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Doña Helena quiere descansar

  • Una vidente y un investigador preparan un libro sobre la vida de la alcaidesa del Alcázar en 1325 y de Doña Blanca, una obra en la que aseguran que van a dar respuestas a la Historia

Amparo Toro, junto al investigador en Historia Benito Pizarro, en el Alcázar, días atrás. Amparo Toro, junto al investigador en Historia Benito Pizarro, en el Alcázar, días atrás.

Amparo Toro, junto al investigador en Historia Benito Pizarro, en el Alcázar, días atrás. / Vanesa Lobo (Jerez)

La primera vez que Amparo Toro vio a doña Helena de Salazar fue en una visita al Alcázar. Observó a una señora que paseaba por los jardines del monumento vestida de la época, de principios del siglo XIV, y que desprendía una extraña energía.

Con tres años, desde que Amparo dice que tiene uso de razón, la niña veía mucho ajetreo de gente por su casa, personas que entraban y salían de su habitación para pedirle ayuda. No entendía lo que pasaba, pero notaba que era algo extraño, personas que no eran personas. Se asustaba. Tiempo después, la madre observaba cómo la cría se quedaba mirando fija a un sitio, como con la mirada perdida, cuando en realidad observaba a alguien. “Estos son ataques de epilepsia”, dedujo, y de hecho estuvo en tratamiento.

Pero la madre la llevó a una señora para que viera si lo que realmente tenía era un mal de ojo: “verá, yo no puedo hacer nada por la niña. Ella tiene más poder que yo, pero no se preocupe que su hija no tiene nada malo, sólo posee una gracia”, contestó la mujer. De allí fue a otra señora, a Utrera, que fue su guía espiritual, su madrina, para que la niña fuera asimilando todo lo que veía, tanto bueno como malo. “La verdad es que uno no escucha todos los días que te cuenten estas cosas. En mi habitación llegó a haber más de 100 espíritus, todas almas que pedían algo. Era un agobio. Gracias a esta madrina fui desarrollando todos esos dones y comprendiendo qué era yo y cuál era mi misión”, dice Toro.

Una labor en este mundo que le desgranó mejor el propio Jesús, cuenta, cuando se le apareció a seis metros de altura cuando ella tenía 10 años. “Desde entonces contacto con él. Es un don que me ha dado Dios para hacer el bien a los demás. Tengo la gracia de la curación, videncia/clarividencia, hablar con los Santos y los difuntos, bajar a los difuntos y santos.. Él es quien me ha dado las respuestas a lo que me estaba pasando. Mi misión es ayudar a quien se ponga en mi camino, persona física o alma”.

Ya con 11 años podía curar, pero su madre temía que la gente se aprovechara de ella o que le hicieran daño “porque eso estaba muy pecado. Yo predecía cosas en mi casa y mi madre muchas veces, todavía hoy, me dice que no le diga nada” (ríe).

Amparo nació en Utrera, se ha criado en Villamartín y ahora reside en Jerez. Dice que en lo terrenal, “encontramos más seres malos que buenos, tramando, porque los buenos están con sus misiones que en su mayoría son para protegernos. Yo los rechazo y me han propuesto hasta brujería, algo a lo que me niego”, destaca.

“Para mí, cada vivencia, cada misión es un reto. En el día a día no tengo que pedir permiso a los santos para las cosas más cotidianas, como una culebrina, un mal de ojo, sólo para curar enfermedades más graves como el cáncer. Ahora estoy trabajando con niños con autismo. También puedo ayudar en operaciones. Y es que hay muchas cosas que podemos hacer para ayudar”.

Y entre las conversaciones que tiene Amparo con estos seres, almas, está el personaje histórico de doña Helena de Salazar, la que fuera alcaidesa del Alcázar de Jerez durante la Batalla de los Cueros, allá por 1325 y que ella, viuda, afrontó con ayuda de los cordobeses. Sin embargo, doña Helena vaga hoy por el Alcázar, no en su lugar real de descanso, “porque no ha sido valorada como se debe por los historiadores”.

