Jerez Íntimo
Marco Antonio Velo
Jerez: las Carreras Oficiales de Andalucía, mañana en la Academia de San Dionisio
En ‘Poética de las heridas’ José Manuel Caballero Bonald proclamó que “todo es superfluo, menos la regulación secreta del lenguaje”. Como contrapartida, y adaptando a la inversa su significación, podríamos asegurar a pies juntillas que en el mundo de las cofradías nada es superfluo y menos aún la codificación -secreta o no- de sus genuinas claves lingüísticas. Por esta directa y a veces dilecta razón, cuando nos referimos a la carrera oficial -sea cual fuere el gentilicio de su apellido y quienquiera que la pronuncie- enseguida salta a la palestra -como una totalizadora deflagración de la recurrencia del debate- toda una suerte de opiniones confrontadas a partir de la pimpante blancura del libro de los gustos. Demos a los mentideros cofradieros un punto de apoyo temático y, si la asignatura es manida y de sobras cacareada, ábrase el sésamo de la tertulia desde el frontal espíritu de la contradicción. La carrera oficial -no habló exclusivamente de la jerezana- por lo común nunca granjea el favor de la unanimidad. Ni por asomo el respaldo de las mayorías absolutas. Su trazado -al margen de la ciudad que la reconstruya- es como un ojo de tifón de dictámenes de libre albedrío. Un punto de desencuentro sin tampoco horadar grietas insalvables ni perforar heridas que derramen sangre sobre el río de la discordia. Ejerce frecuentemente de diana amable, acorchada, acolchonada, de propios y extraños, de tirios y troyanos, de puristas y advenedizos. Pero sin elevar la materia a esa categoría extrema a la que, agónicos, vez tras vez algunos cofrades aúpan asuntos más o menos superficiales: esto es: a cuestión de Estado.
La carrera oficial -hija de la localidad que usted, preclaro lector, decida colocar en esta misma frase- nace indefensa, obediente y enmudecida. Teledirigida. Pues emerge tal cual otros la dibujaron. Anualmente y predestinada a su unilateral y efímera funcionalidad: crece, se reproduce y muere de Ramos a la Resurrección. Suele despedirse a la francesa dejando tras de sí, a la vuelta de la esquina, el chirriar de la nostalgia que provocan las llantas y los llantos de los automóviles circulando sobre las gotas de cera del fugitivo tiempo -ya concluso- del gozo. La carrera oficial acumula por lo común tantos horarios como retrasos insignificantes -salvo casos de padre y señor mío-. Su itinerario suele ser fijo discontinuo pues dura lo que el mandato de un Consejo de la Unión de Hermandades -o dos, a lo sumo-. La carrera oficial nada encubre, salvo determinadas conversaciones prohibidas de no pocos usuarios de los palcos. Rara vez aludimos a la heroicidad -congénita, paciente y sacrificada- de la carrera oficial. Sin su concurso, las estaciones de penitencia no cuadrarían en orden ni concierto, y la improvisación calzaría con la prueba del laberinto de un maremágnum de recorridos encontradizos. Tampoco valoramos su naturaleza maternal cuando, risueña, abre los acogedores brazos a la triunfante llegada de las nuevas cofradías. La carrera oficial tuvo dos madres: la coherencia y la sensatez. Y varios padres: verbigracia la de Jerez: Juan de Mata López de Meneses, Manuel Martínez Arce, el padre Francisco Corona Humanes…
Pues bien: apunte usted, jerezano, sin más dilación, en su agenda personal: mañana jueves, a las siete y media de la tarde, la sede social de la Real Academia de San Dionisio de Ciencias, Artes y Letras… acogerá -¡presten atención!- la presentación del libro ‘Las Carreras y los recorridos Oficiales de la Semana Santa de Andalucía’. Si a usted le apetecía chocolate de máxima calidad, aquí se le sirve tazón y medio. El autor de esta obra de veras interesante -por inédita y por trabajada a fondo- es el reputado escritor sevillano Jesús F. Creagh Álvarez de Toledo, quien muy joven y a temprana edad -28 años- ya ocupara el cargo de hermano mayor de la Hermandad de la Cena. Formó parte asimismo del Consejo de Cofradías de Sevilla. Durante una fecunda etapa ocupó la presidencia del Colegio de Administradores de Fincas. Amén la ingente labor a efectos de publicación de artículos cofradieros en prensa y la autoría de obras como ‘La profecía de Sevilla’, ‘Esto no estaba en mi libro de Historia de Sevilla’ o ‘La undécima plaga’. En 2018 recibiría de manos del Papa Francisco la medalla Pro Ecclesia et Pontifice, entregada por el entonces arzobispo Juan José Asenjo. Su estudio sobre las carreras oficiales de Almería, Cádiz, Córdoba, Granada, Huelva, Jaén, Málaga, Sevilla, Guadix y Jerez aborda el origen, evolución histórica, transformaciones urbanísticas y el papel en la organización moderna de las hermandades. Quienes se sumerjan en estas páginas de incienso y venia concedida enseguida encontrarán rigor histórico, documentación gráfica y una exhaustiva consulta de archivos, estatutos, reglamentos y ordenanzas. Nadie se retrase mañana: todos concurran a la hora señalada para la firma en el palquillo de toma de horas de la calle Consistorio número 13.
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