XXV Festival de Jerez Muros de sensaciones

María Pagés, en un momento del espectáculo.

María Pagés, en un momento del espectáculo. / Manuel Aranda

María Pagés en estado puro. Así podríamos resumir ‘El paraíso de los negros’, la última creación de la coreógrafa y bailaora sevillana, una obra en la que se muestra fiel a esa manera de concebir el arte, y donde la estructura argumental es una auténtica montaña rusa de sensaciones. Sin seguir un patrón constante, Pagés se sustenta en cuatro pilares fundamentales. De un lado la dramaturgia de El Arbi El Harti, de otro una iluminación minuciosa y que engrandece cada apunte de la obra, en tercer lugar, la música, una auténtica banda sonora, y en cuarto, su baile.

Así discurre ‘El paraíso de los negros’, dividido a su vez en diez escenas en las que se intercalan diferentes conceptos y lenguajes, desde la música arábiga a la clásica, y por supuesto el flamenco, gracias a las voces de Ana Ramón y Sara García.

Además, y es algo que en los últimos tiempos también se ha convertido en un rasgo inherente a María Pagés, a lo largo de la obra encontramos la teatralización, por lo que la artista no sólo se conforma con aportar ese majestuoso bracear con el que está dotada, sino que añade su propia palabra y la poesía.

De su baile poco podemos decir a estas alturas de su carrera, porque si algo tiene esta artista es su capacidad para llenar la escena, gracias a su planta y a ese dominio corporal que la hace imponente. Lo demuestra al principio, con el manejo de un velo, con el que consigue, al margen de un gran impacto visual, una faceta etérea y misteriosa; y al final, quizás los dos momentos cumbres de este ‘Paraíso de los negros’, en otra de sus clásicas estampas, con un braceo infinito y llamativo, que termina por acabar con el muro y las barreras que le tienen atadas.

Pero además de eso, María exhibe también su lado más flamenco, bailando por tarantos, y tangos, y bulerías y dando una clase magistral de castañuelas, a las que echábamos de menos en esta edición del Festival. Todo condimentado con un potentísimo trabajo musical, gracias en parte a la labor del chelo de Sergio Menem (extraordinario junto a Pagés en la pieza ‘Bailando con Jacqueline’ con música de Gabriel Fauré) y el violín de David Moñiz, y en parte a la guitarra de Rubén Levaniegos y las voces de Ana Ramón y Sara García, que además tienen que lidiar (y muy bien por cierto) con textos adaptados para tratar de contar un relato.

Todo ello configura esta nueva creación de la artista sevillana, que sigue destacando por su puesta en escena y su originalidad en muchos de sus pasajes, consiguiendo que la hora y veinte minutos que dura la misma se pasé rápidamente gracias a su dinamismo.

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