Jerez

"Hice mucho en política; uno se harta"

  • "Le recomendé a sor Agustina que se presentara a la elecciones. Si no, ganaría el PC"

Las elecciones municipales del 14 de abril de 1979, las primeras en democracia, habían llevado al hemiciclo del Consistorio -como hemos visto estas semanas- a una amalgama de profesionales que se desvelaron en el buen ejercicio y servicio de la política. Esteban Fernández Villegas aparecía en la bancada socialista junto a Paco Perea Torres, Gabriel González Ríos, Rafael Jiménez Arias, Julio Sánchez Lanzas y Pepe Gutiérrez Murillo.

Entretanto, la ciudad funcionaba. Perico ponía en marcha una continuada política de obras para transformar el centro. Le apodaron 'Mao Tse-tung' "porque no dejaba un chino quieto".

-¿Cómo se mete en el 'mundillo'?

- Yo había militado en Cáritas de Santiago y don Eliseo Vicente, que era cura coadyutor, me vería cualidades y un día me dijo: '¿Tú quieres ser director de Cáritas?' Y, ¿usted sabe lo que era aquello? Estaba todo lleno de señores. Los de San Vicente de Paúl, las damas de la Caridad… muchos señores. Leyeron el acta de la sesión anterior. Que si don, que si doña... Yo salté: 'Aquí se acabaron los dones'. Y lo hice con tanta devoción que un día en la Victoria, el cura se sentó y el que hablaba era yo…

-¿Por qué entra en política?

- Yo tenía muy buenas relaciones con políticos de Sevilla, porque mi hermano Miguel era del Partido Comunista. Tenía allí reuniones clandestinas muy muy peligrosas. Recuerdo que un día casi nos pillan a los dos en Sevilla. Ahí empezó mi interés por la política.

-¿Y su paso a concejal?

- Cuando comenzó el PSOE aquí en Jerez, que no había nada de nada, la sede estaba en la calle Compás. Éramos cuatro, entre ellos Rafael Blanco Ratia, Paco Perea Torres, que no he vuelto a ver, Gabriel González Ríos… De allí fuimos a calle San Pablo. Cuando se celebraron las primeras generales, recuerdo que ya estaba en el partido. Un día me fui al polígono de San Benito a una asamblea, donde anuncié que íbamos a formar un partido. Y tras San Pablo, la sede se trasladó a La Asunción. Allí fue cuando se celebraron las elecciones del 79.

-Llega al Ayuntamiento y, ¿con qué se encuentra?

- No teníamos idea de nada. Qué resortes tocar, cómo hacer algo... Yo me acuerdo que hasta los funcionarios tenían que tener nuestras fotos porque es que ni nos conocían… Tenías tú mismo que descubrir todo, dar paso a paso para ver de qué iba la cosa, nadie te orientaba...

-¿Cómo fue todo?

- Bueno, la ciudad se llevaba. Pero tuvimos un golpe de suerte al ser la primera corporación municipal del país que cobramos las contribuciones pagadas al Estado. Y por eso, Pacheco y todo el mundo pedía más, y más y más.

-¿Ha ido a visitarle?

- Un sobrino mío trabaja en Puerto II. Un día se encontró con él y le preguntó: '¿Usted recuerda a Esteban Fernández Villegas?' 'Pues habrá que verlo', dijo. Dos veces a la semana recibe a gente, una de ellas de amigos, pero la lista es muy larga.

-¿Qué le contó su sobrino?

- Me dijo la última vez que estaba un poquito más bajo. Yo recuerdo de Pedro que elegía a los delegados de alcaldía de las barriadas rurales, pero una vez nos dijimos: ¡A ver cómo son de demócratas! Y les facilité una urna para que votaran todos en el cortijo de don Emilio. Entre ellos, estaba sor Agustina Barcia.

- Recuerdo que la primera noticia de sor Agustina me la dice usted. Fue cuando discutió con el concejal comunista Paco López por destrozarle unos pinos. Sonaba a comedia italiana.

- A mí me preguntó la monja si se presentaba en Lomopardo. Le dije que sí, ¿por qué no? Si no te presentas, le dije, sale el Partido Comunista… Y por dos votos o tres salió la monja.

-¿Por qué eligió la delegación de Barriadas y Pedanías?

- Yo había hecho una labor importante antes de las elecciones. Todos los alcaldes pedáneos los busqué yo junto a Paco Perea. Los apoyamos en las elecciones y acudí a cada toma de posesión.

- ¿Qué hizo más?

- Hice algo importante en Torremelgarejo antes de ser concejal, donde vivía mi suegra, que murió, vive mi sobrina todavía, y mantenía unas buenas relaciones. Me encuentro un día con el cura y me dice: '¡Aquí habría que hacer una iglesia!' 'Usted, qué quiere, ¿hacer una iglesia? Espere'. Cogí y cité a todo el pueblo en el cortijo de don Emilio, en una nave dedicada a fábrica de lino. Hablamos y hablamos y había uno que ponía muchos problemas. Me lo quité diciéndole que él sería el presidente de los vecinos y yo secretario. A los días, comenzamos: Hicimos los cimientos. Luego una cartilla y todo el que iba a trabajar se apuntaba y el que no, aportaba un dinero. Aquello fue fenomenal. Y se hizo una capilla escuela y el obispo auxiliar de Jerez, monseñor Val Gallo, bendijo las instalaciones.

- Más c osas...

- También antes de las elecciones, contraté un tren para un millar de personas para ir a Cádiz a reclamar la autonomía andaluza. Todo el mundo tenía su billete pero, ¿quién pagó eso? Me fui a ver al alcalde y como sabía que se acercaban las elecciones, Jesús Mantaras se encargó de pagar todo. Y allá fuimos, en una jornada memorable.

-¿Cómo andaban las barriadas rurales?

- Yo le dije a Pedro: 'Pedro, esto hay que actualizarlo', que aún no lo están por cierto. Pero hubo un golpe: Cogí a un perito del Ayuntamiento para que me acompañase por todas las barriadas y les indicase a los vecinos mediante planos cómo poder legalizarlas. En todas las barriadas hicimos eso. Entonces no pagaban contribución ni pagaban nada. Y estaban con unas ganas locas para poder decir algún día: 'esta casa es mía y está puesta a mi nombre'.

-¿Por qué se retira de la política?

- Me fui porque uno se harta. Te hartas de trabajar y yo soy una persona que odio el peloteo, no sirvo para eso. Y hay que servir para eso. Decidí irme a un banco y pedí un millón de pesetas para comprar un piso. Cuando Pedro se enteró que no le había dicho nada, me dijo: '¡Pero hombre! ¿Estás loco? Te lo hubiera conseguido en mejores condiciones'. Claro, yo estuve apartado cuatro años del negocio de la droguería que teníamos aquí abajo y tenía que dejar el negocio a mi mujer Isabel. Al principio no daba dinero. Estuvimos seis meses sin cobrar ninguno. Y eso se venía abajo, no me compensaba. Hasta que lo levanté con mucho trabajo.

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