Festival de Jerez

Maya, inmortal

Mario Maya Fajardo (1937-2008) dio su última pataíta en Jerez, en el Villamarta. Con lo que detestaba las patás en el baile. Devoto de Pilar López, su maestra, quien siempre le interesó “muchísimo”, fue defensor de la técnica y la disciplina férrea, pero dio su última pataíta en esta bendita tierra. Aquello fue hace apenas unos meses. Era la clausura de Mujeres, considerado como el mejor espectáculo del pasado Festival de Jerez y en el que el gran maestro, bailaor y coreógrafo cordobés se encargó de coordinar en escena a tres piedras preciosas del baile femenino:Merche Esmeralda, su hija Belén, y Rocío Molina.Pasado, presente y futuro. Fue el inopinado último vals de Mario Maya. En Jerez, en el Villamarta.

Un día antes de esa última vueltecita escénica, de colgar definitivamente las botas, apenas hace unos meses, el revolucionario y visionario gitano, uno de los hombres que dignificó y acercó la música jonda a los teatros a través, por ejemplo, de la danza-teatro flamenca, intercambiaba impresiones con este Diario en una entrevista. Maya insistía en su preocupación por la falta de interés hacia lo invisible, hacia aquello que se mueve en el extrarradio de la mercadotecnia. “Andalucía, en su gran mayoría, no en la minoría, desprecia lo que desconoce”, concluía.

Afincado en Sevilla y granaíno de adopción, Mario sentía profunda admiración por Jerez, de la que conocía bien su “nocturnidad”. “Me he emborrachado un par de veces con Grilo”, admitía divertido, antes de reconocer abiertamente que “el flamenco no da para forrarse”. “Si llegas, en el transcurso de tu vida, a ser equitativo con tu forma de vivir te puede dar una tranquilidad, como en mi caso. Trabajo porque me interesa y porque si no me sentaría en frente de la televisión y engordaría... Horrible. Pero si no lo hago, tengo lo suficiente como para vivir”, abundaba Maya con clase.

En ese momento, el gran maestro español del baile, retratado de forma inmortal por Saura en Flamenco, ya advertía que le daba “jindama” viajar tanto, “son tela de viajes...”, y reconocía que el palo jondo que más respeto le imponía era la seguiriya, “porque tiene un compás el cual hay que saber emplearlo”.

Su repentina muerte ha sorprendido de lleno al mundo del flamenco en Jerez. No eran muchos los que mantenían relación con el maestro en nuestra ciudad, aunque los pocos se sentían privilegiados.

De todos, quien más estrechamente trabajó con él fue Francisco López, director general de la Fundación Teatro Villamarta e impulsor del Festival de Jerez.

López conoció al bailaor mientras dirigía el Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba y el Festival de Guitarra y posteriormente trabajó con él codo a codo en el montaje, como director artístico, de su espectáculo Requiem Flamenco. El cordobés comenta sobre él que “era una persona que sentía el flamenco y realizó grandes avances en los escenarios con este arte. Lo triste es que después de los Gades, Granero, Maya o Pilar López no viene nadie, se ha abierto un agujero que la siguiente generación no ha podido ocupar, esperemos que gente como Eva la Yerbabuena o María Pages empiecen a tomar el relevo”.

De él, Francisco López recuerda que “sobre todo trabajaba el flamenco de corazón. No le preocupaban los contratiempos ni los pasos, es más, a veces se enfadaba con los alumnos que le pedían que les enseñase un paso. Prefería la esencia y la tradición y todo eso trasladarlo al flamenco, buscaba siempre un por qué a las cosas. Eso hoy no se hace, se prefiere depurar la técnica, no se busca la esencia, por eso con su pérdida el flamenco se queda vacío”.

“Para mí-continúa- Mario Maya ha sido una figura fundamental en la evolución del flamenco en el escenario. Era un hombre al que siempre le gustaba investigar todo lo relacionado con la muerte, de hecho en Requiem había un discurrir de la muerte hacia la vida. Es curioso, porque pese a ello la muerte le ha sorprendido”.

También pudo vivir in situ experiencias inolvidables Joaquín Grilo, quien de su último encuentro con el maestro guarda una historia anecdótica. “Fue durante el Festival, nos fuimos de juerga y de vuelta se dejó un libro en el taxi. Al día siguiente le llamé y me dijo, quedatelo, la próxima vez que nos veamos me lo das. Ahora lo conservaré como un recuerdo”.

El bailaor jerezano coincidió con él en el espectáculo Andalucía y sus Provincias, un montaje que sirvió para abrir la Bienal 2006 y en el que junto a Alfredo Lagos, Capullo de Jerez y Fernando de la Morena representaron a Cádiz.

La pérdida es “muy grande”, comenta Joaquín, “imagínate, se ha ido un maestro del baile que ha marcado época. Ha sido un revolucionario del baile cuya virtud es que siempre creyó en lo que hacía, fue fiel a sus formas y ha significado mucho para la danza y el flamenco”.

“Con él te podías llevar hablando horas y horas, y recuerdo que una de sus convicciones más firmes era que el bailaor flamenco debía seguir vistiendo pantalón alto, chaquetilla y camisa con chorrera. Le molestaba ver a los bailaores actuales con chaqueta y pantalón”.

Algo menos roce tuvo otras de las grandes del baile, Angelita Gómez. Para ella, su adiós supone “la pérdida de uno de los artistas más grandes del último siglo. Como bailaor y como coreógrafo era excepcional y siempredefendió sus ideas. Se atrevía a hacer cosas que nadie intenbaba y eso le hizo ser grande”.

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