Almocadén, el sueño del abuelo José
La bodega del fino 'Paquiro' cumple su primer centenario La familia ha mantenido su tradición artesanal
La historia de las bodegas Almocadén es la historia de muchos aquellos negocios familiares del marco que, al amparo de un sueño y atraídos por la pasión hacia el vino, pusieron en pie con mucho esfuerzo y trabajo generación tras generación.
Volvemos al laberinto de calles del barrio de Santiago, donde todavía hoy algunos de sus rincones nos sorprende con una bocanada de vino. En la calle Jardinillo, en pleno corazón del barrio, se levanta el negocio de las bodegas Almocadén, que ahora ha alcanzado su centenario. Todo comenzó hace un siglo gracias a un hombre inquieto y amante del vino que se llamó José González Granados. El abuelo José tuvo la feliz idea de almacenar unas botas en unas instalaciones que se levantaron en el antiguo asentamiento fenicio de Mesas de Asta, sobre la base de la producción de sus viñedos en el prestigioso pago de Almocadén. Los González siempre fueron familia de terrenos y viñedos. Así nació Almocadén, nombre árabe con el que se calificaba al capitán de las tropas encargadas de velar por los campos, un título con el que no sería exagerado nombrar al abuelito José por su constancia y permanencia en el negocio.
Cuando faltó José, fue su hijo Juan González Sillero quien cogió el testigo de la tarea emprendida por su padre. Juan se volcó en vida con todas sus fuerzas en la cría artesanal de sus vinos y, con buen ojo para el negocio, consideró imprescindible localizar la compañía en Jerez. Adquirió entonces la antigua fábrica de tapones, chapas y latas Rivelot, en el número 16 de la calle Jardinillo, para ubicar allí sus existencias de vino.
El resto de la historia es como sigue: El legado de Juan pasó a manos de sus hijos José y Juan, actuales dueños y gestores de la compañía, que han mantenido hasta hoy día con fidelidad la tradición y labor artesanal que aprendieron de sus antecesores. Un paseo por la coqueta bodega, donde casi todo parece encontrarse donde lo dejó su padre Juan, retrotrae al visitante a ese antiguo Jerez bullanguero, cuando el vino y la copla llenaban las calles y se extendían a las casas de vecinos.
Jerez es así. Hace un siglo, la ciudad albergaba cientos de bodegas. El progreso y las dificultades del campo redujeron ese número como la caída de las fichas del dominó, pero un puñado de estas pequeñas compañías, en su mayoría familiares, han llegado hasta ahora sin despojarse de su esencia. Pensad en Maestro Sierra, las bodegas Sol o tantas otras que conservan entre sus cuatro paredes y sin alteración alguna, las cicatrices de años pasados.
Los tiempos cambiaron y, como el resto de las compañías, los hermanos González hacen de funambulistas para alcanzar, cada año, el final del cable. Los problemas de Almocadén son similares a las de sus pequeñas hermanas del marco, con la única excepción de que el negocio de la viticultura les pueda suponer algún quebradero más de cabeza.
Por eso, los González Salguero cuentan con ventaja. Lo explicaré: Dijimos que también eran viticultores. ¿Qué mejor uva puede proporcionarles un pago tan bien ubicado como el de Almocadén? Situado entre los pagos de Macharnudo y El Carrascal, excelentes por la calidad de su albariza, se extiende sobre cuarenta hectáreas que comprenden las viñas de Matamoros Grande y Chico y la de San Rafael.
Almocadén produce actualmente los tipos de amontillado, oloroso, cream y manzanilla, de las marcas 'Almocadén' (en los vinos más viejos) y 'Caletero' (en vinos medios). Su vino fino es el 'Paquiro', el inventor de la tauromaquia, uno de sus productos más consumidos y con más largo arraigo. Pero que den un paso atrás sus marcas y pase adelante su amontillado 'Almocadén', que guarda una clave, una vejez de 35 años de la mejor albariza. Y no se olvide, por Dios, su pedro ximénez, orgullo familiar, que fuera distinguido con una Medalla de Plata en el Salón Internacional del Vino de Madrid. Y aunque su fuerte sean los vinos, ahí está el brandy, con su 'Solera Reserva' y 'Gran Reserva' de la marca Almocadén.
Por tanto, ¿que diría si levantara la cabeza el abuelo José?
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