Manuela Carpio, el legado de la raíz

La bailaora inaugura en el Villamarta la 30ª edición del Festival de Jerez con 'Raíces del alma', un espectáculo marcado por un profundo acento jerezano.

Imágenes de 'Raíces del Alma' de Manuela Carpio, 30 Festival de Jerez

Manuela Carpio en el estreno absoluto de Raíces del alma.
Manuela Carpio en el estreno absoluto de Raíces del alma. / Miguel Ángel González
Valeria Reyes Soto

Jerez, 21 de febrero 2026 - 08:43

Las raíces y su impronta gitana, las de los Moneo y los Carpio, las del barrio de San Miguel, suponen una fuente de inspiración constante en la trayectoria de Manuela Carpio.

La bailaora ha querido regalar a la 30ª edición del Festival de Jerez una inauguración vibrante, con una artista entregada, un elenco que ha sabido encumbrarla y un público que ha arropado este Raíces del alma, lleno de talentos de la tierra y grandes compañeros de vida de la artista.

Manuela Carpio ha demostrado una vez más que lo suyo es el baile gitano, un estilo de gran temperamento y fuerza, escuela jerezana en estado puro.

Una celebración generacional la de Manuela Carpio y los suyos, desde Juanito Carpio a La Macanita pasando por un elenco excepcional, como Manuel Moneo ʻBarulloʼ, Antonio Peña Carpio ʻEl Toloʼ o José Valencia.

Manuela ha apostado por sus raíces, esas que lleva por bandera, y ha tenido el talento y el magnetismo de saber juntar sobre un escenario a esta nómina de artistas. Pocas bailaoras pueden congregar esta reunión sobre las tablas del Villamarta. Raíces del alma ha sido un espectáculo repleto de todo, de mucho baile y mejor cante.

En el Villamarta se notaban las ganas, y desde que se abrió el telón, un ole recorrió el patio de butacas, ese tipo de ole que se generan cuando quien aparece en escena se sabe merecedora de ese lugar. Desde el comienzo, la Carpio ha querido estar envuelta por sus palmeros, sus guitarristas y cantaores, una clara muestra de que esto no va de ella sola, sino de ella con su gente. Tanto es así, que el protagonismo del elenco ha sido crucial durante todo el espectáculo. Una escenografía con yunque y martillo, ambientando una fragua, envuelta por el cante de Miguel Lavi y Manuel de Tañé, y el baile de José Suárez ʻToromboʼ (no se puede tener más arte recogiendo un pañuelo), ha sido uno de los momentos cumbres del espectáculo.

Estos destellos se han aireado también en la mesa coral compuesta por Tomasa ʻLa Macanitaʼ, José Valencia, Manuel Moneo ʻBarulloʼ, El Tolo, Angelita Montoya y Anabel Valencia. Una reunión en torno a una mesa coronada por un mantón y tres luces bajas, una estampa con regusto a los programas de Jesús Quintero. Una ronda de cantes de primer nivel, una clase magistral de voces y registros. “A mi Manuela la camelamos tós”, cantaba La Macanita.

Este derroche de talento podría haber estado más contenido en el tiempo, con algunas transiciones más pulidas, pero parece que la bailaora jerezana ha querido exprimir hasta la última gota y no quedarse con ganas de nada. Ha querido para su estreno absoluto números largos, volver una y otra vez, degustar lento el compás.

Manuela Carpio ha estado dejándose ver a lo largo de todo el espectáculo, pero ha sido al final cuando ha decidido brillar con fuerza, apostar por su célebre marca personal de la casa y meterse al público en el bolsillo. Manuela ha bailado descalza, sintiendo bien la tierra de sus raíces. Manuela ha cantado, porque ella muere con el cante. Ha jaleado y ha querido a los suyos, y los suyos la han querido a ella. Una inauguración en la que el amor, la complicidad y el talento han sido los protagonistas. Y aunque el verdadero final se haya hecho esperar, como broche de oro, un fin de fiesta al completo. Imponente la larga fila de artistas, la luz anaranjada a lo Saura.

Era de esperar, pero no por ello deja de sorprender. El último espectáculo que Manuela Carpio ofreció en el Villamarta fue un homenaje a Juanillorro, y hoy también ha dejado ver su recuerdo en el cante dirigido a su sobrino, Juanito Carpio, hijo del cantaor.

“Manuela cuando sales bailando, el mundo entero te aclama”, decía una de las letrillas. No sabemos si las raíces de Manuela son de una jacaranda, de un naranjo o de unos claveles quizás, pero ha demostrado que son raíces del alma, llenas de la fuerza y la vida de su estirpe jerezana y gitana.

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