Bodegas Barbadillo desnuda sus Reliquias para dar todo el protagonismo al vino

  • Sustituye el tradicional decantador soplado por sencillas medias botellas jerezanas lacradas a la antigua y pintadas a mano

  • La bodega duplica así los descorches de los escasos 30 litros de la saca anual de estos esclusivos vinos con idea de "compartirlos"

Las nuevas Reliquias de Barbadillo con su nuevo traje. Las nuevas Reliquias de Barbadillo con su nuevo traje.

Las nuevas Reliquias de Barbadillo con su nuevo traje.

Nuevo traje, pero la misma esencia. Barbadillo ha renovado por completo el formato de presentación de sus Reliquias, los vinos de mayor envejecimiento de la bodega cuyo origen data de la primera mitad del siglo XIX y que abandonan el tradicional decantador soplado para embotellarse en sencillas botellas jerezanas, lacradas a la antigua y pintadas a mano.

“Lo único que no cambia es el vino, pero el resto todo es nuevo y rompedor”, señala en declaraciones a este medio Armando Guerra, responsable de Descomunales Vinos Comunes bajo la que se agrupan los vinos de alta gama de la casa, quien detalla que el objetivo de la bodega es aumentar la disponibilidad de estos vinos exclusivos para trabajar con un sistema de cupos.

Cada año se embotellan un máximo de 260 “ejemplares” de estos vinos únicos que se mantienen en lugares recónditos de las bodegas centenarias en Sanlúcar de Barrameda. 81 de Amontillado, 81 de Palo Cortado, 81 de Oloroso y 17 de Pedro Ximénez.

A partir de ahora, los descorches de los escasos 30 de litros que salen al año de sus soleras se duplican con su envasado en medias botellas para hacerlos más accesibles y compartirlos con un mayor número de amantes de estos vinos.

La mayor parte de la saca anual, que hasta ahora iba casi en exclusiva a la exportación, irá destinada a grandes restaurantes dentro y fuera de España, mientras que un pequeño porcentaje llegará a tiendas especializadas, eso sí, a un precio que no está al alcance de cualquier bolsillo, 380 euros la media botella, si bien el decantador de 750 centilitros rondaba los 900 euros.

Y es que el prestigio y reconocimiento de las Reliquias no ha hecho más que crecer desde que uno de los más reputados presidentes de la bodega, Toto Barbadillo, mandara a Christie´s cuatro frascas de sus vinos de la familia, entre ellos el Palo Cortado que comparte con el Moscatel Los Toneles de Valdespino el honor de ser los primeros jereces en consagrarse con 100 puntos Parker.

Detalle de las etiquetas de la Reliquia Oloroso pintadas a mano por Goyo Valmorisco. Detalle de las etiquetas de la Reliquia Oloroso pintadas a mano por Goyo Valmorisco.

Detalle de las etiquetas de la Reliquia Oloroso pintadas a mano por Goyo Valmorisco.

El nuevo formato, sencillas botellas jerezanas, redunda en la idea de dar todo el protagonismo al contenido, el vino exclusivo. Como único elemento ornamental, estas nuevas Reliquias, irán vestidas artísticamente con etiquetas pintadas a mano por el prestigioso calígrafo Goyo Valmorisco, que lleva más de un año trabajando para dar forma a cada etiqueta.

“Afrontar este cambio de los vinos icónicos de la familia ha sido toda una responsabilidad, pero el nuevo formato rupturista responde a los objetivos y está funcionando como se esperaba”, indica el responsable de Descomunales Vinos Comunes de Barbadillo, que este jueves ha presentado las nuevas Reliquias.

200 años dando protagonismo al vino

Barbadillo es la causante de esta realidad. Con 200 años de andadura empresarial, con los dueños de siempre, la bodega ha sabido defender la tradición sin dejar la innovación.

El objetivo de este nuevo planteamiento es claro. En palabras de Armando Guerra, “el protagonismo absoluto debe estar en el vino y esta nueva propuesta debe girar en torno a él”.

Otra singularidad es que estos vinos centenarios no llevarán fecha. En el Marco de Jerez siempre se han establecido diversas clasificaciones de vejez siendo las más importantes las denominadas VORS y VOS. Sin embargo hay vinos tan antiguos que, según Guerra, "ponerles fecha es un absurdo". Son los que han sido guardados o salvados por el destino. Son vinos muy escasos y casi imposibles de encontrar.

“Los fundadores de la bodega compraron vinos viejos hace ahora 200 años. Los guardaron y ahora nos encontramos delante de un mundo diferente cuando saboreamos estos vinos. Un mundo poliédrico en donde el tiempo da paso a lo atemporal y a veces el vino trasciende hasta lo inmaterial”.

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