XXIII Festival de Jerez | La crítica 'Horas contigo' De profesión, Rubén Olmo

O se nace o no se nace. Sí, la elegancia no es una virtud que se adquiere, y en eso Rubén Olmo tiene mucho que decir. Tanto que no se puede plantear un espectáculo con más gusto, gracia o finura, como lo quieran llamar. De una manera íntima y simple, el sevillano ha montado ‘Horas contigo’, donde reflexiona sobre sí mismo y sus horas en el estudio. Lo hace con una verdadera maravilla musical y dancística, en la que repasa algunas de las coreografías más significativas de sus últimos años, momentos que a la vez comparte con artistas como Eduardo Leal y Patricia Guerrero, dos complementos idóneos para su propuesta.

Su discurso denota un conocimiento enorme de la danza, tanto con la zapatilla como con el tacón, algo que despliega a lo largo de ocho números, perfectamente engarzados y donde en ningún momento se pierde el ritmo del espectáculo, pese a que no se sigue ningún hilo conductor.

La fuerza de su arranque, rodeado de proyecciones que van cambiando conforme avanza la noche, demuestra que no especula, todo lo contrario, va directo a la sensibilidad de cada espectador. Todo contrasta con un primer acercamiento a lo íntimo, en el paso con capote que exhibe conEduardo Leal, que se convierte en el atisbo de lo que se nos viene.

De la quietud, se pasa al ímpetu de los tarantos, ese primer baile que montó y en el que descubrimos las influencias del maestro Manolo Marín. Se gusta cuando escucha el cante de Cheíto, bracea con parsimonia y ofrece un dominio de los pies abrumador, tanto que el público, en el remate por tangos, aplaudió más de una vez.

Del flamenco a la investigación, a esa ‘Falsa farruca’ coreografiada en su día por Israel Galván y que está cargada de connotaciones ‘galvánicas’. Con la gaita de Rubén Díaz como único soporte, Rubén Olmo deambula por ese universo rectilíneo de su paisano que se combina con una gran técnica y manejo corporal y con toques de humor que terminan enganchando al patio de butacas.

En plena eclosión, el espectáculo, tras una pincelada del piano de Alejandro Cruz y las castañuelas de David Rodríguez ‘Chupete, muy aplaudidas, gira hacia el barroco de la composición firmada por Estévez y Paños, ‘Sonatas del Padre Soler’, para aquel espectáculo que ya pasó por Villamarta en 2010. Estamos ante un ejercicio de equilibrio y sobriedad y donde la danza (guiada por el piano de Alejandro Cruz) adquiere el protagonismo principal. Rubén se mueve con soltura, ejecutando cada uno de los pasos con seguridad y estilo.

Es tiempo entonces para ver un vendaval, un torbellino llamado Patricia Guerrero. Con un vestuario especialmente conseguido y llamativo, la granadina se hace desde el principio con la escena y después de una rica carta de presentación, donde se alimenta de los silencios, se marca un paso a dos con Rubén cargado de recursos y energía.Es como esa película de cine mudo, que pese a no tener sonido, consigue atraer al espectador, es el ‘locus amoenus’, como se denomina la pieza, de ambos. Una maravilla, que culmina con un final elegantísimo.

Sin perder la cara al espectáculo, Eduardo Leal y Rubén Olmo vuelven a encontrarse en el lado más cercano, con un paso a dos coordinado y de gran dificultad. Pero falta el postre, aquel pájaro de fuego que nos encandiló a todos hace unos cuantos festivales (’Tranquilo alboroto’), regresa al Villamarta. El mantón, el ave fénix, nos muestra a un artista estilizado y voraz con una sutileza en su vuelo y un manejo notable. Grande Rubén Olmo.

Rubén Olmo- ‘Horas contigo’ from Festival de Jerez Televisión on Vimeo.

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