XXIII Festival de Jerez | La Crítica Pepe del Morao El aire virtuoso de Pepe del Morao

Pepe del Morao en Sala Paul Pepe del Morao en Sala Paul

Pepe del Morao en Sala Paul / Manuel Aranda

Pepe del Morao advirtió el día antes de su actuación que uno de sus objetivos, como le ocurre a cualquier músico, es definirse a partir de su personalidad. No lo tiene fácil llevando el sobrenombre de su familia, a la que define un denominador común: el aire. ¿Y qué es el aire? Pues un conjunto de elementos y factores rítmicos y técnicos que conforman un estilo único de compás. Este es el valor más preciado para cualquier jerezano que se dedica al flamenco. El nieto de Manuel Morao mantiene vivo ese vendaval de soniquete que arrasa volviéndonos a todos loco.

Partiendo de esa base, sí es justo reconocer que desde la defensa de lo primitivo Pepe construye su propio lenguaje desde una guitarra de peso, siempre bien afinada y con el sabor de su barrio de Santiago. Es virtuoso y carismático. Asistimos en estos años a la renovación de una saga de oro, partiendo del gran Manuel, y su hermano Juan, hasta pasar por Moraíto y los posteriores Diego del Morao y el propio Pepe. Una familia ésta que sabe hacer cantar, crean su música desde el universo gitano y, por ello, han sido y siguen siendo reclamados en los mejores encuentros.

El pasado viernes cerró el 23 Festival de Jerez, en Sala Paúl, bien de aforo y, a pesar de algunas dificultades de sonido y otras impertinencias del directo, el guitarrista consiguió derramar toda la esencia en ese escenario que por momentos de quedaba pequeño. Mantuvo la concentración y desde la rondeña inicial, refrescaba sus cuerdas con pasión y mucho amor. Un concierto bien estructurado, permitió a Pepe componer su obra encima del escenario. Toda una vida en esto y llega el momento de conocerlo en la faceta que creemos que más le ilusiona: protagonista de su propio recital de guitarra. Ha estado en facetas de producción y dirección, acompañando al cante, y, ahora, como solista. Pero no se desenvuelve solo, lo hace de la mano de Periko Navarro, a la percusión, Ignacio Cintado, al bajo, o las palmas de Juan Diego Valencia y Manuel Cantarote (muy habituales ya como dúo).

Suena la soleá por bulerías, y también tangos, a los que suman sus voces de azúcar Tomasa y María Peña, en una colaboración preciosa. La soleá sirve para el reencuentro con la arpista Ana Crismán, cuyo mensaje no deja de ser hiriente, y la voz de José ‘El Mijta’, también por seguiriya, hace crujir las paredes. Bernardo Parrilla, ese “genio” como dijo Pepe, lleva la magia en su violín, por tangos (’Yo soy de Jerez’, estrenados en la edición 50 de la Fiesta de la Bulería) y fandangos. Y por bulerías el guitarrista exprime su alma en un resumen histórico, en un repaso cronológico por sus genes. Diego del Morao, el mago Diego, no falta a la cita y se suma a otras bulerías con las que despedimos el certamen y nos deja el brillo en los ojos del gran rato de música que hemos disfrutado.

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