándose un diálogo interesantísimo".

Como en España, lo más complicado "es el tema económico, en Holanda ha hemos tenido un 40% de recortes", aunque en estos diez años "hemos conseguido conquistar nuevos públicos y también a programar en salas donde no había flamenco. En Holanda la gente está habituada a oír música clásica, jazz, músicas del mundos, pero no flamenco. Nuestra propuesta ha logrado romper esa mentalidad, y ahora tenemos un público curioso que se interesa de la misma manera por un cante jondo de Jerez que por los experimentos de músicas".

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