Hablando en Plata

Los palos del baile flamencoLos caracoles

Este baile pertenece a los clásicos aires gaditanos, como las romeras, el mirabrás y los antiguos juguetillos, que hoy pudiéramos traducir por cantiñas. Siendo un baile que, como sus hermanos, nos ofrece toda la fragancia de los esteros de la costa de Cádiz, donde Los Puertos se lucen y se retratan, en todo su mejor esplendor.

Se baila con bata de cola, y tiene todo el encanto salinero de los alegres bailes flamencos de este rincón del Sur. Es, por tanto, un baile eminentemente festero, pero con mucho empaque y auténtica majestuosidad, que las bailaoras que saben hacerlo ejecutan con verdadero mimo y elegancia.

La verdad es que pocas veces, en los últimos tiempos, hemos visto bailar por caracoles, pero siempre recordaremos a nuestra maestra, la querida y admirada Angelita Gómez, cuando en sus principios artísticos bailaba con el cante del recordado Juan Acosta aquellos caracoles con tanta pureza y singular encanto. Después de ella, jamás hemos visto a ninguna otra bailaora hacer ese baile tan nuestro, tan preciosista y maravilloso.

La verdad que es un baile que apenas si se prodiga en los escenarios, pues hoy las bailaoras, y también los bailaores, la mayoría de los profesionales, en definitiva, del baile flamenco, o no saben interpretar este tipo de baile, o se dedican más bien, como parece ser, a inventarse otras historias, algunas de ellas -casi todas pudiéramos decir-, que nada tienen que ver con nuestro baile flamenco, como se ha podido ver en esta y anteriores ediciones del Festival de Jerez.

¿Por qué ese afán de nuestros artistas del baile por querer salirse de las reglas tradicionales, para hacer sus propias creaciones, cuando si apenas saben hilvanar una coreografía con cierto sentido estético y ético, que sea y parezca flamenco del bueno y verdadero; sin falsas pasiones, ni apasionamientos de pacotilla, fuera de toda filosofía flamenca? ¿Por qué cuando se quiere hacer un espectáculo de baile flamenco, se echa mano de todos los artilugios, habidos y por haber, para presentar algo que no tiene de flamenco más que el nombre que, de forma tan fraudulenta, se le ha querido dar, engañando a los públicos y equivocándose clamorosamente el propio ejecutante?

No tomarás el nombre flamenco en vano, ni para bailar, ni para cantar o tocar la guitarra. Hace falta en esto, como ya he pedido en otras ocasiones, una especie de consejo regulador del flamenco, como existen los consejos reguladores del vino, del jamón, del queso y otros productos, cuya calidad se quiere preservar y proteger. Algo, desde luego, mucho más importante para la supervivencia de nuestro flamenco que esa declaración que andamos todos buscando como locos de "patrimonio de la humanidad".

Declaración oficial que de nada nos servirá, si nosotros dejamos que se siga ofreciendo cualquier cosa como flamenco; dando gato por liebre en vez de flamenco verdadero, tradicional y tan legítimo, como el vino de Jerez o el jamón de pata negra; que de ambos productos debe tener también nuestro arte. Porque antes que de la humanidad, el flamenco debe ser amado, considerado y protegido, como auténtico patrimonio nuestro.

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