Jerez

Anhelo de Merced

  • La mayoría de viviendas se encuentran abandonadas por sus antiguos inquilinos y en un estado ruinoso. A pesar del envejecimiento de la calle, sus vecinos afirman que se vive muy bien en ella

Anhelo de Merced Anhelo de Merced

Anhelo de Merced / reportaje gráfico: manuel aranda

La ciudad ha ido modificando algunas de sus preferencias a medida que pasaban los años. La forma de vivir, quizás, haya sido el cambio más significativo que hayamos experimentado en las últimas décadas. Crecer hacia la periferia ha sido la intención de muchos. Alejados de todo el barullo que produce la ciudad, en nuevos y bonitos pisos o unifamiliares que llegaron en masa con la famosa burbuja inmobiliaria que padeció este país. En esta huida del casco histórico, la ciudad ha ido sufriendo un abandono en sus barrios más históricos, mientras algunas familias intentan aferrarse y continuar viviendo de la misma forma que siempre lo hicieron. En su barrio de toda la vida, con bonitas casas de vecinos. Aunque a medida que las generaciones van pasando, más se va olvidando lo que un día existió en la ciudad. Testigo de ello han sido barrios como San Mateo y Santiago, con muchas zonas prácticamente en ruinas tras su abandono. Miguel Ángel López, conocedor a la perfección del barrio, además de ser arquitecto de profesión, se sorprende ante este hecho y se pregunta "cómo es posible que en una ciudad como Sevilla las viviendas del casco antiguo son las más revalorizadas con el tiempo y las personas estén deseando irse a vivir allí y en Jerez hay zonas del centro en un abandono total y absoluto".

Y en esta misma tesitura se encuentra una de las calles más emblemáticas de la ciudad por su pertenencia al barrio flamenco de Santiago: la calle Merced. Una calle que ha sido testigo de su propio abandono y dejadez por parte de todos, al igual que muchas otras de la ciudad.

No hay que mirar demasiado atrás en el tiempo para recordar balcones llenos en la calle un Domingo de Ramos mientras el Transporte volvía a la Basílica de la Merced. Actualmente, esas recogidas son diferentes. Las personas vienen de fuera a contemplarlo, pero ya no existen esos vecinos que salían de sus casas cuando escuchaban las cornetas y los tambores.

Lo mismo ocurrió con la calle Nueva, paralela a Merced. Unas viviendas que fueron partícipes de las mejores reuniones y fiestas gitanas con los más grandes y que ahora están inmersas en la delincuencia de unos pocos y en el terrorífico estado de sus casas.

Pedro Barea es vecino de la Merced, concretamente del número 23, desde el año 2000. Y su mujer, María José Jiménez lo es desde que nació. Además, Barea es el hermano mayor de la Hermandad de la Buena Muerte, por lo que conoce a la perfección la problemática social que existe en Nueva, debido a que la casa de hermandad está situada en dicho lugar. "A la hermandad le afecta la situación actual de la calle. Algunos niños del grupo joven no vienen porque sus padres no los dejan. Y con razón", asiente Pedro.

Este vecino cuenta que la Merced no tiene nada que ver con Nueva, a pesar de la cercanía que les une. Pero "la Merced ha ido perdiendo atractivo, al igual que todo el barrio de Santiago. La actividad flamenca no es la misma que la de antes y han cerrado muchos comercios que dotaban de vida al lugar", asegura Barea. A pesar de ello, añade, "esta calle está muy bien situada de cara al centro, pero tiene el inconveniente de que las casas están muy envejecidas. Quien quiera venir a vivir aquí tiene que hacer una buena inversión y, respetando la fachada, construir por dentro todo de nuevo. De hecho, ahora mismo se ha construido una desde cero".

En esta decadencia han influido otros factores. Las casas de los vecinos más antiguos que han fallecido se han ido vendiendo. Otras en cambio se abandonaron. María José, esposa de Pedro, afirma que fue en la primera mitad de los años 90 cuando la calle se fue quedando cada vez más sola. "En el año 1995 ya no había ni la cuarta parte de vecinos que vivían en los 80".

