Educación | Literatura infantil y juvenil

Día de las Librerías

Día de las Librerías.

Día de las Librerías.

El pasado 8 de Noviembre se celebró el Día de las Librerías y a través de CEGAL, Gremio de Libreros, se quiso poner de manifiesto el importante papel que ejercen en el barrio, el pueblo o en las ciudades, donde no sólo actúan como centros de dinamización cultural sino que son espacios imprescindibles para la creación de comunidad.

Bajo el lema “Las librerías nos tocan” se quiere lanzar una reflexión sobre qué sociedades queremos construir. Se ha luchado mucho a lo largo de la historia a favor de la alfabetización y por la lectura como elemento para una sociedad más democrática e igualitaria. No puedo dejar de citar al pedagogo Pablo Freire, quien plantea que la alfabetización va más allá del ba, be, bi, bo, bu ya que implica una comprensión crítica de la realidad social, política y económica en la que está el alfabetizado. Para generar cambios ante una sociedad de consumo, los libros deberían estar prescritos en la lista de la compra y como parte fundamental de la dieta. La lectura alimenta el alma y alivia de muchas dolencias.

No debemos olvidar para qué hemos luchado por una sociedad del bienestar, la democratización de la cultura y creación de términos como ocio y tiempo libre. La sociedad de consumo, en la que nos vemos inmersos, distorsiona los términos antes mencionados. No podemos olvidar que la educación y el aprendizaje a través de los libros nos hace ser miembros más activos y con mayor criterio y nos posiciona socialmente.

Cuando decimos que la realidad supera la ficción me vienen a la mente escenas de la 2ª Guerra Mundial, donde el partido nazi hacía quemas de libros para que la sociedad no pensara. Esto se recoge en la maravillosa novela ‘La sociedad literaria y el pastel de piel de patata’ de Mary Shaffer, publicado en la Editorial Salamandra. Otro clásico sería ‘Fahrenheit 451’ de Ray Bradbury, que nos presenta sociedades donde la lectura estaba prohibida al pueblo y este arma era utilizada por gobernantes para controlar las conciencias de los pobres analfabetos.

Echamos una mirada hacia atrás y muchas son las personas que han luchado por una sociedad más igualitaria defendiendo la individualidad de las personas, sin libertad de expresión y de pensamiento. Como borregos sin pensamiento crítico aceptamos las modas de libros que recomiendan plataformas on line que lo mismo te venden una freidora que unos zapatos o un libro. Influencers que por el mero hecho de tener miles de seguidores son escritores, diseñadores de moda y artistas…

Por favor, paremos y eduquémonos, ya que, como dice Freire, no cambia el mundo pero sí cambia a las personas que van a cambiar el mundo.

Dejemos que las librerías nos toquen, nos lleguen. Este artículo es una reivindicación a la esencia del papel del librero y las librerías. Libros como los ‘destacados’ junto a estas líneas nos muestran un oficio vocacional e incluso romántico donde la persona que te atiende pone el alma en su trabajo de selección. La librería es un espacio donde el boticario, en este caso el librero, encuentra el libro más adecuado para tu dolencia o necesidad. Ir a una librería es una experiencia que se debe contemplar como parte del ocio y aunque implica un consumo no es un consumo descontrolado y sin criterio. Son mediadores y gestores culturales dentro del tejido cultural de la ciudad. Gracias a la encomiable labor de libreros estos espacios están vivos, llenos de una amplia y variada programación de actividades en torno al libro, al proceso lector y a la cultura.

Leer,visitar un museo o escuchar un concierto exige un esfuerzo pero además de enriquecer el alma nos educa y amplía nuestras habilidades y competencias en la sociedad y nos hace más críticos con lo que nos rodea. No nos dejemos llevar por experiencias inmediatas que tal como vienen se van. Aboguemos por experiencias que duran y perduran en el tiempo.

Hemos querido hacer partícipe de este artículo a la compañera Lola Gallardo, un referente en la Literatura Infantil y Juvenil y un ejemplo del buen hacer del oficio con su librería Rayuela Infancia en Sevilla.Tu librería es única y forma parte de las señas de identidad de tu ciudad, porque como dice Manuel Rivas “Hay mucha gente que vive sin libros y no le pasa nada, pero la ciudad no existiría sin librerías”.

Resulta hermoso cuando caminas por las calles de una ciudad y vas entrando en las librerías y sientes, nada más cruzar el umbral, que es única, no hay otra igual. No huele igual que otra, no respira como otra, no se mueve como otra, la librera o el librero es único y allí, en aquel espacio, en aquel lugar, se establece una relación especial y única, que no conseguirás en otra librería. Y esto tan real me parece mágico a la vez y deseable ponerlo en valor, porque creo que supone la salvaguarda de nuestra permanencia en el presente y futuro de nuestras ciudades.

Y en esta línea, tengo que añadir que nuestra librería ha dejado de ser un escenario en el que pasan cosas y se ha convertido en un lugar con personalidad propia. Ahora Rayuela es un personaje más de nuestra ciudad y guarda celosa su identidad más allá de nosotros.

Tengo claro que las librerías juegan un papel importante, como pequeños refugios de conocimiento. Quiero verlas, imaginarlas como hermosos lugares que ponen notas de color a las calles, como luces que atraen dispuestas a embaucar a niños, jóvenes y adultos con la lectura de una sugerente historia. Aparecen en mi mente como lugares de encuentro cultural, de debate y de intercambio. Así es como deseo mi ciudad.

Y para que esto no sea una ficción, necesitamos apoyos institucionales y gremiales que aseguren nuestra existencia en estos términos, ayudas, financiación para la informatización, herramientas para una gestión más ágil y reconocimiento por parte de la ciudadanía. Todo dependerá de lo claro que se tenga la aportación inestimable que una red de librerías puede ofrecer a una ciudad y, por ende, a una sociedad.

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