ANTONIO MEJÍAS | Enfermero del área de Infecciosos del hospital de Jerez

“Héroes son los repartidores, las cajeras, yo sabía dónde me metía”

Antonio Mejías.

Antonio Mejías.

Antonio Mejías es un enfermero con experiencia, desde el año 1993 en la planta de Infecciosos del hospital de Jerez, pero los dos últimos meses han sido de vértigo. "La verdad es que este virus nos ha sorprendido por la capacidad de infección que ha tenido. Normalmente las enfermedades contagiosas, cuando tienes síntomas contagias, pero ésta contagia sin síntomas. Eso es lo que nos ha perdido un poco y después el hecho de estar aprendiendo día a día y que te cambiaran los protocolos continuamente. Eso nos ha vuelto un poco locos".

Asegura que el desconocimiento y también la escasez de material de protección generó al principio mucho estrés en los profesionales. "Ahora estamos mejor porque ya son dos meses trabajando con este tipo de enfermos y además hemos tenido mucha suerte con los compañeros que han contratado para reforzarnos".

No oculta que ha tenido miedo, pero le resta importancia. "Trabajamos en un hospital, yo sabía dónde me metía cuando acabé la carrera. Cuando ahora nos aplauden a las ocho de la tarde, yo pienso: a mí, no. No tengo tan claro que nos tengan que agradecer nada. Igual estos mismos que me están aplaudiendo van a ser los que dentro de tres meses me digan: oye, que yo soy el que te paga el sueldo". Sostiene que "aquí los héroes son los repartidores, las cajeras de supermercado, los chavales que abren la tienda para vender el pan, y esa no es su guerra, esta es la guerra de los sanitarios".

Especialmente duro ha sido en estas semanas ver cómo daban positivo cuatro de sus compañeros "y hasta que no han dado positivo no nos han hecho la PCR a los demás", pero, sobre todo, afirma que lo peor fue cuando empezaron a ingresar a los abuelos. "Porque al principio eran pacientes más jóvenes, con autonomía, pero con los abuelitos se te cae el alma a los pies. Lo que pasa es que tienes que poner una barrera, porque si no nos volvemos locos".

La imposibilidad de que estos enfermos permanezcan acompañados por familiares es difícil de gestionar. "Nos han traído dos tablets y estamos haciendo vídeoconferencias con familiares, que quieras que no ya es algo, pero no deja de ser una vídeoconferencia, no es lo mismo que estén ahí el hijo o la hija para darles la mano".

"La situación es muy dura", insiste. "Y además que nunca lo hemos vivido. Yo recuerdo el boom del sida, a finales de los 80, principios de los 90 y los familiares iban y abrazaban al cadáver, lo vestían y ahora le tienes que decir a una persona a cinco metros: mira, tu padre va en esa bolsa. No sé qué pasará cuando esto acabe pero yo creo que nos va a marcar como sociedad".

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