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Herencias: reparto de bienes… y de hostias

Herencias. Herencias.

Herencias.

Hablar de la herencia familiar que está por venir no siempre se hace sin miedo o con total transparencia. Habría que hablar sin tabúes aunque se esté hablando de la muerte. Los padres deben hablar con sus hijos y éstos con su padres y abuelos. Casi siempre es un secreto y, sin embargo, se debería conocer en vida, pues tarde o temprano nos enfrentaremos a ella y más vale que hayamos hecho las cosas bien. No obstante, habría que hablar del porqué las herencias son tan conflictivas. Es triste ver cómo se rompen lazos entre hermanos de toda una vida. Aunque haya testamento, la herencia de una vivienda, un local o de unas tierras puede convertirse algunas veces en una fuente de conflictos familiares: peleas entre hermanos, suspicacias, envidias, rencores. La muerte de un ser querido, que podría convertirse en un momento de unidad y apoyo entre los miembros de la familia, marca muchas veces el inicio de un calvario de enfrentamientos, acusaciones y rabias, por conflictos relacionados con la sucesión del patrimonio.

No es fácil evitar estos problemas, pero existen varias soluciones para evitarlos y, sobre todo, para no terminar con la subasta de la casa o de la finca. Planificar la herencia ayuda a disminuir futuros conflictos. Habría que empezar por hablar, que exista comunicación con los hijos, en vida de sus padres, y apoyarse en un abogado o un notario para hacer las cosas bien. También un asesoramiento fiscal adecuado puede hacer interesantes determinadas donaciones en vida que harán que los padres se queden más tranquilos, asegurando la herencia de los hijos y éstos pueden verse ayudados en un momento actual que a lo mejor más lo necesitan en vez de tener que esperar al fallecimiento de sus padres.

A los padres nos gustaría ser justos y equitativos con nuestros hijos para que no haya disputas pero muchas veces nos olvidamos de que en una balanza de equidad habría que contrarrestar lo que das con lo que te doy, pero también lo que no me das con lo que no te doy. Todos los hijos no siempre ayudan a los padres por igual en vida y al revés, éstos no siempre ayudan a todos los hijos por igual. Lo que sí que no suele fallar es que cuando fallece papá o mamá todos van “a por lo suyo”. Sin embargo, si papá o mamá necesitaron cuidados por estar enfermos los últimos años de sus vidas no fue tan fácil encontrar el equitativo reparto de tiempo, dinero y ayuda para cuidarlos porque siempre había problemas o excusas: que si vivo lejos y es normal que los cuide mi hermano que vive cerca, que si mi trabajo me tiene atado de pies y manos y mi hermano sólo trabaja media jornada, que si tengo los niños pequeños y mi hermana ya los tiene criados, etc. Excusas y problemas para justificar la imposibilidad de ser igualitario en vida. Pero cuando fallezcan, por supuesto que defenderán con uñas y dientes la igualdad del reparto y si no, vendrán las hostias. ¿A que les suena?

Pero si ya se ha recibido una herencia y encima se ha cometido el error común de repartir en bloque a partes iguales todos los bienes, en partes indivisas o bien si no hay bienes suficientes como para poder adjudicar un bien a cada heredero (como suele ser la mayoría de los casos) es donde viene el problema de liquidar los bienes, derechos y obligaciones recibidos. Centrándonos en los bienes inmuebles (pisos, locales, terrenos, etc.) lo más importante es fijar un valor adecuado para que su venta se produzca al mejor precio y en el menor tiempo posibles porque existen gastos e impuestos que hay que seguir pagando, y si los inmuebles están vacíos, existe el riesgo de okupas y del propio deterioro acelerado que sufren al no estar ocupados. Normalmente, la dificultad mayor está en ponerse de acuerdo en el precio de venta. Sobre todo me encuentro más problemas con los hermanos insolidarios. Aquéllos cuya situación económica es desahogada y no les importar poner un precio por encima del mercado porque así se lo ha dicho un amigo suyo que sabe de esto y se olvida de que hay otros hermanos no tan desahogados que lo que quieren es que se venda a un precio posible que no es otro que aquél que está dispuesto a pagar un comprador. Vamos, lo que viene a ser un precio de mercado y no el que dice el amigo, el vecino o el cuñado que dice entender de esto. Lo razonable es que confíen en un profesional, un agente inmobiliario de confianza, que les aconseje y les guíe en todo el proceso de venta. Lo aconsejable, en el caso de que hayan muchos herederos, es que también éstos depositen la confianza, mediante un poder, en uno o dos de ellos para que representen a la familia en la negociación y cierre de la venta.

Para terminar, creo que el mejor consejo que puedo dar a los padres es el mismo que le doy a los míos. Que disfruten de la vida, que no se priven de los placeres que tienen a su alcance porque como no lo hagan ellos, entonces, mis hermanos y yo sí que lo haremos. Una vez leí que una agencia de viajes publicitó en un gran cartel a la entrada de un cementerio “Si usted no hace este crucero, sus herederos seguramente sí lo harán”.