XXIII Festival de Jerez | La Crítica 'Granada' Otra mirada a Granada

Imágenes del espectáculo 'Granada' de Fuensanta la Moneta Imágenes del espectáculo 'Granada' de Fuensanta la  Moneta

Imágenes del espectáculo 'Granada' de Fuensanta la Moneta / foto © Miguel Ángel González (Jerez)

A Fuensanta La Moneta no la vamos a descubrir a estas alturas. Con una trayectoria amplia y unas condiciones innatas para bailar, a la granadina la hemos visto crecer y madurar en este Festival. Sobre el escenario es un tsunami, porque conjuga sabiduría dancística con pura improvisación, es de esas artistas capaz de levantar el vello en una buena noche.

Su última propuesta, ‘Granada, sólo tiene salida por las estrellas’, un título que toma de un poema de Federico García Lorca, es su particular visión de su tierra, de sus poetas, de sus artistas, pero también de sus influencias, esos que han marcado su crecimiento personal y profesional.

Sin un hilo argumental y una escenografía minimalista, sólo se apoya en proyecciones, La Moneta se dedica a bailar, se desgasta y se exprime hasta más no poder a lo largo del espectáculo, en la que la vemos bailar por bulerías, por alegrías, por soleá y por tangos.

Su danzar es poderoso y sensual cuando se acerca a los tangos, con los que cierra el montaje, es vivo, agresivo e intuitivo por bulerías (sin duda lo mejor de la noche), es femenino por alegrías y es dulce y mesurado por soleá. Su dominio corporal es grande, bracea, mueve los hombros, la cadera... y ofrece una amalgama inagotable de recursos técnicos e improvisados.

Sin embargo, a la hora de poner todo en escena algo falla. El espectáculo es austero y mal estructurado, con bailes demasiado largos y números impropios de un escenario como el Villamarta. Da la sensación de que se está en la Sala Compañía, donde a veces, sobre todo en los artistas noveles, se utilizan elementos más rudimentarios, del flamenco más tradicional. Para entendernos, de tablao. Como ejemplo, el protagonismo que otorga a la guitarra (se entiende que como recuerdo a maestros como Juan y Pepe Habichuela o Marote), con tres intervenciones solistas por parte de Paco Cortés, Álvaro Martinete y Víctor Tomate. Cada uno se gusta con un sólo. Así, mientras Paco Cortés lo borda, con su toque clásico, la soleá, el joven Álvaro Martinete soprende a todos con una malagueña espectacular, limpia en la ejecución y contundente en la pulsación, y Víctor Tomate remata la faena con unas bulerías marca de la casa. Sus aportes, independientemente de su perfección, acaban con el ritmo del montaje, que se vuelve lento y con transiciones poco cuidadas.

En su guiño particular a su tierra, Fuensanta se acuerda de Carlos Cano, con cuya ‘Habanera imposible’ a capella arranca el espectáculo, rinde pleitesía a Enrique Morente, con algunas de sus letras, y recuerda a Mario Maya y Pepe Heredia Maya usando las letras por alegrías de aquel histórico ‘Camelamos naquerar’.

Es verdad que como bien decía la bailaora, ha querido alejarse del tópico, pero sí es cierto que en ese paso de la idea a la escena hay algo que no conecta.

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