María Moreno, siempre querremos 'more'
XXX Festival de Jerez
Magnificat aterriza en el Festival de Jerez tras un exitoso estreno el pasado 2025 en Matadero de Madrid y una gira por Sevilla, Cádiz o Nîmes
Compañía María Moreno con 'Magníficat' en el 30 Festival de Jerez
María Moreno irradia alegría, confianza, temple, complicidad y descaro. Es abrumador verla bailar, su atrevimiento constante con el escenario y la música. Le tiene ganas, lo devora con tiento a casa paso, le reta desafiante y sale victoriosa siempre. Es como una leona en la sabana, una felina que juguetea y caza, que se abalanza y para.
En Magnificat, la bailaora gaditana dispone el escenario con las sillas populares de Andalucía. Las metálicas de los bares en donde se comen caracoles a media tarde en el mes de junio; las de plástico de las verbenas de verano en las que te quedas con la piel pegada y sudorosa -y resignificadas por Bad Bunny en la portada de Debí tirar más fotos-, y las de madera plegables que tanto sirven para los palcos en Semana Santa mientras comes pipas que para la feria cuando te sientas tras una ronda de sevillanas y rebujito. En definitiva, tenemos las sillas que evocan las fiestas andaluzas y los rituales colectivos.
Es aquí donde Moreno nos coloca para transitar su propia celebración. Y durante la hora y poco que dura el espectáculo, vemos a una bailaora que no pierde fuelle, conectada por completo al escenario y a su elenco, puro nervio y torbellino. Le pregunto a mi compañero de la izquierda si por las mañanas irá a por el café haciendo una escobilla por el pasillo, y es que parece que quisiera sacarle tiempo al tiempo. Con todo, no es un horror vacui ni un movimiento ante un silencio incómodo, es simplemente que María Moreno no quiere perderse nada de esta fiesta.
Sus compañeros de celebración la han acompañado en anteriores propuestas, Raúl Cantizano en la dirección musical y la guitarra, y Roberto Leal a la percusión, con quien forma un tándem en el que siempre hay humor y un toque carnavalero. En Magnificat se suma la actriz y creadora escénica gaditana Rosa Romero, quien aporta al espectáculo dramaturgia, interpretación y performance. Es una de estas “conexiones improbables”, las que no imaginas pero cuando se dan piensas: era obvio que así debía ser. Muy buen tino han tenido estas artistas gaditanas en juntarse y darle rienda suelta al Magnificat, que por cierto parte conceptualmente de una oración de alabanza homónima y de la escena de la Visitación, aunque el baile y su propia oración es tan potente que pierdo de vista las referencias concretas.
María Moreno de rojo y rosa se lanza al escenario, agarra el mantón por alegrías y tiene la habilidad de pasar de la rapidez a la pausa en un segundo, de ser la felina que se abalanza y la que se agazapa. Con el mantón continúa el baile, esta vez en silencio y sin más música que la respiración entrecortada de María. Miguel Lavi se arranca por un cante libre acompañado por el sonido en off del crí-crí de los grillos, generando una ilusión distópica, saeta en una noche de verano.
En esta amalgama de fiestas también se dejan ver los villancicos, con las bulerías Debajo de la hoja de la lechuga, que aquí tanto se escuchan en las Zambombas (¡Ay amor ay amor ay amante, ay amor que no puedo olvidarte…!). Y entre celebración y rito, aparece una estupenda Rosa Romero que protagoniza con María Moreno un trepidante paso a dos entre la performance, el baile y el teatro de lo absurdo. Parece que Rosa Romero fuera la voz del público ovacionando a María (¡Ole las guapas!) y las propias voces de la cabeza de María, el runrún nocturno acechando (¡María tú puedes que estamos en Jerez!). Esta performance termina con un genial Raúl cantizano, guitarra eléctrica en mano y casco romano en la cabeza, otorgando a la noche el contrapunto rockero.
María Moreno sale -aunque nunca se termina de ir- protagonizando el tercer solo de castañuelas del festival, que remata con unas seguiriyas con la voz de Lavi hecha girones y calando hondo. Entonces la madrugá llega a su fin. El aviso nos lo dan los pajarillos, sonido inconfundible de las noches que acaban en la mañana, en las que el amanecer sorprende de vuelta a casa. María Moreno es puro goce y disfrute: baile que absorbe el escenario, alegría contagiosa y la sabiduría de ser magnífica sin perder la sencillez. Claro que puedes, María.
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