Patrimonio

Claustros, un paseo hacia la salvación

  • El investigador Antonio Aguayo Cobo publica un libro en el que describe la iconografía y simbolos de este espacio y las funciones que desempeñaban en la época

Adán y Eva, concebidos como las dos columnas de la humanidad, pero por haber comido del árbol, estas columnas se tuercen. Están a la entrada del Refectorio. Adán y Eva, concebidos como las dos columnas de la humanidad, pero por haber comido del árbol, estas columnas se tuercen. Están a la entrada del Refectorio.

Adán y Eva, concebidos como las dos columnas de la humanidad, pero por haber comido del árbol, estas columnas se tuercen. Están a la entrada del Refectorio.

Cubierta del libro. Cubierta del libro.

Cubierta del libro.

Lo que para el visitante puede pasar desapercibido, para el fraile era un auténtico martilleo en su cabeza. En su paseo durante el estudio por los Claustros de Santo Domingo, se iba ‘chocando’ con alegorías que le recordaban sus pecados y cómo salvarse. A la mínima que levantaba la vista del libro, ahí aparecía en piedra el hombre devorado por dos cocodrilos, que representaba la lujuria, o Adán y Eva haciendo de las suyas. 

El doctor en Historia del Arte Antonio Aguayo Cobo acaba de publicar ‘Los Claustros de Santo Domingo. Iconografía, espacio y símbolo’ (PeripeciasLibros). Una obra que es fruto del trabajo de años, sobre un espacio que Aguayo califica como “complejo, no sólo el claustro en sí, sino todas las edificaciones adosadas también, el Refectorio, el oratorio de Fray Jordán (hoy, en la finca ‘Las Quinientas’). Todo está lleno de simbolismo, que es lo que he investigado”. 

Una profunda labor que aporta como novedosa la interpretación iconográfica. “Hasta ahora ha habido muchos estudios que se han basado, sobre todo, en el estilo, pero no se hacía hincapié en el contenido semántico, en lo que significan las obras. Yo me he basado en estudios anteriores para el estilo y la cronología, pero la gran aportación, modestamente, que he hecho es hablar de lo que significan todos y cada unos de los relieves, las imágenes y figuras que aparecen en los Claustros. Eso sí, hay una interpretación de conjunto y de cada uno de los espacios como la portería, el Refectorio, el oratorio de Ribadeneira, el dormitorio bajo... Todos tienen un simbolismo y esa introducción que hago al método iconológico de este edificio tan emblemático es importante”.

Oratorio de fray Jordán (Las Quinientas). La lujuria atacada por un buitre. Referencia al mito de Ticio. Oratorio de fray Jordán (Las Quinientas). La lujuria atacada por un buitre. Referencia al mito de Ticio.

Oratorio de fray Jordán (Las Quinientas). La lujuria atacada por un buitre. Referencia al mito de Ticio.

Aguayo subraya que hay que entender este monumento en el tiempo en que se hizo. “En el siglo XV-XVI hay una crisis espiritual realmente enorme, lo que se conoce como la claustralidad, en la cual los frailes tenían la moral bastante relajada. Es importante para entender el sentido de los Claustros de Santo Domingo porque en los relieves que hay en las ménsulas están representados los vicios, los pecados que teóricamente están cometiendo esos frailes en ese momento. La envidia, la lujuria, el orgullo, la vanagloria, la ebriedad, etc. Ahora entramos a través de la portería, pero antes se hacía desde la iglesia, desde la que el fraile iniciaba su procesión acompañado de esas imágenes que le iban recordando sus pecados. Y en las cuatro esquinas están los soportes en los que se puede basar el fraile para salvarse, los cuatro pilares de salvación de la orden dominica: la castidad, la obediencia, la pobreza y la vida en comunidad. Y en el centro del patio estaría la fuente de vida en relación con el culto que se estaba desarrollando en ese momento a la Virgen de Consolación”. Así, un edificio, que además de ser eje de la vida de los frailes, también tenía una función aleccionadora de cara a sus habitantes para cumplir con esos cuatro pilares de la salvación.