El investigador en Historia, el jerezano Benito Pizarro le hace una serie de preguntas a Amparo, que ésta le traslada a Helena de Salazar en sus visitas al Alcázar. Doña Helena fue viuda de Simón de los Cameros (en ciertos libros ponen Carneros), fue madre de una niña llamada Eva María, de familia noble y su padre se llamaba don Rodrigo de Salazar, nacido en Valladolid. Su madre, María, fue reina. Simón de los Cameros fue alcaide del Alcázar y murió guerreando con Alfonso XI. Doña Helena, “una persona muy inteligente”, se quedó al frente del monumento y salió airosa de dicha Batalla de los Cueros.

Por eso, y para que la mujer entonces quizás pueda descansar, toda esta investigación de Pizarro y las respuestas que doña Helena le ha estado aportando a la vidente Amparo Toro darán pie a un libro “sobre la historia real de Helena de Salazar. Damos las respuestas que nadie se ha podido explicar. Habrá gente que se lo tomará bien y otros mal. Cada uno cree en lo que cree. Eso no nos importa”, asegura Pizarro.

“Yo de historia no tengo ni idea y es Benito el que va comprobando lo que voy diciendo y que no miento. Sus preguntas no las conozco con antelación. También he hablado con su hija, Eva María. Casi que cuando llego al Alcázar no me cuesta trabajo ni llamarla porque sabe lo que estamos haciendo y nos recibe con los brazos abiertos. A este mujer hay que hacerle justicia. Así que por fin, después de tantos siglos, la vamos a ayudar. Nosotros (por ella) somos intermediarios de los santos, ayudamos, hacemos un equipo, digamos”.

Amparo no puede utilizar los poderes con su propia familia, ni en beneficio propio, tampoco puede ‘trabajar’ los domingos porque ese día se queda sin fuerzas, cuenta. Asegura que ha curado a niños y adultos y ha trabajado para las fuerzas de seguridad del Estado. “Yo, después de tanto años, consigo desconectar, porque podría conocer la vida de cada uno al instante mientras estamos aquí. Yo tengo un revolteo de santos detrás, pero San Miguel arcángel siempre va conmigo, es lo más. Todos podemos pedir ayuda, siempre escuchan, y cada uno lo hace como le sale del corazón, hasta con flores. Pero las oraciones es lo que más fuerza dan. Mi don también me permite conectarme con la mente. Creo que todo lo que puedo hacer se llama psicoarqueología (ríe)”, cuenta Toro.

La próxima figura que quieren investigar es la de Doña Blanca (que se incluirá en el libro), que asegura que nunca ha estado enterrada en San Francisco, “pidió ser enterrada en el Alcázar, que visitó mucho, pero, según le ha contado doña Helena, está enterrada en zona de agua. Muere en un sitio y está enterrada en otro”, cuenta Amparo, según las palabras de doña Helena.

Tras la entrevista con Amparo, visitamos la alcoba de doña Helena en el Alcázar. Va vestida con colores vivos, nos dice. Un rosario protege de la posible presencia de malos espíritus, “aunque conmigo nunca pasará nada”, tranquiliza Toro. Allí se le hacen una serie de preguntas a doña Helena a través de Amparo: ¿cómo va vestida?, ¿le hubiera gustado ser una mujer del siglo XXI?, ¿cuántos habitantes tenía Jerez en 1325?, ¿dónde está enterrada Doña Blanca?, ¿cómo eran los inviernos?...

“Ni pensarlo que una mujer llevara la vida que lleva hoy. Entonces no valían nada, menos que un trapo. Claro que le hubiera gustado vivir en esta época. Ella es muy guerrillera y dice que había muchas mujeres así, que eran las que le daban las ideas, las estrategias de guerra o de lo que fuera a sus maridos. Eran estrategas, pensaban más allá mientras que el hombre se estancaba en sota, caballo y rey”.

Respecto a los habitantes que tenía Jerez en 1325, Amparo Toro asegura que “doña Helena apunta que los datos son erróneos, había unos 17.000. Y los inviernos eran muy fríos, iban abrigados con muchas pieles, no como hoy”. “Estoy aquí –le dice Helena– para mi reconocimiento y para ayudar a que se sepa la realidad, lo que está escondido, como que ella le organizó un entierro a su marido en el Alcázar. Sus cosas personales están aquí, pero debajo de muchas capas de tierra”.

Doña Helena ‘agradece la entrevista’. Un paso más para dejar de vagar entre los turistas del Alcázar, ajenos a su valiente historia.

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