Jerez

Blanca, la (última) niña de 'El Altillo'

  • Una ojeada atrás a la leyenda del paraíso levantado por Manuel María González Ángel · Un breve relato de la buena vida, angustia y muerte · Hoy será homenajeada la última superviviente

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"Ya no me responde la memoria y estoy contando historias a retazos, como recuerdos que me vienen deslavazados, fragmentados. Voy a cumplir noventa años. No quiero ni pensarlo, encontrarme ya como una anciana. Pero yo no me considero anciana, porque tengo la cabeza en su lugar. Me falta tanto tiempo para terminar las cosas que tengo pendientes. Además, debo de cuidar a mi hermana Mercedes, que está impedida. Le pido a Dios por lo menos, diez años más". (Blanca de la Quintana)

(del libro 'El invierno de las rosas', de Purificación González de la Blanca).

Érase una vez una finca donde se paró el tiempo. Érase un paraíso donde convivieron varias generaciones. Estaba a las afueras de Jerez, junto a la desaparecida Venta de Colón y ocupaba 150.000 metros cuadrados. Le llamaron 'El Altillo' por su elevación en la montaña. Con el tiempo, Manuel María González Ángel, el fundador de las bodegas González Byass que nunca consiguió su deseo de morir en ese lugar, levantó hasta trescientos árboles en un solo año, y el terreno se pobló de acacias, algarrobos, álamos, cedros, cipreses, moreras, laureles y barnices del Japón entre otras muchas especies. Y a sus últimas ocupantes, con una vida cerrada entre amas, niñeras y profesoras, les llamaron las 'altillanas', las 'niñas del Altillo'. Las 'niñas del Altillo' fueron siete: Casilda, María, Josefa, Margara, Blanca, Mercedes y Livia. Y, por su amor a los animales, acogieron a un centenar de perros y gatos.

Quizás, toda esta historia se hubiera escrito de forma distinta si Margarita González Gordon no hubiera sufrido un aborto de su único varón. 'El Altillo' siempre fue un conjunto de misterio, ambición, envidia, curiosidad y extrañas casualidades. La profecía que se cumple. Cristóbal de la Quintana, patriarca de la familia, advirtió siempre a sus siete niñas que "El Altillo será vuestra perdición, estáis tan a gusto que no deseáis ir a ningún lado. Y éso no puede ser". Y mademoiselle Belloc Carrer, una de las muchas institutrices que pasaron por la finca, profesora de francés, se despidió con una frase que ronda cada día en la cabeza de Blanca: "Pobre Altillo, pobre Altillo". Era la premonición. Y de un paraíso tranquilo, amable y acogedor, donde las niñas desarrollaban su vida entre amas, niñeras y profesoras, aquello se convirtió en un sufrimiento, una melancolía que duró más de veinte años.

En este ambiente y educación victoriana, severa en muchas ocasiones, crecieron las siete niñas. Las murmuraciones sobre su peculiar tipo de vida se extendían por todo Jerez, como cuenta Begoña García González-Gordon en su libro 'Las niñas de El Altillo': que no las dejaban casarse, que tenían una madre siempre enferma, que no salían nunca, que eran muy raras... Había varias razones, dice Purificación González de la Blanca, que también llevó a un libro la vida de las hermanas. Purificación, escritora y política, es cofundadora de Agaden. A través de María, otra amante de los animales como el resto de hermanas, conoció la historia de la familia. Mantiene con Blanca, la única superviviente, una especial amistad.

Purificación atribuye esa posible reclusión a diversos factores: 'El Altillo' era el mundo de las niñas, donde siempre se sintieron contentas. La rígida educación que les impartió la institutriz inglesa Mary Agness Byrne, la nanny Birne, muy celosa y preocupada por el comportamiento sexual de las niñas, que prohibía hasta cogerse del brazo a las hermanas, también influyó en ese aislamiento; sus padres Cris y Margarita fueron siempre padres muy protectores y ellas eran sensibles y exquisitas: En una sociedad puritana como la de los años veinte y treinta era difícil para ellas comunicarse con personas de 'su onda', la guerra civil les enclaustró en El Recreo y por fin, la enfermedad de su madre unió a todas las hermanas a su alrededor hasta su muerte.

Tampoco era tanto aislamiento. Casilda, la más bella e inteligente de las hermanas, fue la única que se casó. Lo hizo con Enrique O'Neale Orbaneja un día de julio de 1949. Cuando murió Enrique, tuvo que hacerse cargo de la bodega. Dejó aquello y volvió a El Altillo con sus hermanas. Y todas las hermanas tuvieron sus pretendientes. Blanca, por poner un ejemplo, tuvo un romance con Ricardo Ysasi, también le pretendió Manuel Jesús Pazos, pero por quien verdaderamente se pirraba era por Ángel Sánchez del Pozo, que casó al final con Mariquilla Mozo. Algunos veranos las niñas frecuentaban San Sebastián, Lecumberri y, sobre todo, Santurce. Además, las visitas eran frecuentes en El Recreo. Los primos acudían a diario y las visitas eran incesantes. En ocasiones llegaban los reyes con las infantas, Miguel Primo de Rivera y un gran puñado de personalidades. Cayetana, la duquesa de Alba, pasó por 'El Altillo' en los años cuarenta. Se sentó en uno de esos bancos que las niñas decían que tenía gafe. Algo de superstición había. En ese banco rompieron Cayetana y Bebet Santos-Suárez Mitjans. En el mismo banco Casilda dio calabazas al duque de Vistahermosa. Y Consuelito Andes (como llamaban a Consuelo Moreno, la hija del Conde de los Andes) terminó con su novio. "Por cierto -comenta Blanca en el libro 'El invierno de las rosas'-, cómo se ha estropeado Cayetana. No sé qué se ha hecho, porque ella nunca fue guapa, pero era normal. Y tampoco hablaba así".