La lujuria, atacada por dos cocódrilos. Habla de las falsas lágrimas del cocodrilo, llora pero se come a la víctima. Así los frailes aparentan bondad y después se dan a la lujuria. La lujuria, atacada por dos cocódrilos. Habla de las falsas  lágrimas del cocodrilo, llora pero se come a la víctima. Así los frailes aparentan bondad y después se dan a la lujuria.

La lujuria, atacada por dos cocódrilos. Habla de las falsas lágrimas del cocodrilo, llora pero se come a la víctima. Así los frailes aparentan bondad y después se dan a la lujuria.

Un paseo por los Claustros hoy debe ir, sin duda, acompañado por el libro de Aguayo. “Hombre (ríe) estaría bien, el libro tiene fotografías de todos los elementos que describo. Vas viendo cuál es el proceso por el que se le está diciendo al fraile: mira este es el pecado que estás cometiendo y para salvarte tienes que recurrir a la Virgen, etc., etc. Hay que entender la mentalidad de la época que era muy religiosa y compleja”. 

El autor cuenta que, durante su estudio, le llamó la atención comprobar que el oratorio de Fray Jordán no estuviera en su sitio. Se vendió a principios del siglo XX y ahora está en la finca de ‘Las Quinientas’. “Tiene un programa iconográfico muy escueto pero muy complejo. Se nota que Fray Jordán era muy culto y que tenía mucho dinero para poder hacer esta obra”.

Respecto a los Claustros en sí, el investigador destaca que tiene “un programa iconográfico difícil de entender.  Hay dos épocas muy diferentes. Dos estilos, uno que yo llamo ‘el maestro del pecador’,  cuya imagen del pecador aparece hasta en tres ocasiones, y otro es ‘el maestro del bestiario’ cuyas alegorías son a base de animales, que es muy posterior”. 

La Verónica. Oratorio de Ribadeneira. Son los únicos relieves policromados del Renacimiento de Jerez. La Verónica. Oratorio de Ribadeneira. Son los únicos relieves policromados del Renacimiento de Jerez.

La Verónica. Oratorio de Ribadeneira. Son los únicos relieves policromados del Renacimiento de Jerez.

En cuanto a la controversia de la cronología de los Claustros, Aguayo hace una aportación y dice que si “nos fijamos en la iconografía, hay dos etapas muy diferentes: una que son las pandas norte y sur y otra las pandas este y oeste. Estas últimas serían posteriores, con un estilo más evolucionado y con una iconografía más compleja”. El libro hace matizaciones a lo que han publicado otros historiadores. “Pero no cuestiono –añade– la fecha de construcción, sí la evolución en cuanto a la construcción del claustro porque es algo que está bastante difuso. Yo en base a la iconografía trato de ajustar los periodos de construcción”.

Aguayo habla de la remodelación y reapertura de los Claustros, de la que dice que es un trabajo “que tiene mucho mérito. Pero hay que denunciar que es un crimen que metieran escuelas taller porque los relieves del Refectorio, al utilizar chorros de arena, pues se los cargaron prácticamente todos. Y en la portada, pues hay pegotes para rehacer rostros y caras que son salvajadas. En el interior del Refectorio los relieves se han quedado en la mínima expresión, el resto se los han cargado todos.  Tendría que haberse cuidado mucho más la restauración. Lo peor de todo es que ya es irreversible”.

El autor, Antonio Aguayo. El autor, Antonio Aguayo.

El autor, Antonio Aguayo.

‘Los Claustros de Santo Domingo. Iconografía, espacio y símbolo’ (PeripeciasLibros) ya está en librerías. Una obra en la que los frailes, a buen seguro, hubieran visto su verdadera salvación... en papel. 

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