XXV Festival de Jerez Flores para una buena bailaora

Guadalupe Torres, en un momento del espectáculo.

Guadalupe Torres, en un momento del espectáculo. / Manuel Aranda

La fuerza del color tomó la Sala Compañía con la llegada de una prominente Guadalupe Torres. La madrileña centró su montaje en la emoción visual y en el sentido circular del mensaje consiguiendo un ritmo adecuado en la hora de duración. Sobre la misma escena, se mueve e interpreta, y brilla aún más cuando baila.

Recurre a los elementos que definen a Frida Kahlo, pintora mexicana de principios del siglo pasado que sigue traspasando fronteras por sus conceptos transgresores llegando a convertirse en un icono. En ‘Los colores de Magdalena’ (nombre de pilas de la ya mencionada artista pictórica) comprobamos la madurez del baile de Guadalupe, constatando su evolución y mejora respecto a su última vez en Jerez, donde ya dejó buena muestra de calidad y oficio.

Su aparición en el Festival refleja decencia escénica, cuidando cada detalle de luces y sonidos, así como símbolos que nos ayudan a meternos su universo. El escenario se viste de flores y Guadalupe consigue sus dignos propósitos con un atrás a la altura que la acompaña en cada momento sin ninguna salida de tono. Destacar, con el permiso del cantaor Roberto Lorente, de sobra solvente, y del percusionista Javier Rabadán, al guitarrista Francisco Vinuesa porque con sus cuerdas nos envolvió en la intimidad de un universo fresco y vivo.

Por peteneras inicia su camino, en el que aparecen constantes proyecciones al fondo sobre la memorable mexicana que la inspira, acabando por serranas. El repertorio está pensado para que nada se salga de este jardín florido. Así se palpa en la cartagenera y en las marianas, en las que Guadalupe dramatiza con las raíces del alma, con la tierra. Acude a las rosas azules para ejecutar bulerías, entrando de lleno en la caña para encarar el final del espectáculo con bata de cola negra y mantón fucsia. Suena el poema ‘Se equivocó la paloma’ de Alberti, y la bailaora se recoge en sí misma para concluir recogiendo aplausos.

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