Hasta allí llegó la leyenda cuando Eleuterio Sánchez, 'El Lute', penetró en la finca tras huir del penal de El Puerto y esconderse en las cocheras. Era una mañana fría de enero de 1971, relata Begoña González. Uno de los empleados, conduciendo el Land Rover de Casilda, se dirigía a coger un saco de picón para los braseros cuando vio a un hombre salir por el ventanuco de la cochera. Se avisó a la Policía, que concluyó que, forzosamente, tenía que ser 'El Lute'.

- Qué lástima que las señoritas no avisaran antes.

- Ay, por Dios, no sabíamos que fuera él, no sabíamos nada.

De la crónica rosa a la crónica gris. Estamos a principios de los ochenta. El Ayuntamiento contempla en su plan urbanístico la expropiación de los terrenos que ocupan la finca de El Altillo y El Membrillar. Un convenio urbanístico que derivó en la expropiación y lanzamiento (desahucio) de las siete hermanas, ya huérfanas de padre y madre. El desahucio se pudo parar. Casilda murió y, en poquísimo tiempo, lo hicieron, también a larga edad y por los disgustos de lo que se les avecinaba, María, Josefa y Livia. Ya se sabe bien de la longevidad de la familia González. Poco después, Margara se encontró con la muerte. Mercedes, una mujer obsesionada por la contabilidad, se mantuvo en cama por un problema de circulación. Blanca le cuidó hasta sus últimos días. Murió un mes de mayo de hace tres años después de estar en cama durante ocho. Le falló el corazón. Blanca se quedó sola.

'The last but not least', la última pero no menos importante, como diría Fátima Ruiz. ¿Cómo es Blanca? Blanca es una mujer muy guapa, de ojos verdes. Alta, algo tímida y arisca, nunca se confesó monárquica y compartió con sus hermanas sus esfuerzos por defender a los animales y a la gente necesitada. "Se encuentra muy bien -dice su amiga Purificación-. Cumplirá en junio los 96 años, pero está muy sana". Cuando falte Blanca, todo longevidad gracias al apellido González, todo aquel paraíso se irá al garete. Su apellido muere con ella.

Ante el anuncio de la expropiación, Blanca y Mercedes reaccionaron. Confiaron en la palabra de un antiguo empleado de confianza, Luisito, y esa fue su perdición. Luisito recomendó a Blanca el asesoramiento de un bufete de abogados de Sevilla, que negoció con el Ayuntamiento de Pacheco un convenio urbanístico que incluía la construcción de una biblioteca a espaldas del hotel Jerez, en la avenida de Visley. Entretanto, ya en 2005, la Audiencia Provincial condenaba por un delito de estafa al colaborador -Luisito- y al abogado de las hermanas, Carlos Ferrazano, a dos años y tres meses por un delito de estafa, además de un año de inhabilitación por un delito de deslealtad profesional. En la resolución, se dejaba claro que las hermanas De la Quintana creían que todo lo que realizaban sus asesores era para recuperar 'El Altillo' y evitar la expropiación municipal. En las conversaciones con la Gerencia de Urbanismo, los abogados fijaron un justiprecio superior a los tres millones de euros que nunca vieron las hermanas, pese al desembolso que hicieron de 1,8 millones y convencieron a las hermanas de que, gracias a sus gestiones ante el Ayuntamiento, no sólo consiguieron evitar que ellas dejaran la casa, sino que también recuperarían la propiedad de la finca. La Audiencia no abordó la ingente minuta que los abogados pasaron a las hermanas y que ascendió a la inaudita suma de 203 millones de pesetas.

Hoy sábado, los vecinos de Palos Blancos harán un sencillo homenaje a la última de las 'niñas de El Altillo'. "Blanca está muy contenta con este detalle -dice Purificación-. Pienso que lo merece". Será esta tarde, a la una, en el paseo de Las Viñas, en reconocimiento a su labor conservacionista.

Un buen día, le preguntaron a Blanca por el alcalde Pacheco: "Es un demonio salido de los infiernos. Todas pensábamos en legar la finca a los jesuitas para hacer algo parecido a la Universidad de Deusto. Pero este hombre es muy malo y avaro, sólo le deseamos que vaya a la cárcel por lo que nos ha hecho sufrir". Blanca vive en la actualidad en 'El Altillo', que tiene en usufructo. Cuando falte, el Ayuntamiento se hará con la finca. No tiene miedo a la muerte, teme a la soledad. Cuando muera, toda esa gran leyenda estará perdida.

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