La crítica del Villamarta · 'Antonio', Cía. de Antonio Márquez

La fórmula magistral

  • El bailarín sevillano Antonio Márquez encandiló, una vez más, a su público con el particular homenaje que rindió anoche en Villamarta a la figura de Antonio 'El Bailarín'

Año sí, año no, Antonio Márquez actúa en el Festival de Jerez por decreto. Entiéndanme bien, no es que sea algo caprichoso o figure en un contrato vitalicio en cuya letra pequeña dice que tiene que presentar espectáculo sí o sí. Es que el bailarín sevillano tiene que estar, pues es de los pocos artistas, de las pocas voces autorizadas en el concierto nacional, para abanderar, si quiera, una minoritaria representación del clásico español y la danza estilizada en el certamen. Si, para colmo, resulta que el fibroso y atlético danzarín tiene un público fiel y abnegado y, además, sus propuestas suelen contar con una factura casi impecable, resulta obvio que Márquez se haga merecedor, gusten más o menos sus filigranas y alardes, de un hueco en la programación oficial de una muestra que, pese a la pobre oferta -al menos, de forma aparente- de propuestas en la disciplina, no descuida edición tras edición la posibilidad de ofrecer su sitio a otros planteamientos que abrazan la danza clásica y el contemporáneo.

Anoche en Villamarta, Antonio Márquez, su compañía y las pinceladas especiales del veterano Paco Romero ofrecieron un repertorio más o menos habitual, más o menos previsible, envuelto en un homenaje póstumo al mítico Antonio el Bailarín. Loable empeño por ensalzar, a través de la hagiografía, a esta destacadísima y trascendental figura del baile para la que toda alabanza es poca.

Sin dejar de ofrecer al gran público sus clásicos guiños -el doble y el triple mortal, torso desnudo, pose de rodilla a tierra grandilocuente, brazos alzados al aire solemnes...-, Márquez bosqueja un recorrido no exento de tópicos y tipismo regional que evoca los inicios de Antonio Ruiz Soler en las verbenas y alamedas sevillanas junto a Rosario, su posterior partida a Nueva York, su retorno a Sevilla y su etapa final al frente del Ballet Nacional de España. Todo ello, revestido por la fórmula matemática del sevillano de afrontar los espectáculos sin riesgos, dando en todo momento al público las poses y los movimientos que espera encontrar, y reservándose momentos de mayor intimidad, donde su figura se ensombrece y, ¡albricias!, empieza a bailar sincero y recogido, menos excesivo, artificial e histriónico de lo que acostumbra.

Fueron contadas ocasiones, de acuerdo, pero Márquez brilló en dos números que tiene grabados a fuego: La oración del torero, pieza que cierra su participación en el primer acto del montaje; y el Zapateado de Sarasate, que tanto engrandeció al maestro Antonio y tantos aplausos le ha reportado al fiel alumno. De los acercamientos e incursiones al territorio del flamenco mejor no hablamos, mientras que de la etapa en la Gran Manzana del maestro sevillano -curiosamente, no se habla de su fructífera trayectoria latinoamericana-, obviaremos el pastiche versión Broadway que remata con el Hello Dolly de Diego Carrasco. Un toque kitsch que contrasta con el buen gusto, sin ir demasiado lejos, de la portentosa pieza que baila David Sánchez bajo la Sonata en Sol menor del Padre Antonio Soler.

En su concepción física y de gran espectáculo de la danza, hubo sin embargo grandes destellos más minimalistas, como la presentación de Asturias con las bailarinas en un precioso contraluz añil, y otros momentos vistosos como el tour de force que mantiene con una espléndida Trinidad Artíguez en el Paso a dos. Tras el recogimiento, de nuevo la exhibición física. Vueltas y más vueltas. Sólo el aplomo que ofrece Paco Romero, transfigurado en un Antonio decrépito, da algo de pausa a la obra. Mucho cajón, mucho palillo, mucha técnica, muchísimo desenfreno escénico... En suma, muchos aplausos en una despedida interminable donde Márquez sintetizó la base inequívoca de su exitosa fórmula: rizar el rizo y dar siempre la razón al que paga. Entretenimiento puro y duro a la manera de las 'majors' de Hollywood. Nada que objetar.

Compañía Antonio Márquez. Bailarines: Antonio Márquez, Trinidad Artíguez, David Sánchez, Daniel Fernández, Javier Sánchez, Joana Flores, Rocío Chacón, Carmen Alférez, Merche Recio, Verónica Soriano, Francesco Bucchi, Juan F. González, Víctor Rodríguez. Colaboración especial: Paco Romero (baile), Francisco Valladares (voz). Cante: Daniel Fernández. Guitarra: David Durán. Percusión: Rafael Hermoso ‘Poti’. Guión: Eva Leiva. Coreografía: Antonio Márquez, Paco Romero, Nuria Leiva, Rocío Coral, Daniel Fernández, Currillo. Música: Salvador Bacarisse, Isaac Albéniz, Diego Carrasco, Edouard Lalo, Padre Soler, Reveriano Soutullo, Juan Vert, Popular. Escenografía: Antonio Márquez, Imán, Luis Callejón. Diseño de vestuario: Eva Leiva. Realización de vestuario: J. L. González, Dolores Ortiz, Encarna Ortiz. Técnicos: Álvaro Estrada, Sergio Chaparro, Pedro Pulido. Sastra: Ángela Rodríguez. Producción: IDASL. Gestión y distribución: Jucar SL (Carmen Cantero). Dirección: Antonio Márquez. Día: 13 de marzo. Lugar: Villamarta. Aforo: Lleno.

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