"El Chozas siempre iba atravesao, pero como le entrara una letra te conmovía"

Sus vivencias en primera persona con Terremoto, La Paquera y un sinfín de artistas, unida a su privilegiada memoria, convierten al jerezano en una enciclopedia viva del flamenco

"El Chozas siempre iba atravesao, pero como le entrara una letra te conmovía"
"El Chozas siempre iba atravesao, pero como le entrara una letra te conmovía"

30 de junio 2013 - 01:00

"Gasolina, tú eres un cantaor para nojotros, pa los artistas. Tú no le cantes a nadie, le cantas a los artistas". Aquella afirmación que Fernando Terremoto y Sordera le hicieran hace ya más de 40 años, ha perdurado siempre en la mente de Paco Casares 'El Gasolina' (Jerez, 1949), un cantaor que supo en su día salvaguardar el espíritu bohemio de El Chozas y que se ganó el respeto de Antonio Pulpón con un repertorio clásico pero difícilmente superable. Ahora, y en plena jubilación, aquel chaval que despuntaba en la Nueva Frontera del Cante revive sus andanzas con orgullo y con una memoria extraordinaria.

-Lo suyo con el cante, ¿viene de familia?

-No, me ha venido porque nací en La Plazuela pero desde muy chico me fui a vivir a la barriada de La Asunción. Tuve la suerte, porque para mí es una suerte, de haberme criado en un barrio en el que han habido muchos artistas, porque allí vivía La Paquera, Terremoto, Tío Borrico, El Chozas... Nosotros somos tres hermanos pero ninguno ha cantado salvo yo.

-¿Y tanto le influyó el barrio?

-Mucho, porque yo pienso que el cante lo trae uno, pero si encima de eso tienes esa suerte de haberte criado entre tantos monstruos, porque para mí eran monstruos, por ahí me viene la afición y mi forma de ser. Date cuenta que me he criado en casa de Terremoto, en casa de Tío Borrico, y ya después he pasado mucho tiempo en el Volapié y en el tabanco de Juanito Cuevas, que todavía está, sitios donde paraban todos los artistas. Luego también me casé con una gitana, familia de los Cantarote. En fin, esa es mi historia.

-¿Cómo era la vida en La Asunción?

-Había mucha unión, y sobre todo fiestas. Antes en los barrios, cuando había una fiesta se colaba todo el mundo, no es como ahora. En La Asunción siempre había un porqué para formar una fiesta. Fijate la que se formaba allí con La Melchora, María La Burra, que venía de Sevilla, El Borrico, Terremoto, Luis de Pacote...Rara era la semana que no había jaleo. Mi madre me decía, 'hijo, to los días hay algo'.

-Vivió usted una época envidiable en sitios como el Volapié...

-De esa época llevo lingotes de oro en el bolsillo. He tenido la suerte de escuchar a todos los mejores, porque por ese Volapié ha pasado Mairena, y no una vez, ha pasado La Perla, la Bernarda, la Fernanda, en fin, toda la esencia pura de la época. Yo de chavea siempre estaba en un rincón sentado escuchando a todas esas figuras. Si venía Mairena, llamaba a Terremoto y allí se juntaba El Chozas, Tío Pacote, el abuelo de El Torta, Paco Laberinto...Esa vivencia para mí es inolvidable.

-Eso es lo que hoy echan en falta los jóvenes, ¿no cree?

-Eso hoy no se vive, el mundo va de otra forma, no sé si pa mejor o pa peor, porque no soy nadie para juzgar cómo va la cosa. Hoy los chavales jóvenes terminan de cantar y se van a su casa, y antes no, antes veníamos de la Caracolá de Lebrija o de La Parpuja y todos nos reuníamos después. Al final, se formaba una fiesta hasta por la mañana.

-Habrá vivido muchas de ese tipo. Cuente alguna...

-Recuerdo una Caracolá de Lebrija, que era el cumpleaños de la madre del Lebrijano, de La Perrata. Yo había trabajado allí y conmigo estaba Terremoto, Tío Borrico, Mairena, El Lebrijano y Curro Mairena. Cuando terminó la Caracolá dijo La Perrata, 'vámonos a casa a comer unos churritos', porque estaba amaneciendo. Nos fuimos a la azotea al fresquito y allí había un urinario. Terremoto había cantado ese día muy malamente, le cogió mal porque esto del cante depende del momento. Fue Fernando al water y cuando salió, a las ocho o las nueve de la mañana, vino cantando por seguiriyas. Mairena estaba apoyado en el pretil de la azotea con un vaso en la mano bebiéndose un whisky. Cómo cantaría Terremoto que Antonio tiró el vaso al suelo y empezó a llorar. Son vivencias que...Se me pone hasta el vello de punta. Fernando pegó un quejío por seguiriyas y Mairena dijo 'oleeeeeeeee'. Fue increíble.

