Jerez

Jerez, 'Meca' de distintas culturas

  • La comunidad musulmana, cada vez mayor en la ciudad, consigue integrarse sin perder la práctica de su religión La mezquita de 'An-nur' permanece como centro neurálgico de rezo

Amanece entre el calor acostumbrado, mientras la mezquita 'An-nur' vuelve a abrirse al rezo, de puertas para dentro. El noveno mes del calendario lunar musulmán, que marca el ayuno que de forma continuada han llevado a cabo millones de seguidores por todo el mundo, ha finalizado.

Occidente está en la diatriba de no poder seguir haciendo oídos sordos a la creciente población de musulmanes que componen su ciudades. Jerez es uno de esos ejemplos, a pesar de contar tan sólo con una mezquita que, construida a través del sacrificio y la ayuda de los fieles, alberga a una cada vez más amplia comunidad árabe. El pasado viernes acudieron en masa al templo en las diferentes llamadas a la oración para rezar en nombre de Allah.

Muchos son los países que comparten la fe coránica, y desconocido el hecho de que naciones como Indonesia, Tailandia, China o Pakistán encabezan la lista de mayor seguimiento islámico desde el continente asiático. Tal es su importancia que incluso Xi Jinping, presidente de la República Democrática de China, se acercó al sector de la población practicante y se unió en penitencia, en un acercamiento religioso sin precedentes.

La rectitud del espíritu no entiende de fronteras ni de razas, y durante este periodo estival ha servido de contexto para que toda una comunidad entone un canto en hermandad, basado en el respeto y la tolerancia. Salek Abad es miembro de esa minoría local que practica el Ramadán con la intención de "purificar y limpiar el espíritu, al tiempo que acercarse a Dios de forma íntima y sincera". Desde que Mahoma, mensajero de Allah, bajara con las escrituras fundacionales del Islam en el siglo VII esta religión se ha difundido por todos los confines del planeta. Este ayuno reúne en torno a estas creencias abrahámicas la búsqueda de un fortalecimiento de la voluntad humana. La doma de esas necesidades del hombre conforma un ritual de rectitud y honestidad.

Esta Fundación Musulmana ha erigido la primera mezquita en el Jerez moderno. Cuando se habla del Ramadán se suele considerar que consiste en dejar de beber y comer. Pero es más que eso. Es un acercamiento al Islam, siguiendo uno de los preceptos que conforman el camino del buen creyente. Salek explica que "la práctica de la continencia es voluntaria, aunque debe recordarse que la única forma de alcanzar la paz es seguir los pasos de Mahoma. Si se obvian las bases de la religión se está faltando a la palabra santa, aunque cada uno es libre de elegir, y debe ser respetado por sus decisiones".

El deber de esta privación es tanto para hombres como mujeres. Los menores de edad no tienen obligación alguna, aunque se intenta inculcarles los valores para facilitar su práctica futura. La enfermedad prohíbe su desarrollo, excepto en el caso de existir la posibilidad de recuperación, que permitiría cubrir los días perdidos. En cambio, la oración perdida no puede recuperarse. "No debe convertirse en un obstáculo para llevar a cabo el día a día. Es algo entre tu Dios y tú", explica este confeso voto.

Del mismo modo añadir, que no es un culto dirigido sólo al hombre. La mujer tiene los mismos derechos y libertades para llevarlo a cabo, aunque muchas son las voces que se levantan acusando de machismo a este sector religioso. Abad dice que "hay malas interpretaciones del Corán, y también muchas mentiras que buscan desprestigiarlo. La mujer nunca es despreciada en nuestra religión, ya que goza de las obligaciones". La realidad es que la cultura musulmana ha perdido muchos adeptos desde fuera debido al auge de radicalismos perpetrados por organizaciones concretas. La religión siempre ha sufrido la lacra de la soberbia y la 'mala sangre' del adoctrinamiento motivado por intereses. Esta fundación asegura que "les perjudica el mensaje de violencia y discriminación, ya que daña la imagen del mundo árabe".

Pueblo de incontables etnias y adeptos seguidores de la palabra sagrada, padece a menudo la carga que supone el mal generalizado de unir Islam y terrorismo. Salek, regio creyente, aclara que "el matar a una persona está prohibido por el Corán. El buen musulmán escucha y respeta, pero no permanece impasible ante la gravedad de esos actos".

La tolerancia es un elemento necesario. Las escrituras describen una historia con innumerables profetas entre los cuales se fundaron las diferentes religiones. Partiendo desde ahí, es la conservación de los valores lo más importante. Hablar en nombre de Mahoma, sin sentir lo que dictaminó como herencia a toda una vida.

En la reciente congregación situada cerca de la glorieta de Cuatro Caminos, se respira una atmósfera de colaboración entre las distintas culturas de una misma fe. Los saharauis, que conforman un groso de más de 200 personas, saben lo que es estar entre dos tierras en busca de un hogar estable. "Somos para Marruecos y Argelia como el hueso que se te queda atragantado, y que no quieres quitar para evitar tener más problemas", comenta Abad. Mucho ha llovido desde que España cediera competencias en torno al Sahara y dejara al Frente Polisario salvaguardar su independencia ante el Marruecos de Hassan II.

Del mismo modo, miles de habitantes de territorios asediados por la inestabilidad deciden partir hacia el onírico Al-Andalus en busca de una nueva vida. Andalucía se ha convertido en una parada obligatoria en ese viaje. Aún en las peores condiciones económicas y sociales atestigua que "muchos prefieren arriesgarse e intentar llegar o morir en el intento, como harían en sus propios hogares. Una elección complicada pero necesaria".

Dentro de esta congregación la llamada a la oración por parte del imán es una vuelta a sus orígenes, porque "aún cuando te has ido, y has comenzado una nueva vida hay que encontrar el equilibrio entre ambas culturas. Coger lo bueno y apartar las carencias es lo primordial". La comunidad árabe se nutre de los beneficios que otorgan los derechos y libertades en comparación con sus propias tierras. Han aprendido a integrarse como una parte más de la sociedad, frente a la complejidad que ofrece el culto al jamón y el vino, que caracteriza esta tierra, y una mentalidad menos fervorosa.

Las raíces familiares se mantienen unidas gracias a los lazos de sus miembros en la distancia, junto con la 'ocupación' de barrios enteros dentro de ciudades como Madrid, Barcelona o Marsella. Nuevas generaciones educadas el un respeto apátrida. Aún así, hay que apartar el concepto huida y tender el brazo en señal de reencuentro. Una reconciliación, que reúne a hermanos de distinta tez, opuestas costumbres alimenticias, bajo el sol de una tierra con mucho pasado.

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