María José recuerda la vida que tenía la Merced hace 30 años, con diferentes comercios entre los que se encontraban zapaterías, ultramarinos, farmacia o estancos. Todos ellos fueron desapareciendo poco a poco, al igual que sus residentes, que "se iban marchando de las casas de vecinos porque tenían otras perspectivas de vida", explica.

La tranquilidad con la que se convive en el día a día es una obviedad, pero María José prefiere lo de antaño. "Lo veo muy triste". Esta vecina de la Merced anhela llegar a la calle y ver cómo entraban y salían vecinos. "Todos nos conocíamos". Actualmente eso no ocurre. "Los pocos que hay casi ni se ven".

Si le preguntas a María José por la peligrosidad de la calle en la que reside, su respuesta es clara y concisa: "No es una calle problemática o potencialmente peligrosa. Quizás mi tranquilidad venga motivada porque nací aquí, pero yo cuando entro por la calle, aunque sea de noche, ya me siento como en casa. En todos los años que llevo aquí, nunca he vivido un episodio dramático o extraño".

Aitor es otro de los vecinos de la Merced. Reside en ella desde el año 2007, en los pisos que se construyeron más recientemente, cercanos a la Basílica de la Merced. Este vecino también acusa el deterioro de la calle a la dejadez. "Lo único que le da una buena imagen son las plantas que pusieron en las nuevas aceras, pero poco más", apunta este vecino. La vida de Aitor en la Merced es bastante "tranquila, sin ningún problema. Es una calle donde se vive muy bien".

En ese intento de recuperar lo mejor de la zona, Aitor cree que una manera de fomentar la llegada de nuevos vecinos sería "dar un lavado de cara a la calle. Cambiar algunas fachadas, abrir comercios y darle color para que sea de nuevo atractiva".

Miguel Ángel López, también cree que la tardanza de las licencias urbanísticas del centro de Jerez es un factor a tener en cuenta. Y no sólo la tardanza, sino "los impedimentos que te pone el Ayuntamiento. Tienes que cumplir una serie de requisitos, como por ejemplo no tocar la fachada, pintarla con unos colores específicos o no poder colocar aluminio, entre otros muchos". Unos impedimentos que pueden incitar a abandonar su proyecto a aquellos que tenían pensado comprar alguna de esas viviendas. También, el cierre de la iglesia de Santiago con motivo de su reforma, y que ha provocado durante varios años que la calle Merced estuviera cortada al tráfico, ha propiciado una menor vida, si cabe aún, en la zona.

La Hermandad del Transporte es la principal corporación que dota de vida a la calle casi cualquier día del año. "La hermandad está abierta casi todos los días y siempre hay tránsito de personas que entran y salen de ella", comenta Manuel Monje, hermano mayor de la hermandad. A Monje le preocupa la oscuridad que existe en la calle. Hay escasos focos y los que están iluminan muy poco. Así se lo transmitió al delegado de Urbanismo, Francisco Camas, en una reunión que tuvieron hace unos días para tratar ciertos problemas del lugar.

Manuel lamenta que ya no se vean vecinos en la calle, pero entiende que "hay que invertir bastante dinero en sus viviendas. Además la suciedad es otro de los puntos que hay que solucionar". Monje cuenta que en la calle vivían varios hermanos de la Hermandad y ya no hay prácticamente ninguno. "Han vendido sus casas o incluso hay otras que están abandonadas", asegura. Y en este intento de dotar de color la calle, la Hermandad del Transporte pone de su parte en la medida de lo posible, engalanando la calle con colgaduras los días señalados, por ejemplo.

Hasta el momento, parece que a pocas personas les importa el asunto. Recuperar el encanto de una calle en una posición privilegiada se vuelve cada vez una tarea más ardua.

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