Desarrollo intelectual

reflexiones sobre psicología

La denominación de 'Retraso mental' ha adquirido un sentido peyorativo

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22 de mayo 2012 - 01:00

Los que en su momento fueron llamados trastornos de las habilidades académicas, actualmente trastornos del aprendizaje, han acaparado generalmente toda la atención de padres y profesores. Nos referimos a los trastornos de la lectura, los trastornos de la expresión escrita o los trastornos del cálculo. Sin embargo, existen también trastornos de las habilidades motoras que no son menos importantes en el adecuado desarrollo de los menores. Entre ellos, se encuentra el trastorno del desarrollo de la coordinación. La característica esencial de este trastorno es la alteración significativa de la coordinación motriz, que interfiere de forma significativa en el rendimiento académico o en las actividades de la vida cotidiana de quien lo sufre. Para hablar de un trastorno del desarrollo de la coordinación debemos tener claro que las dificultades no se deben a una enfermedad médica como hemiplejía, parálisis cerebral o distrofia muscular, ni tampoco a un trastorno generalizado del desarrollo, como peden ser el trastorno autista o el llamado Síndrome de Asperger.

Este trastorno se puede manifestar de diferentes formas en función de la edad o de la etapa del desarrollo en la que se encuentra el menor. Los más pequeños pueden encontrar dificultades en empezar a gatear, caminar, anudarse los zapatos o subir y bajar una cremallera y los niños mayores pueden encontrar dificultades en hacer rompecabezas, en recortar piezas para ejercicios de manualidades, en jugar a la pelota o en la escritura.

Los niños con este trastorno han de ser considerados niños con necesidades educativas especiales, tendrían que ser estimulados para conseguir superar sus dificultades, ya que de lo contrario las limitaciones supondrán un importante deterioro en el desarrollo emocional y personal en la edad adulta. Se estima que la prevalencia de este trastorno oscila en torno al seis por ciento de niños entre cinco y once años de edad.

En niños que padecen Retraso mental no podremos hablar de trastorno del desarrollo de la coordinación si la gravedad del retraso mental justifica las dificultades psicomotoras que presenta el menor. El Retraso mental se clasifica en función de su gravedad en Retraso mental leve, el de aquellos menores que tienen un cociente de inteligencia entre 50 y 70 aproximadamente, suponen el 85 por ciento de menores con Retraso mental. Retraso mental moderado, con cociente intelectual entre 35 y 55, Retraso mental grave con cociente de inteligencia entre 20 y 50 y Retraso mental profundo con cociente intelectual inferior a 20. El cálculo de estos cocientes de inteligencia es realizado por psicólogos, utilizando instrumentos y estrategias que están diseñadas para valorar de forma sistemática o protocolizada a personas que pertenecen a un rango determinado de edad. Las puntuaciones que obtienen la gran mayoría de personas, en pruebas adaptadas a su rango de edad, son las que se consideran normales y oscilan entre un cociente de inteligencia de 80 y 120.

Hablaremos en otra ocasión con más detenimiento del Retraso mental, que por cierto, parece que en breve cambiará su denominación por la de Trastorno del desarrollo intelectual, la cual resulta bastante más apropiada, dado el sentido peyorativo que ha adquirido, con el paso del tiempo, la denominación de Retraso mental.

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