XXV Festival de Jerez Sensibilidad simétrica

Florencia e Isidora O'Ryan, durante la función.

Florencia e Isidora O'Ryan, durante la función. / Manuel Aranda

La sensibilidad de dos almas gemelas se unieron ayer a mediodía en los Museos de la Atalaya, en un escenario diáfano en el que solo pudo apreciarse muestras de calidad artística por parte de dos hermanas que volvían a coincidir tras quince años separadas. Nada como utilizar los recursos precisos para no perder el tiempo, expresando así lo justo y necesario para no agotar al respetable. Cuando lo que se percibe desde las tablas emociona de forma tan evidente, cada minuto que sobre se traduce en pérdidas. No fue este el caso.

Florencia Oz e Isidora O’Ryan, de orígenes chilenos, dibujaron sobre la escena los paisajes de la belleza más desnuda y sincera. Tres cuartos de hora sirvieron para evidenciar el nivel expresivo de estas artistas que marcaron el tiempo a través de la compenetración emocional, así como de la simetría visual. Y es curioso porque cada una de ellas marca su territorio. Las diferentes caras de una moneda.

En ‘Antípodas’ redescubrimos la esencia de dos ángeles frágiles envueltas en la sempiterna magia que aportan las ideas de David Coria, que asume la dirección de la propuesta y que asiste como público tras haber triunfado en Jerez con ‘Fandango’. No era el único artista en el patio de “sillas”, también andaban por allí Rafaela Carrasco o Manuel Liñán, que vitorearon a las protagonistas al finalizar. Habría que destacar, dicho sea de paso, el incremento de presencial de aficionados de fuera, algo poco habitual en esta edición marcada por la pandemia.

Florencia, endiosada por la dulzura, asumió la parte más dancística, mientras que Isidora alzó sutilmente la voz para poner música y cante, así como demostró su exquisito pundonor con el chelo.

Se mueven, divergen, se unen, comparten, vuelven a desligarse, se abrazan... llegan a la cúspide del buen gusto con movimientos bien construidos y con un hilo musical que no se separa de lo hermosamente armonioso.

Una vez que empiezan y dejan claro el trasfondo de sus conceptos, que en realidad es uno solo, se envuelve cada una de ellas en una falda de papel kraft (aparentemente) para aportar simplicidad al mensaje. Todo camina en el equilibrio que nos mantiene atentos ante tanto encanto. Nos encontramos ante una de las revelaciones del esta vigésimo quinta edición

El lenguaje se acerca a lo contemporáneo, aunque suena la guajira, además de un soniquete que nace de una pequeña tarima llena de panderetas de la que ambas extraen ese contrapunto enérgico que provoca el zapateado de Florencia. Sobrevuelan la fantasía poética hasta coincidir en un solo ser que les permite finalizar un montaje brillante.

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