-Y en el Volapié, ¿se acuerda de alguna?

-Bueno, me acuerdo que en un día de fiesta se reunieron allí todos los matarifes del matadero. Estaba Roque, Tío Pacote, el Moneo... Entonces en el matadero había un hombre que le decían 'El Moro'. Era mutilado de guerra, gitano, corpulento y la faltaba una pierna y la otra la tenía por la mitad. Iba siempre con una muleta. Estaba dejado caer en el mostrador escuchando a la gente cantar. Cómo sería lo que se estaba cantando allí que cuando nos dimos cuenta salió bailando. El pobre cayó al suelo y cuando lo levantamos le dijimos: 'Tío Moro, ¿qué te ha pasado', y contestó: 'Que no me acordaba que no tenía piernas' (Risas). Fíjate qué compás y lo a gusto que se estaba allí.

-Usted también conoció bastante al Chozas....

-Sí, y tuve bastante amistad con él. Le conocí por casualidad. Un día, cuando cerraron el matadero, dividieron la nave en varios cuartos que estaban separados por cortinas. Fui a visitar a una familia necesitada a la que de vez en cuando le ayudaba. Yo estaba trabajando en la gasolinera y estaba bien. Una de las veces fui a llevarle algo y coincidí con El Chozas, que vivía en uno de los cuartos. Ahí empezó mi amistad con él. Luego, cuando lo escuché cantar, no sé qué se me infundió. Sé que no ha sido un cantaor para la historia pero a mí me decía algo. A mí en el cante no me importa que el cantaor esté arriba o sea un aficionado, si me da el pellizco, me lo da y ese hombre a mí me transmitía. Me enamoré de su arte y de forma de ser. Y eso que era un incomprendido, la gente decía que era raro, pero raro no era la palabra, era bohemio porque escribía hasta sus propias letras. Yo mantuve una buena amistad con él e incluso a veces, como mi madre sabía que estaba mal de dinero, lo invitábamos a comer a casa.

-¿Por eso ha conservado tan bien sus cantes?

-Claro, aunque si te digo la verdad no me acuerdo ni por qué ni cómo se me ocurrió a mí hacer sus cantes. Las cosas de los chaveas... A mí se me metió en la cabeza su timbre de voz y su forma de cantar, y ya se sabe, si uno tiene un poco de cualidades.... Tío Chozas no tenía soniquete, las cosas como son, por eso cuando salí yo haciendo ese cante pero a compás, la gente lo valoró mucho más. Ahora hay muchos chavales que hacen esos cantes, pero al no haberlo escuchado, porque ese timbre que hacía había que escucharlo, el cante pierde un poco.

-¿Y qué le gustaba más de El Chozas?

-A mí me gustaba por soleá, hacía sus cosas, lo que pasa es que iba siempre atravesado. Ahora, como le entrara una de las letras a compás te conmovía. Tenía un quejío único. Una vez lo llevé a ver al Cristo al bar Corona, que estaba al lado de La Moderna. Allí estaban todos los artistas. Cuando pasó el Cristo le cantó una saeta improvisada, porque él era así, y como sería que Sordera se volvió loco. Qué lástima que en aquel tiempo no hubiese grabaciones para haber cogido los chillidos que pegaba el Sordera.

-Su verdadero nombre es Paco Casares, ¿de dónde viene lo de 'El Gasolina'?

-Eso me lo pusieron Terremoto y su mujer. Un día me encontré a Fernando y su mujer, y yo, que tenía catorce años, iba con el mono azul que antes se llevaba en las gasolineras. Me preguntó: '¿Dónde vienes tan azul' (recuerda mientras se le ilumina el rostro). 'Fernando que me he colocao'. La mujer contestó: 'Mira, el gasolina', y se me quedó. Yo tenía mucha amistad con Terremoto porque me había criado con él. Para mí no era como un artista, porque había gente que lo veía así, yo lo trataba como un amigo.

-¿Cuándo fue la primera vez que se puso delante de un público?

-En los Jueves Flamencos que organizaba Manuel Morao. Días antes fui con Terremoto, porque cantaba, y estando en la plaza de toros, Fernando le dijo a su cuñao: 'Manué, pa el jueves que viene pon al Gasolina en el cartel'. Y así fue, el Morao me puso y le gustó a la gente. Luego, me llamó Antonio Pulpón y así empecé a hacer festivales.

-Mucha gente le recuerda por aquel disco de la 'Nueva Frontera del cante'. Háblenos de él.

