Jerez íntimo

Feria de Jerez 2018

A un tiro de honda hemos dejado atrás -como el derrame subsidiario de la más reciente recordación- una fascinante semana de Feria. Con más luces que sombras, más auroras boreales que melindres, más etiqueta que desaliño, más dádivas que parcialidades. El remedo de la frase hecha -del dicho repetido hasta la saciedad- señala que cada cual cuenta la Feria según le va y que, a tenor de lo cual, la objetividad , así como las verdades absolutas y absolutistas -y las sentencias ex cátedra-, forma parte de la bilateralidad: es decir: de la extracción del yo y de la vertiginosa memoria de la piel. Al fin y al cabo todo queda en (la) casa (del fuero interno).

La Feria no es una superposición de planas experimentaciones sino la armónica mezcla de la relación social in crescendo y de la interrelación institucional que redescubre nuevas perspectivas también humanas. La seña de identidad del jerezano en su pulso idiosincrásico y en su desnuda verdad. Una oportunidad por segundo, un abundamiento y ahondamiento en el otro, en la otra: la conversación que unifica y la alegría que mancomuna. El flash de las afinidades electivas y el rayo que no cesa -tan del niño yuntero y de la nana de la cebolla- de la poética de las incluso novas amistades.

La Feria no puede quintaesenciarse bajo el adjetivo que juega al solitario. Ni bajo la urgencia tan propia del cortocircuito del Twitter. Es un networking desprovisto de rigorismos. Un almuerzo familiar en casa (de todos). La hospitalidad de puertas abiertas de par en par (de lo general a lo particular, como así estructuraba Mariano de Cavia sus artículos periodísticos tan académicamente plumeados). En la Feria de Jerez no tiene cabida la fuzzy logic, ni lo gagá, ni tampoco ningún index expurgatorius. Ni siquiera las teorías de las imágenes vanas y los prejuicios inherentes formuladas por Francis Bacon.

Quien suscribe ha brindado con decenas, cientos de amigos y allegados entre caseta y caseta. Porque la Feria responde y se adecua milimétricamente a la máxima de Jung: "Hay que mezclarse con la vida porque una vida no vivida es una enfermedad de la que se puede morir". Desde el aniversario sexagenario de 'Al relente' -¿verdad que sí, Óscar Real Cambas?- hasta el primer paseo - de sensación naciente- del hijo tuyo estrenándose en el cochecito de una atracción infantil de la calle del Infierno (en este caso de juguetones ángeles custodios).

Un servidor prefiere compartir la Feria con quien concibe y preconcibe el Real a la manera de "last but not least" - el último pero no el menor- de Elías Díaz o bajo la sincronicidad del carpe diem del club de los poetas muertos (filme paradójicamente inmortal) que con aquellos insatisfechos por norma tan del laudator temporis acti -elogiador del tiempo pasado- de Horacio. Queda en mi memoria vivencias y conversaciones grabadas a troquel y a tropel: Feria plateada y pateada de su Gata a su Finisterre.

Guardo en las alforjas novedades o conservaciones del todo positivas: verbigracia el acierto de Francisco Camas al propiciar el acuerdo institucional para el fortalecimiento y la consagración del Pregón de la Feria de Jerez, la categórica envergadura de la presencia de la Guardia Real, la profesionalización sin precios abusivos sino muy al contrario de catering de primera -algunos provenientes de Sevilla- en casetas tradicionales y tradicionalistas, la alternancia climatológica, la constatación de cafés al gusto en no pocas cartas, la belleza estética en el bien vestir, la inclinación a la empatía, el espectacular paseo a caballo a diario, el sobresaliente periodismo escrito y hablado que han ejercido los compañeros del ramo… La gente de empresa que, siempre escientes creadores de riqueza, saben distinguir el dato de la data… ¡Feria de Jerez: cómo has evolucionado hacia la cenital maravilla: quién te ha visto y quién te ve! ¿Estáis conmigo, Esteban Fernández, Huberto Domecq, Maribel Muñoz, Sandra Villegas, Tito Grimaldi?

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