Andalucía, bendita y eterna
Este espectáculo, la segunda producción original de Patricia Guerrero al frente del BFA, es un recorrido por los territorios del cante y el baile en Andalucía
Imágenes del Ballet Flamenco de Andalucía 'Tierra bendita'
El Ballet Flamenco de Andalucía, la compañía pública que lleva el sello del baile andaluz por todo el mundo, ha presentado la segunda producción de las cuatro creadas desde que la bailaora granadina Patricia Guerrero llegara a la dirección del ballet en 2023. Bajo el título Tierra bendita y con Eduardo Leal como maestro repetidor, la obra se presenta como un recorrido por los cantes y bailes más representativos de la comunidad, siendo el título del espectáculo un tema compuesto para la ocasión por el guitarrista Dani Morón.
La ventaja de contar con Patricia Guerrero al frente del ballet es que la compañía está liderada por una bailaora excepcional que está sabiendo dejar su impronta personal. Una buena guía para trabajar con rigor y gracia a partes iguales. La bailaora, en esta etapa de su trayectoria artística, ha aparcado sus producciones propias y es inevitable echarla un poco de menos, aunque la lectura positiva de esta falta es que la granadina es lo suficientemente generosa como para integrarse en la compañía sin hacer demasiado ruido. Están sus maneras, está su forma de bailar y sus coreografías, pero se las cede al ballet al que arropa y dirige, pasando ella a ser una más, con momentos de protagonismo discretos. Estas formas de Guerrero son palpables desde los primeros instantes del espectáculo. No está pero se la ve.
Tierra bendita se desarrolla a modo de suite con doce escenas que nos van llevando por estos rincones de Andalucía. El cuerpo de baile, integrado por Adriana Gómez, Álvaro Aguilera, Ángel Fariña, Araceli Muñoz, Arturo Fajardo, Claudia ‘La Debla’, Hugo Aguilar, María Carrasco y Sofía Suárez demuestra estar a la altura de lo esperado en un ballet de estas características. Aún así, siempre resulta impactante ver una resolución técnica de tanta excelencia, con bailarines que demuestran personalidad propia unidos por una perfecta sincronía.
Entre tangos y tanguillos arranca la primera parte de la propuesta, que pronto llega a un culmen con el solo de castañuelas interpretado por David ‘Chupete’. Me atrevería a decir que ha sido la ovación espontánea más intensa de todo los espectáculos que llevamos de festival, y es que el percusionista ha hecho alarde de un compás prodigioso coronado por un número redondo por parte del elenco. Tierra bendita ha contado con el cante de Amparo Lagares y Niño de Gines, que han estado al nivel del cuerpo de baile -no es raro que en los ballet haya cierto desfase entre cante y baile, pero aquí está en perfecto equilibrio-, y también con las guitarras de Jesús Rodríguez y José Luis Medina.
A lo largo de este recital, impactan los fandangos y la granaína protagonizada por Ángel Fariña y Adriana Gómez, una evocación al Paseo de los tristes de Granada. Patricia Guerrero narra y baila un poema de Manuel Benítez Carrasco dedicado a Ramón Montoya, siendo esta la segunda vez en el festival que se invoca al guitarrista, la primera fue con Estévez y Paños en Doncellas. Es en el cierre del espectáculo cuando la directora del BFA llena con su baile el escenario, y justo cuando empezamos a disfrutarla, la bulería por soleá llega a su fin.
Este Tierra bendita nos lleva a escenas costumbristas tirando de algunos tópicos regionales, aunque estas referencias resultan sutiles e incluso en la mayor parte del espectáculo el escenario respira prácticamente desnudo. En ese sentido y en comparación con Pineda, que inauguró el festival en la pasada edición, se agradece que la compañía aligere la escenografía.
Más allá del evidente virtuosismo, del buen gusto en todos los números y transiciones -qué manera tan bonita de entrar y salir del escenario, cuidando hasta el último suspiro-, y entendiendo que la compañía pública tenga entre sus objetivos difundir la cultura andaluza, me pregunto si estos rincones de Andalucía se podrían mostrar desde una visión menos tradicionalista. Es una duda que me rondaba la cabeza mientras veía este viaje del BFA, en el que claramente están presentes los “quejíos ancestrales, las arraigadas costumbres o la estética del XVIII”, como reza el programa, pero en el que me pierdo más si nos trasladamos a la Andalucía actual. El solo de castañuelas me acerca más y me lleva por caminos por los que encuentro una mayor diversidad de estos rincones pintorescos. Es una pregunta que no solo lanzo para este Tierra bendita, sino que me ronda constantemente, más en estos días, cuando pienso en el imaginario andaluz.
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