-Eso fue un disco que hice casi de improviso. Estando yo en la gasolinera, me llamó allí Antoñín el de la Peña Los Cernícalos y me dijo que me fuera para la bodega Palomino y Vergara que estaba allí Antonio Murciano y que quería hacer un disco con todos los jóvenes. Hablé con mi jefe y fui y al final grabamos. Fue sin preparar pero bueno, ahí está, creo que ha pasado a la historia. El disco tuvo el premio al más vendido de aquel año, ahí es nada.

-Ha mencionado su etapa por los festivales. ¿Por qué se le ve tan poco ahora por ellos?

-Me he recorrido Andalucía entera con Pulpón. He ido a cantar a Málaga, Granada, Lebrija, Chiclana, Almería, Huelva.... El problema llegó cuando me casé, vinieron los niños, ya en la gasolinera no podía compaginar las dos cosas y puse ambas en una balanza. Yo es que venía a las cinco de la mañana de cantar y a las seis me tenía que ir para la gasolinera, y eso me costó algún disgusto con mi mujer. Además, coincidió con la muerte de Pulpón y bueno, me retiré un poco. Que no quiere decir que lo dejara porque hice cosas con Rubichi en Francia, Madrid y Barcelona. Diego era muy buen amigo mío y trabajé mucho con él. Para mí, de mi época, Diego ha sido un cantaor de los más puros. Sin menospreciar a nadie, pero ha sido un gitano que ha cantado muy bien y además era muy buena persona.

-¿Y se ganaba dinero?

-Sí que se ganaba dinero, y mucho más que ahora. Ahora muchas veces me quedo espantado con lo que cobran algunas criaturas. Yo he cobrado en el año setenta y cuatro 80.000 pesetas por ir a un festival, que en aquel entonces era un dinero. Además, se cobraba del tirón, porque Pulpón se ponía en una mesita de madera y allí mismo te pagaba.

-¿Cómo ve ahora los festivales?

-Han cambiado y apenas hay. Yo he vivido la buena época, cuando iban a los festivales Camarón, Chiquetete, Pansequito, Lole y Manuel, Las Montoya, Turronero, Curro Malena o La Paquera, a la que he visto cantar en La Parpuja a las diez de la mañana, ya de día. Había por lo menos quince artistas y la gente esperaba sentada a ver qué cantaor venía. Además, se respetaba el cante, no ahora, que están todos en la cantina (risas).

-Antes dijo que le gusta el cante de pellizco. ¿Queda poco de eso?

-Hombre, algo todavía queda. A mí me gusta todo el que cante bien. Por ejemplo, hace poco fui a Rota a escuchar a Agujetas. Con Manuel sabes que de cuatro cosas una te va a pegar el pellizco en la barriga y cuando pasa eso no te acuerdas de lo demás. Para mí Manuel es un bicho. El negrucio este de Rota te hace así cuando menos te lo esperas y dices tú, ya me voy. Para mí es de otra galaxia y te voy a decir una cosa, cuando se nos vaya, ya de mayor, la gente no hablará de Manuel Torre, hablará de Manuel Agujetas, y eso lo sabe mucha gente, y en Santiago también.

-Ya que habla de Santiago, ¿qué cante le ha llegado más el de La Plazuela o el de Santiago?

-En La Plazuela hay otra profundidad en el cante. Y eso no quiere decir que no me guste Santiago porque yo he vivido con Sordera, con Tío Borrico y con Terremoto, que eran de allí, pero el cante de La Plazuela es distinto. Yo escucho a Manuel Agujetas, a Rubichi o Manuel Moneo y es otra cosa. Ni mejor ni peor, pero es distinto.

-Su hijo se dedica al cante, ¿le gusta que haya tomado ese camino?

-Sí hombre, ha aprendido el oficio bien, porque esto es un oficio y está haciendo cositas. Antes se cantaba pa bailar y era espontáneo, pero ahora no, las bailaoras te piden muchas cosas. Él es un cantaor largo, no como yo, conoce bien el cante y gracias a Dios le salen cositas. Hoy día la mayoría de chavales jóvenes se preocupan.

-Qué diferencia con lo que había antes, ¿verdad?

-No tiene nada que ver. Por ejemplo, Terremoto se sabía tres letras por seguiriyas, tres por soleá y tres por bulerías, pero cada vez que cantaba ponía a la gente en pie. Era clásico, pero llegaba. Ahora a veces quieren rizar el rizo. Es como cuando meten el violín o la percusión. A mí me gusta más lo tradicional, con un tocaor y las palmas cuando hagan falta. Para escuchar violín me pongo la orquesta que sale en la segunda cadena los domingos.

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